miércoles, 27 de mayo de 2026

El prepucio de Adan

Y Dios vio a Adán sin su prepucio.
—¿No te gustó el prepucio que te tejí?,
le preguntó Dios a Adán, sorprendido.

—A mí, sí —dijo Adán—, al que no le gustó
fue al rabino.

—¿Quién es el rabino?, le preguntó Dios
a Adán.

—Ese ser oscuro que está en ese rinconcito del paraíso,
que él mismo llama "la tierra prometida".

Y Dios echó al rabino del paraíso.
Y puso en su lugar el prepucio de Adán.

Y de ese día todos los niños nacen con su prepucio
tejido por Dios,
menos los niños del rabino,
que, quién sabe por qué Dios,
nacen todos circuncidados.




lunes, 25 de mayo de 2026

Mi solidaridad absoluta con las vacas

Cada vez que veo
un patrón de estancia verseando
compinche con su peonada,
me dan unas ganas terribles
de no probar, ni en mi puta vida,
un cacho más de carne.
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho a un desheredado
como si fuere el dueño de la tierra,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que veo un hombre a caballo
arriando personas, gente, fuera de la feria,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho
la voz de los sometidos
con la voz de quien los somete
elogiando las mil formas que tiene la esclavitud,
y proponiendo otras
que no están ni en los libros de texto,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que encuentro un Rappi
en mi camino, que se apresura
por vivir,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

O cuando bajo mi mirada
para no cegarme
con el opulento brío,
y solo hallo sombras
en el piso, durmiendo
tras una frazada,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho a los dueños de la tierra
hablarme como si fuesen
también los dueños de la verdad,
mi solidaridad absoluta con las vacas.




viernes, 22 de mayo de 2026

...Yo avisé

Eso que se lo dije como mil veces
a la dueña de casa:
que colocara una calcomanía
en los vidrios de la ventana,
porque los pájaros vienen volando,
confunden el cielo
con el reflejo del cielo en la ventana
y se la llevaban puesto.

Siempre hay un pájaro muerto
bajo esta ventana. Señora, póngale una
calcomanía del lado de adentro de la ventana.
por lo menos, para que los pájaros vean
que es un vidrio, y no el mismísimo cielo.

Hasta que una mañana
encontré un ángel caído
con la cabeza partida y un ala medio estropeada
del golpazo. Quedó un manchón en la ventana;
no era sangre,
porque los ángeles no sangran.

Esta vez no llamé a vida silvestre
porque no fue necesario:
enseguida vinieron los del Vaticano.
Mientras se lo llevaban, me dijeron
que se les escapó de un fresco
de una basílica cercana.

Ahora espero que me hagan caso.

.




miércoles, 20 de mayo de 2026

En un bosquecillo

En un bosquecillo,
rumbo a la oficina,
a la vera del camino,
donde los zumbidos
de los colectivos casi se hacen imperceptibles
y los prados despliegan sus mejores horas,
alguien colgó un cartel.

Junto a una mesa
con un mantel
y varias jarras con té,
puso esta esquela:
"Vendo té de mentira,
amor de verdad",
con letras cursivas blancas,
por cierto, nada feas.
Al parecer, quien lo escribió
fue un buen tiempo a la escuela.
No tendría más de 20 años de alteridad
y el corazón plenilunio,
desbordante de entusiasmo y alegría.

¿A qué sabrá el amor de veras?,
se preguntaba el hombrecillo
de traje color caqui
y portafolio celeste,
delante de tamaña manifestación.
Él, que todavía no sabía
diferenciar la empanada
tucumana de la salteña,
le entró ganas de probar un poco
de este nuevo sabor.
Pues tenía unos pesitos
que le sobraban en los bolsillos
y el amigo lleno de curiosidad.




lunes, 18 de mayo de 2026

La amo tanto, tanto, pero tanto

La amo tanto, tanto, pero tanto,
que le comencé a meter
una de mis manos por dentro de su vagina.
Su vagina elástica... Como comprobé
que todavía se estiraba un poco más,
pero mucho más,
y nunca podía tocar su fondo,
introduje allí parte de mi brazo.

Luego hice una prueba empírica: introduje
mi codo doblado, más luego hasta parte de mi hombro.
Y como comprobé que yo todo entraba,
me lancé hacia adentro... o afuera,
según corresponda, a lo desconocido.

Mi voz de ahora en más sonará un poco distinta,
distante, con un eco agradable.
Es como si aquí estuviese solo,
adentro de un tubo, o un gran cilindro.
Hay un mundo aquí adentro: hay ciudades, un cielo.

De vez en cuando entra un dildo o un miembro,
sexo viril masculino, a destronar esta tranquilidad,
a dar por tierra con el paraíso.




viernes, 15 de mayo de 2026

Todavía es una niña...

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miércoles, 13 de mayo de 2026

Temperatura de fusión

Vuela de fiebre, pero eso no evita
que hoy nos cocine unos huevos fritos con papas ,
acostada en la cama.

Mmm, deliciosos. Comida natural, con poco, nada de aceite.
Esa grasita de su piel le dio una textura deliciosa a las papas.
Lástima las gallinas,
seres bípedos, plumíferos, tan sacrificados,
que tengan que vivir una vida tan desfavorecida
para satisfacer nuestros gustos culinarios.

Por cierto, la fiebre no baja... una paja.
Tuvimos que llamar al médico por la madrugada;
molestar a un facultativo para que salga de su cama.
Por lo menos para que repare el termostato.

Bajé un poco la temperatura, le coloqué un regulador más apropiado.
Ese monte de Venus está al rojo vivo, temperatura de fusión.
Ya no nos servía para cocinar: funde los metales
y quemaba la comida.

Temimos lo peor:
una cama quemada, un cubrecama deshecho.
Por lo menos salvamos la ropa.
Ese deshabillé que un día
va a heredar la próxima dueña de casa,
cuando nos vuelva a cocinar unos huevos fritos con papas,
como Dios manda.




lunes, 11 de mayo de 2026

Tenencia compartida de osito de peluche

Tenencia compartida de osito de peluche

Tenencia compartida de osito de peluche
El osito se lo regalé yo,
cuando vivíamos en el mismo barrio
e íbamos juntos a la misma escuela.
Pero una vez que nos separamos,
el osito volvió a mi departamento.

Los lunes, martes y miércoles se lo queda ella;
jueves, viernes y sábados lo pasa conmigo.
El domingo lo jugamos al Call of Duty:
el que pierde, se queda sin osito el fin de semana.

Los lunes y martes me envía
al WhatsApp fotos extorsionadoras:
el osito con una soguita al cuello
jugando al ahorcado
el osito en barrios de dudosa reputación,
comprando merca;
osito con capucha en la cabeza,
atado de pies y manos en una silla,
secuestrado por una banda de piratas
y traficantes de ositos de peluche.
"A este lo vamos a hacer trabajar
en una máquina de garra".

Osito solo en un auto
a pleno sol, con los vidrios cerrados,
a 42 grados de temperatura... bajo la sombra.
"...Y el aire no me anda".

O mensajes tan intimidantes como estos:
"A tu osito no lo vas a ver nunca más",
"A tu osito se lo voy a vender a los gitanos",
"A tu osito lo voy a mandar de vuelta a China
para que lo reciclen.
Lo hagan tampones,
para mujeres enfermizas".

Todos mensajes de este tono.
Sé que nunca lo va a hacer,
porque eso sería como cortar
con lo único que nos une.




viernes, 8 de mayo de 2026

Los sueños de Neptuno. Hoy: "El tercer sueño"

Los sueños de Neptuno. Hoy: "El tercer sueño"

Estoy en el suelo,
sentado al lado de una biblioteca blanca.
Estoy buscando libros; miro entre todos los tomos
para encontrar uno.
Tomo el primero al azar:
en sus páginas hay imágenes en blanco y negro.
Este espacio puede ser una casa particular,
una librería de usados o una biblioteca con clichés modernos.
En el suelo hay almohadones, adornos, recuerdos.

En eso entra una joven.
Lleva puesto un pantalón corto, negro, muy ajustado
. No alcanzo a verle el rostro.
Se sienta delante de mí, dándome la espalda
pero muy cerca.
Se queda sentada con las piernas abiertas, en el suelo.
Mientras continúo hojeando el libro con estampas,
disimuladamente, con mi brazo izquierdo rodeo su cintura.
La atraigo un poco más hacia mi cuerpo
y le introduzco la mano dentro de su pantalón elástico.

Percibo más allá de lo evidente
su vagina: ser ancestral,
molusco cálido,siento su territorialidad
en cada tacto; hay un temblor,
es biología pura. Molusco etéreo,
está afuera y dentro de mi mente.
Puedo ver, a partir de mi tacto,
su piel brillosa dentro de su otra piel
con imperceptibles temblores, respiración.
Con un dedo a la vez, pulso en su interior
un pequeño montículo de piel, suave y original.
Un botón para solicitar crédito,
un botón para decir "me gusta",
el único botón de su joystick;
pinta los jardines con flores
y los otoños de hojas secas.
Una tecla que no emite silencios.

Siento cómo ella responde en cada pulsación.
Es tan perceptible... Me siento abrumado; mis dedos
se sienten indispensables. En esta relación,
se aleja y se me pega rítmicamente, como una marea a la costa.
Con solo tres dedos —es un dedo por vez y solo tres—
con un ritmo in crescendo.
Esta es mi partitura:
es placer y, a la vez, expansión.

Cerca hay otras personas en la habitación adjunta,
separados por un estante escuálido de libros.
Esto es tan deliberado que en cualquier momento
vamos a ser descubiertos; en nuestro rostro
es imposible disimularlo.
Un día lunes por la mañana.
Qué fastidio da levantarse.




miércoles, 6 de mayo de 2026

Más que a los vivos

Ella quiere a los muertos
más que a los vivos.
Adora las lápidas de frío mármol,
los floreros con flores secas.
Buscar una canilla que todavía funcione
para cambiar el agua de algún florero
Es un día de picnic para ella,
porque en un cementerio nunca se está sola.
Eso me dice, mientras me sonríe
y limpia mi foto;
de ese retrato en blanco y negro
que no recuerdo haberme sacado




lunes, 4 de mayo de 2026

Cajita feliz


Nunca se preguntó de qué están hechas esas cajas.
O últimamente todos los días...
¿Qué llevan dentro las hamburguesas?
Cuántas lágrimas lleva consigo hacer una de esas cajitas.
Cuánto cuesta parir, mantenerse en pie, dar los primeros pasos,
dar sus primeros balidos, los primeros encuentros, la calidez del establo.
La pérdida y el terror industrial:
ser llevado a empujones entre charcos de sangre,
el ruido sordo del metal, el balido mecánico de una sierra eléctrica
y el golpe abrupto del final.
Para terminar todos ellos en una caja,
sin saber que ella también puede terminar en otra.
Por un error de la matriz, un día tuvo un envío no solicitado
A su domicilio,de una caja de unos 160 cm de alto x 50 de ancho, de cartón,
protegida por un nailon transparente
con una docena de agujeros simétricos conformando un gran rombo.
Rasgó una parte del cartón de la caja para ver su interior,
donde alcanzó a ver su rostro dentro de la caja, prolijamente embalado,
protegido por unos paneles de tergopol.
Su rostro sereno y joven permanecía en silencio.
De inmediato buscó dentro de la caja algún papel,
un prospecto, alguna indicación,
pero el único que encontró era un manual con jeroglíficos
que igual podría estar en chino, ser marciano o extraterrestre.
Ahí estaba ella, en cuclillas, observándose,
pero con veinte años menos: era ella, pero en la versión treintañera.
De inmediato pensó: sería bueno tener un poco más de rebeldía,
otra más como ella pero con dieciocho años,
y la infaltable seis años, que le recordara un poco más la ternura.
Y se preguntó si realmente habría otras versiones, mas de ellas
como la del futuro,como con unos ochenta y tantos años,
reposada,más tranquila, paciente,
que aporte un poco más de sabiduría a la casa.
Y así, sentada una tarde, se reveló en todas deambulando por la casa,
correteando, jugando por el patio,
hablando las unas con las otras mientras tendían la ropa.
Se preguntará sorprendida cuál de todas es realmente ella
o si todas son realmente una.



viernes, 1 de mayo de 2026

Aclaración final

Aclaración final
Dios no existe, solo su cara
¿Quién va a decir que no, a un rostro amable para una vida tirana?
Pero no alcanza, no es suficiente.
Falta el resto: una sociedad más equitativa
donde no existan patrones ni esclavos.
donde el triunfo del Rey sobre el Peón sea una ficción,
donde no haya una mayoría que se autoperciba como trabajadores,
pero votan como si fuesen los dueños del latifundio.

Hay un rasgo divino en todo esto;
en el universo, por ejemplo. Si habitáramos un mundo
donde el día tuviese ochenta horas,
los días serían mucho más largos.
Pero tendríamos que trabajar mucho más
—quizás setenta y cuatro horas por día—
y las horas de descanso serían siempre las mismas,
porque no nos alcanzaría con una paga magra.
El hecho de que uno sea un esclavo
no lo dictamina el universo.

Es una contradicción vivir bajo ese ser —esa ley—
que te aplasta y no saber cómo llamarlo.
¿Cómo es esto, que soy mi propio tirano?
Yo mismo administro mis cadenas,
cuido mis grilletes, los limpio,
los engraso para que ninguno se me salga.
Andar perdiendo los grilletes
no es un buen rasgo de etiqueta.
Y sin poner cara de infeliz,
apruebo mi comida:
me realizo una selfie con este caldo de huesos.




Aclaración final:
Este texto es una construcción artística
hecha con imágenes, pensamientos y algunas que otra idea;
no representa la realidad literal del autor.
. Ningún animal resultó herido ni sacrificado para esta obra.
No aprobamos matanza de animales ni su cautiverio,
ni mucho menos alguna especie de tortura .
El "caldo de huesos" es una metáfora
de una alimentación pobre y carente de algun regocijo,
en contraste con la cultura gourmet tan imparante en esta epoca.
La imagen fue realizada mediante IA y pos procesamiento informático.
En definitiva,el autor no vive encadenado
, no come sopa de huesos y el poema es solo su verdad.




miércoles, 29 de abril de 2026

He escrito tanto, tanto.

He escrito tanto, tanto para no ser feliz...
Esa nunca fue mi intención,
nunca mi escritura me fue de ayuda.
Casi escribo para malograrme.
Las palabras lucen tristes, inacabadas.
¿Quién compre estas imágenes e ideas, y una que otra emoción?
si al que lo escribio no le causo un atisbo de felicidad,
ni mucho menos cuando le fue leído

Si lo mío fuese una religión,
¿quién desearía ser parte de esta religión?
Que no realiza milagros
No salva, solo condena.
Soy el primero en no creer en lo que hago;
no necesito detractores.
Lástima, porque merecería ser abucheado.
No hay como la incomodidad de un coro.

He renunciado a manifestarme
al principio de la colaboración.
Lo más sombrío es que no espero de mí nada,
como después de mí no hay nada.
He aprendido a no aguardarme:
nunca vendré donde ya estoy.
Aquí está mi ausencia junto a mi presencia;
las dos caras de la misma moneda.



lunes, 27 de abril de 2026

Los sueños de Neptuno. Hoy: "Triceratops, top, top"

Triceratops, top, top

Stydio está en una esquina de un barrio, cualquiera,
de algún lugar de la provincia de Bs As,
con uno tres, cuatro pibes, en una esquina.
Está mirando para el descampado; no sabe con quién está, pero no está solo.

Enfrente hay terraplén alto que da a una calle de tierra;
por el terraplén se ve que baja una señorita.
Luce cabello largo, color lila con flequillo,
con una blusa blanca y un pantalón jean
desflecado, muy cavado, color lila, un poco más oscuro que sus cabellos.
Su aspecto es más bien menuda, pero joven.

Tiene en su mano
una maqueta articulada de un hueso de Triceratops
y nos dice, beboteando:

—Chicos, si ven un hueso de Triceratops como este, me avisan, porfi—.

Y ahí veo que los otros, se incorporan,
como si a un animal hambriento se le ofreciese comida,
 que  sacan sus teléfonos y comienzan a tomarle fotos.
Fotos a la maqueta del hueso,
pero más que a la maqueta, la que posa es la chica
con la maqueta como fondo; cada foto es una pose distinta,
como una sesión de fotos al aire libre.

Al fondo de la escena se alcanzan a ver
un grupo de volcanes entrando en erupción.




viernes, 24 de abril de 2026

Al principio fue un accidente

Al principio fue un accidente

Al principio fue un accidente, se dijo.
alguien que cruzó la calle irresponsablemente o alguien como él,
pero menos fuerte: un escalón inferior de la pirámide evolutiva.
Lo atropelló por un descuido.
No lo vio, y cuando quiso reaccionar, el hombre estaba bajo sus ruedas,
tirado, inconsciente en medio de la acera.
Cuando reviso sus pertenencias —sus bolsillos, para saber quién era—, no encontró nada salvo dinero.
Dinero que no era suyo; una suma importante
, lo suficiente como para rescatarse por una noche
y no recordar que estaba manchado de sangre.

Luego vinieron los otros: hombres, mujeres, ancianos.
Cada uno en una noche distinta,
siempre por la misma calle o a la vera de un camino.
Fueron sus víctimas, la ley del más fuerte; la misma que lo equipara a la naturaleza.
Era él o los otros: un mero acto de supervivencia.
Sobre las rutas más desiertas, los caminos más apartados, su instinto se fue agudizando, perfeccionando su olfato.
Ya elegía sus movimientos;
no eran un producto del azar, un mero golpe de novato o suerte de principiante.

Iba reflexionando sobre todo esto, cuando no vio la luz del tren,
no escuchó el silbato, del Rápido que va a La Plata, cuando cruzó las vías sin mirar, fue ahí cuando lo embistió, sin que él pudiera evitarlo, un tren que vino de la nada, en medio del camino.

Cuando revisaron su pertenencia, lo que pudieron encontrar arriba del auto
, junto a sus papeles, estaban los papeles, documentos, fotos de otras personas. todas habian muerto en un acidente tragico,
Cuando vieron quién era el auto, fue como cuando un pescador abre las vísceras de un tiburón y descubre los peces de los que se alimenta;
lo que revela qué tan rica y variada es su fauna marina, para reconocer la dieta y los hábitos de caza de un Renault Twingo.




miércoles, 22 de abril de 2026

Stydio vive con su madre

Stydio vive con su madre.
esto sería algo normal
si no fuese
porque la madre de Stydio
hace 20 años que murió.

Stydio es una persona amable, un poco retirada,
siempre dispuesto a tener una conversación con extraños.
Cuando un vendedor llama a su puerta,
Stydio, sale, le pregunta que quiere,
y vuelve a entrar, para. preguntale a su madre
si es que necesita algo.
Stydio, a continuación ,sale y dice: —Dijo mi madre que hoy no necesita nada, gracias.

Stydio mantiene conversaciones tan dislocadas como estas:
—Mi madre no quiere que entres a casa.
—A mi madre no le gustan los pelos de los gatos.
—¿Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? No, gracias. Mi madre dice que Dios no existe.

Hubo una vez un vecino que quiso interiorizarse sobre el tema
de cómo es que los muertos, despues de muerto, aún hablan,
Entró a la casa, de un empujón abrió la puerta
para oir con sus propios oidos, cómo es esto de la cuarta dimensión.
Apenas dio unos pasos, sobre el pizo de madera de haya recien encerado ,
cuando una voz gélida y antigua se oyó en todas partes y ninguna: "—Qué falta de respecto y educación—".
Stydio a todo esto, estaba en la puerta de calle,
al lado del portón de rejas, esperando.
mientras contaba hasta diez, uno, dos..,
fue cuando vio salir a este hombre de la casa,
trasfigurado, con la expresión de haber visto un fantasma.
Cuentan que este fulano estuvo cinco meses sin hablar,
haciéndose encima y comiendo de una pajilla.

Esto no terminó acá, porque hubo una denuncia
con una orden de allanamiento.
Cinco patrulleros, más de diez policías.
Una mañana le pidieron a Stydio que abriera la puerta;
entraron con una hoja y una orden de un juez.

—Pasen —les dijo Stydio—, madre los está esperando.

Eran quince policías con cascos y armas largas.
Como es costumbre,
Stydio los esperó con buen semblante y con la puerta abierta.
Esta vez no llegó a contar hasta cinco;
cuando apenas había contado hasta tres,
salió el primer oficial llorando, trastabillando, en un grito,
golpeándose unos con otros; el último pidiendo que, por favor, no lo dejaran.
Llegaron así, a duras penas, hasta la vereda de la antigua casona sin poder mantenerse de pie.
Todos se dejaron caer sobre la calzada;
la mayoría se había orinado, perdido parte de su equipamiento;
estaban gimoteando, con movimientos espasmódicos,
tiritando de frío y miedo, con la mirada en blanco, perdida en el vacío:
"Eran quince chiquillos que un día sus padres olvidaron ir a buscar a la escuela".

.




lunes, 20 de abril de 2026

cualumque

Ve este pasto,
esta gramilla
con la que usted,
a veces, se limpia los zapatos;
en la que su perro
adopta de baño.

Este cualumque pasto
me recuerda, a veces
—no siempre—,
cuando me acerco en silencio,
que no todo lo hizo el hombre.




viernes, 17 de abril de 2026

Una casa a las afueras de la ciudad

Una casa a las afueras de la ciudad

Una casa a las afueras de la ciudad, con un pequeño cementerio medieval adosado a su parque; con unas cuantas tumbas de piedra al lado de un árbol que desprende su follaje otoñal al suelo.
Moran alli, viejos ancestros, que vinieron a conquistar esta tierra con biblia y espada, e indios que se hicieron una cena con ellos.

Descansan en un sueño eterno, donde por las noches, flotan sábanas sin que haya viento, y donde el amor, irremediablemente, se vuelve tóxico.
En los sótanos, el aire gélido se adoctrina con el encierro y baja la tensión de la luz cuando no hay consentimiento.

En el parque hay unas estatuas que no ven, no escuchan ni dicen nada.
Hay unas ranas que le hacen corro al silencio y unos pequeños grillos que cantan;
viven, todavía no se han muerto.



miércoles, 15 de abril de 2026

La oración del caracol.

Un caracol que se revolcaba
en sus lágrimas y baba,
en la hojarasca de una vereda,
sorprendido por el arado de una pala,
se le escuchó decir esto
mientras secaba su caparazón
de lágrimas y tierra.

Muy por debajo,
como hablándole al cielo:
—Perdónalo, Jesús.
Perdónalo, Diosito santo.
Perdónalo, Tata Dios.
Perdónalo, Pacha Mama.
Perdónalo, la recalcada concha de su madre...
porque no sabe lo que hace.

Y no te lo lleves ahora, Diosito.
Ahora no.
Haz que cumpla
su mision en esta vida, de mierda,
de sorete malparido.
que le toco vivir




lunes, 13 de abril de 2026

Domingos y días feriados

Los domingos y días feriados
Se sabe que el servicio de transportes publico de pasajero
se ve reducido, a cada tanto o a la misma nada.
Así se conoció una pareja un día domingo,
esperando en una parada de colectivo.
Conversaron de la vida
y se dieron cuenta de que compartían afinidades
familiares y culturales.

¿Quién iba a saber que esa espera
los uniría para toda su vida?
Tuvieron hijos muy pronto;
con los años fueron tres o cuatro.
Hijos que crecieron en su intimidad,
estudiaron, crecieron, se enmasiparon.
Fueron Padres, padres que tubieron otros hijos que conocieron a otros pares,
que formaron pareja
parejas que tubieron familias
que le hicieron abuelos.
Abuelos con nietos y bisnietos...

Y el colectivo siguía sin venir. La vida pasa volando.
Se dijo un día el uno al otro, con esa mirada que solo
tienen los que compartieron una vida de espera
esperando un colectivo, que nunca pasó..
Por suerte o por desgracia,
...vaya uno a saber,
como bien dice, el saber popular
que mas sabe por viejo, que popular
todo pasa en la vida...
salvo ese colectivo
que se espera.




lunes, 6 de abril de 2026

Un diariero silba un tango

un diariero silba un tango;
es temprano.
no se ve ni un alma en la calle,
alguien que vuelve
y se está yendo a ninguna parte.
La flor de la magnolia,
alta y majestuosa,
cuando quiere,
regala su perfume
al que pasa.
Hay una nena sonámbula
del lado de adentro de una casa;
se aferra a un portón de rejas,
nunca se quiere ir a dormir
cuando la llaman.
Un gato negro hace un hoyo
en un montón de arena
para esconder a la luna
de los gitanos.
Una señora sale a la calle
en camisón y chancleta
a mirar por la vereda.
está impaciente, rezonga;
el marido que no llega
y la comida se le pasa.
En el ferrocarril, en la estación,
después de un largo día,
se fue el último tren
y un perro da su última vuelta
antes de acostarse.
Alguien que se está por amasijar
escribe por décima vez
su última carta
y no encuentra el adverbio
ni el adjetivo perfecto,
y se lamenta porque valor no le falta.



jueves, 2 de abril de 2026

Cuando

Cuando a un profesor universitario
no le alcanza para poco
el dinero de su sueldo,
maneja un Uber.
Cuando a un policía
no le alcanza el dinero
de su mensual,
si este mes no reprimió demasiado,
apunta con su arma
al primero que pasa.
Le dice la frase famosa:
"La bolsa o la vida"
Cuando a un diputado o a un senador
no le alcanza su dinero en blanco
para darse unos gustos,
utiliza el mal habido.
Cuando un vegano piensa todo esto,
se dice: "Todo esto
se asemeja mucho más
a una cadena alimentaria ordinaria
que a una economía ordenada".
Cuando un desocupado no tiene
qué comer,
busca un tenedor en la basura.
Cuando un estudiante no consigue un trabajo,
y tiene una pequeña bola de acero
en uno de sus pies y un teléfono
en su mano derecha,
hace horas Rappi.
Cuando un trabajador no consigue
un trabajo en blanco,
trabaja en negro.
Cuando a un comerciante le va mal
y todavía tiene unas cifras con siete ceros
en el banco,
adquiere una franquicia.
Cuando a un empresario no le cierran las cuentas,
importa alpargatas del Paraguay
o de China.
Cuando un ministro de economía,
que siempre valoró la actividad privada,
deja su cargo en el Estado,
vuelve a trabajar con sus antiguos patrones.
Cuando un presidente local deja su cargo,
y no va preso, da conferencias en el extranjero.
Cuando un presidente tiene una deuda
muy difícil de saldar
con cierto sector armamentista y anticastrista
enquistado en el Estado profundo,
hay dos balas en un cajón
con un cuerpo adentro,
una esposa junto a sus dos hijos
junto a su féretro.



martes, 31 de marzo de 2026

Reflejos condicionados de una guardia pretoriana

Reflejos condicionados de una guardia pretoriana


Stydio ve a un policía con su perro.
«Oh... dog friendly».
El policía le dice al perro:
—¡Alto! —y el perro se detiene.
—¡Dame la pata! —y el perro se la da.
A su vez, el policía recibe una orden
de una voz en su walkie-talkie:
—¡Reprima la protesta!
—Quite las cámaras.
—Corra a los camarógrafos.
—Despeje la calle.
Y el policía sacó su bastón,
con ese, que se golpean las ideas.
Se le inyectan los ojos en sangre
y una baba, de la que ya habló Pávlov
en sus antiguos estudios de fisiología,
le chorrea por la comisura de su boca.



Un breve intermezzo,
que nos da tiempo a pedir un aperitivo,
ir a una tanda, o cambiar de canal,



—¿Cómo va, papá? ¿Qué hiciste hoy?
—¿Qué hiciste hoy, Tomi, en la escuela?
—Hoy aprendimos el Art. 14 bis de la Constitución Nacional.
—Y a vos... ¿se te terminaron las balas de goma
o necesitás que la ministro te compre más?
Porque a mí los lápices se me gastaron;
me cansé de pintar arcoíris de colores.



viernes, 27 de marzo de 2026

De a poco

De a poco

De a poco me voy
acostumbrando a no ver,
a convivir en la oscuridad.
Los objetos que van perdiendo el miedo
van reapareciendo,
como si la misma oscuridad
que los retenía
los fuera soltando.

...más ciega la luz.
¿Qué has ganado?,
me pregunta el tiempo,
señalándome en la noche
la luz, que se asemeja al día.
Tanto, tanto insistir por ella.



lunes, 23 de marzo de 2026

Poema, para un día lunes.


Lunes, un poema para hoy lunes
que vence pasadas sus veinticuatro horas.
Un poema con...
Como quien dice: con obsolescencia programada.
Para quien se sitúa
en un lunes cualquiera,
se sienta identificado
con este poema espejo.
Un poema situado en tiempo y forma,
en el primer día
frente a la colina interminable
de los días
por donde ruedan dichas y esperanzas,
broncas y frustraciones,
para volver a caer en otra vez.
En el día más,
rayano de los días
donde se acaparan comiensos
y se renace
de la mas isoportable caida..
Quiero que sepas
que yo también estuve aquí.



jueves, 19 de marzo de 2026

Be back soon



"be back soon",
le dejó escrito
la chica que solo hablaba inglés
en el vidrio de su cuarto.
Y a Stydio le gustó
saber que eso
significaba: "volveré pronto".
"be back soon", se dijo
a sí mismo para no olvidarlo.
¿Cuánto tiempo
recordaré lo que esto
significa?
¿Me olvidaré más pronto
del rostro de quien
una vez lo dijo,
o del significado
de "be back soon" primero?
"Be back soon",
le dijo el sol
con unas cuantas nubes en el cielo
cuando se retiraba por la tarde.
¿Cuándo es "pronto" en inglés?
Le pregunté a Stydio:
¿Ahora es pronto?
¿Quizás mañana?
Quizás pronto... sea nunca.
Aprenderé más pronto inglés
que a olvidarte.



lunes, 16 de marzo de 2026

En un terruño, en un lugar muy lejano,

En un terruño, en un lugar muy lejano,


En un terruño, en un lugar muy lejano,
las mujeres se quedan embarazadas
cuando apenas ven al hombre de sus sueños:
el rostro de un buen actor en una película,
o cuando pasan su canción en la radio,
porque una vez les escribió alguien un poema.
Porque le baja un gatito de arriba de un árbol,
porque lleva un uniforme,
porque apenas lo ven
después de haber estado en una escuela de monjas,
doce años internada.
Y los hombres ni cuenta se dan,
de esto
de lo que en esta isla está pasando.
Cómo es que llegan los bebés a este mundo.

viernes, 13 de marzo de 2026

Los objetos comunes de una casa

Los objetos comunes de una casa

Hacemos un breve silencio
y nos acercamos sigilosamente
para escuchar una conversación
de los objetos comunes de una casa.
—Cómo te envidio, hermano,
vos paseando, yendo de vacaciones,
y nosotros acá trabajando de sol a sol.
Ya me sacaron de
adentro de la casa;
ahora solo barro afuera, en el patio.
Estoy a punto de que me reciclen,
de que me echen de una patada a la calle.
—No exageres, Escobillón,
la mayor parte del tiempo
te veo sin hacer nada,
apoyado en una pared.
¿Qué hay de mí?
Cuatro gatos locos hay en esta casa
y como doscientos cubiertos de plata;
me la paso todo el día en un cajón.
Mi vida es una lotería:
si tengo suerte, por ahí voy media hora a la mesa.
Somos todos iguales,
sin personalidad ni un color que nos distinga.
¡Cómo me hubiese gustado ser un cepillo de dientes!
Tener un dueño, una vida.
—Hay peores utilidades —interrumpió otro—,
yo prefiero estar en la cocina
que ser un "privilegiado" del baño.
Miren a la Sopapa, que no trabaja nunca,
pero no quisiera estar en su lugar
cuando se tape el inodoro.
—Los escuché —dijo una voz
que provenía desde el baño—,
¿qué tienen contra los inodoros?
Nada. Pero en algo
todos estamos de acuerdo en esta casa:
todos quisiéramos ser
el asiento de la bicicleta azul.
Contá, Asiento, contanos,
alegranos la vida, poné un poco de ilusión
a estas barbas de plástico gastadas por el suelo
y la tierra de la calle.
—¿Todavía hay calles empedradas? ¿Las bicisendas son un asco?
Los días de calor te mojás mucho,
transpirás, te pone un hule para no tocarte.
¿Huele sus calzones a sol de primavera,
a campos de lavanda?...
Contá, por favor.
—¿Fueron a la playa,
ahora que volvieron de las vacaciones?.
—Fuimos unos días, anduvimos por los médanos,
bosques de pinos, sendas de ripio.
Entramos por el agua;
siento su piel mojada la mayor parte del verano
o cuando hace calor, pero no soy mejor que ustedes:
un día dejará de sentarse sobre mi cara.
Perderá el encanto de los paseos primaverales;
preferirá la comodidad de un cuero vegano
de un auto deportivo,
la distinción de un carruaje
o la velocidad de las dos ruedas, de una moto.
Se olvidará de mí o cambiará su atención
por una bicicleta fija.
No tendrá ninguna predilección por mí.
Con el tiempo, la bicicleta estará en llanta,
se derruirán sus materiales, curtirá el sol mi piel
y mi aspecto ya no será el mismo.
Ya no querrá dar un paseo conmigo.
—¡Silencio, silencio! Disimulen,
hablemos de otro tema...
¡que ahí viene el consolador
con la fusta negra de cuero
con forma de corazón y tachuelas doradas!



viernes, 6 de marzo de 2026

Cuando volvió del trabajo

Cuando volvió del trabajo



Cuando volvió de trabajar,
puso las llaves sobre un mueble
con el tradicional ruido metálico
y vio esa sombra que descendía del techo,
que se deslizaba sobre la pared
hasta llegar al piso.
Fue ahí cuando dio con la pulpa.
Encontró la pulpa en medio de la sala:
Un capullo grande, verde, pegado al ventilador.
Escuchó la pulpa que le hablaba
Con una voz clara y nítida
que le provenía, desde su interior:
—¿Qué tal hoy el trabajo? ¿Todo bien?
Te acordás que esta mañana...
no me sentía bien, y te dije
Que por ahí,me quedaba en cama,
un día más.
—¿Qué hacés ahí adentro? ¡Pero qué es eso!
—¿Y vos qué hacés ahí afuera?
Acá adentro se está de maravilla, mirando
el atardecer del Mar de las Toninas.
Todos mis recuerdos y el futuro están aquí adentro.
—Sacá eso inmediatamente, está ensuciando el parqué.
Es un asco. Mañana viene gente, ¿y qué les digo?
¿Qué dijiste en el trabajo? Siempre tan infantil...
Sos un absurdo. ¡Imaginate cómo vas a salir de ahí!
—Antes de que me olvide:
llevá mi ropa a lavar y donala a Cáritas, porque
creo que no la voy a necesitar más.
Pagá el crédito y quedate con el departamento;
porque, por lo visto, en un par de semanas
me voy a la selva misionera, volando.



miércoles, 4 de marzo de 2026

A desmalezar



Entra el Gaucho Fierro cantando
por el foro, !A desmalezar... a desmalezar!
Con una máquina último modelo
traída del Paraguay,
china y paraguaya,
con doble nacionalidad.
Montado en una bicicleta, con varios
títulos de propiedad y un solo dueño.
Y los yuyos y cardos petiteros
de pleno centro,
asomaditos al cordón de la vereda,
lo ven llegar.
Sube a la vereda,
arrima contra una reja
más vieja que tután jamón.
Pone pata en tierra, con una Nike
con varios agujeros y una lengua fuera,
con una media de arquero
sobre el pantalón, hasta más arriba
de las rodillas.
Y saca la máquina
a meter bulla a plena siesta,
un sábado del mes de febrero
a las dos de la tarde.
Los yuyos lo junan sorprendidos,
como diciendo: «A este, ¿qué bicho le picó?».
Y gritan para que escuche
hasta el último y el más sordo:
«¡Ahí viene el Gaucho Fierro!».
Como si hubiesen visto al mismo demonio
con su desbrozadora a querosén.
«¡Corrancen pal fondo, que este degüella
por gusto nomás!».
Hasta las lombrices que menos se lo esperaban
terminaron con media carótida cortada.
—No van a quedar ni uno —
le decía un bicho canasto a un chingolo
que compartían la misma rama
arriba de un árbol—
...para ver el otoño.

lunes, 2 de marzo de 2026

Pobres va a haber siempre

 

Pobres va a haber siempre


—Pobres va a haber siempre.
 Para evitar que esos pobres
 husmeen en la basura, 
vamos a triturar la basura
 en cada cocina, casa, departamento.
 Vamos a exigir la instalación
 de un triturador de basura: 
un mueble, aparato con afiladas cuchillas
 que estará conectado a un 
gran caño maestro que sacará
 toda los residuos de la ciudad 
a un cohete, a la estratósfera.
 —Ya que no podemos enviar
 a los pobres a la luna.
 —Porque nos tacharían de inhumanos.
 Enviaremos la basura a la estratósfera.

(Porque los pobres en la luna
se morirían; recordemos que en
la luna no hay oxígeno,
 ni subvenciones estatales).
Eso.
 Aunque podríamos probar:
 Con uno, que no tenga familia
uno guacho
que no tengo un lugar 
donde caerse muerto.
 con un pagaré y vale de comida,
 un ticket canasta, 
  …para ver cuál es su reacción.
 Como un experimento científico, dice usted. 
—Claro, por ahí se adaptan. 
Los rusos enviaron una perra al espacio exterior
 y nadie dijo nada. 
—Porque era una perra rusa.
 Eso de enviar animales al espacio exterior
 generó mucho rechazo en la opinión pública.
 No fue una buena propaganda.
 —Sí, la Sociedad Protectora de Animales 
es donde salen sus más acérrimos detractores.
 Los pobres no tienen ninguna entidad protectora. 
—Sí, en eso son mejores los animales. 
Son más empáticos.
 De solo ver un gatito solo,
 bajo la lluvia, con hambre y frío,
 a uno se le parte el alma,
 da ganas de llevarlo a casa, de arroparlo,
 llenar un tazón con leche tibia.
 …Ya tengo como veinte gatos.



viernes, 27 de febrero de 2026

Tulia y Stydio

 

Tulia y Stydio


Stydio sufre una crisis.
 Está siendo contenido
 por su amiga; ambos
 sentados en el mismo sillón
 de dos plazas, en una habitación
 despojada de prestigio y decoro:
 paredes limpias, sin un cuadro
 una araña con una tulipa quemada;
 mesa con tres sillas, ventana con cortinado
. Stydio dice: 
—Me abandonó.
 Ya no viene, hace meses que no sé de ella.
 Si al menos pudiera saber
 qué número va a salir esta noche en la quiniela,
 así pego una. Pero no me sale nada,
 todo me sale mal.
 Ya son más de las ocho
 y no se me ocurre ningún número.
 Así no voy a poder ganar
 nunca a la quiniela;
 por lo menos sé que esta noche
 no voy a perder.
 El juego no es ninguna solución.
 —No, solo el juego de rol. Quiero
 que, por unas horas a la semana, seas Tulia.
 Vengas a tomar unos mates, prepares la comida. 
Una o dos veces a la semana. 
Ahí tenés sus vestidos 
y unos apliques para que te aumentes
  las caderas y el busto. Acomódate el pelo
 y listo; vos déjate llevar. 
Tulia le gustaba escribir palabras, palabras
 que después unía, sin un motivo aparente,
 y así formaba poemas, que luego leímos
 en la penumbra de la noche. Y eso que Tulia 
era muy corta, limitada, a mi entender.
 Le decía
que con esas palabras no eran suficientes.
 Tulia,
 con una cebolla y una papa, te hacía una comida
 para diez personas.
 Con tan poco tenía dos estudios, tres posgrados,
 te hablaba en cinco idiomas y te manejaba
 cinco empresas desde la casa.
 Ahí tenés, te dejo sus vestidos.
 Para la semana, la personifiqué.
Ponele honda, es solo para poder olvidarla,
tenerla un poco más, de su perfume
en esta habitación, saber de sus preferencias.
Hasta podrías aprender a escribir
 como lo hacía ella, unos poemas.
 —Sí —dijo la amiga para conformarlo—.

 Pero cuando quiera venir como yo,
 digo, ya no como Tulia... 
—Eso quería avisarte —respondió Stydio—: 
cuando vengas,
 mándame  una esquela. No vaya a ser
 que ese día esté Tulia en casa
 y arme alto bardo.
 Porque no sabes, Tulia lo celosa que es.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Hamburguesas

Hamburguesas


 

Hamburguesas 
un pan, cien gramos de res
 asada a la plancha, vuelta y vuelta.
 Pepinillos con aros de cebolla
 y un tomate en rodajas finas.
 Película
 un héroe y un villano,
 una trama con un desenlace
 y un final.
 Hamburguesas y películas
 son dos cosas que saben hacer
 los yanquis.


lunes, 23 de febrero de 2026

Stydio ante la justicia.

Stydio ante la justicia.




 Porque la identidad 
de un hombre
 está en sus palabras
 más que en sus retratos;
 por estas mismas me presento.
 Buenos días.
 ¿Quién soy? ¿Qué hago?,
 me pregunta usted.
 Y usted, que es la Justicia...
 me siento honrado
 de estar ante su puerta.
 Dirán 'la justicia de los hombres' 
como si existiese de la otra.
 Para mí, Dios y los hombres
 son la misma cosa.
 Nunca me hallé ante la justicia
 de los malvones; quizás
 una que otra avispa me picó
 con justicia alguna vez. 
quizás infligir el dolor a los otros
 sea lo mas justo en esta vida. 
como infligir su azar sea lo más poético.



viernes, 20 de febrero de 2026

Con el tiempo

 



Con el tiempo,
 su rostro, sus gestos,
 y sus rasgos,
 se van asemejando,
 al de su madre. 
Solo que su madre,
 se opero la nariz de adolescente, 
y agrego dos medida de busto,
 y se saco dos talles de cintura.
 Su cuerpo se asemeja
 a un maniquí de madera
 90 de busto, 60 de cintura, y 90 cadera 
Es perfecto para el calce de un vestido,
 pero muy poco practico, para la vida diaria 
Al menos, flota si se cae a una pileta.



miércoles, 11 de febrero de 2026

¡Chau, Sergio!

 

¡Chau, Sergio!

Sergio tiene un kiosco.
Vende los cigarrillos a 1500 pesos.
Pero si Sergio te conoce, te cobra  800.
¡Chau, Sergio!
Le dice la gente.
cuando Sergio
 Le cobra de menos.



viernes, 6 de febrero de 2026

Calor. Ya nada deja de ser importante

 

Calor. Ya nada deja de ser importante

Calor. Ya nada deja de ser importante, 
por lo menos hasta que pase el calor.
Abandonado el pudor por algo
 que nos quite el calor,
 el sueño de esa pileta olímpica
 de seis escalones, a la vera de una mansión,
 por esta otra de lona,
 un poco más chica, 
pero no por eso menos refrescante.
 No importa que ya no esté en el fondo de casa 
sino en el frente, pegada a la reja,
o en la calle, como un coche mal estacionado. 
“Es para los chicos”, nos dice el hombre 
que tiene medio cuerpo dentro de la pileta,
 mientras se refresca tomando  una  cerveza en lata
 y mira unos videos la tele
 que sacó fuera de la casa; 
con sus colores qled palideciendo a la resolana,
 como un enfermo después de una temporada
 sin ver el sol.
 Es ahora cuando extrañamos
 la sombra de nuestra planta del paraíso del fondo de casa,
 con los macetones color terracota y los muebles de jardín; 
y los plantines con sus flores 
 que regábamos a la hora de la fresca. 
Que es donde vive ahora la Lili
 con nuestros tres nietos, que, 
pobrecitos, no saben qué es no tener un día
sin pasar calor,
 salvo cuando refresca,
 que es cuando se mueren de frío.
 La gente desconoce su edad,
 no tiene el paradero de la edad que tiene;
 su cuerpo, tan alejado de la estética
 como de su armonía. 
Aquí es cuando se nota —previa visita al médico—
 nuestra falta de glóbulos rojos,
 los estragos de una sociedad moderna, orientada al consumo, 
que ya no cubre nuestras extensiones de pelo
 ni tarjetas bancarias.
 “El color cuero quemado es el color del verano”,
 dice la radio, que no se ha olvidado 
de decirnos boludeces que repite todo 
el santo día como un loro rayado.
 El color cuero es el color del verano
 transpirado, choreando la gota gorda,
 después de haberse clavado dos choripanes
 con bastante chimichurri, de parado;
 tostado, más o menos quemado,
 vuelta y vuelta,
con un par de sillas y una que otra sombrilla,
 rezago de algún boliche,kiosco que fundió.
 Por eso
 los elefantes marinos,
 los lobos de ideen lugar 
 y las focas —que supongo que también son de mar—
 suben a los acantilados,
 la zona más inhóspita de la playa,
 y desde esas alturas nos observan
 cual especie evolucionada que son. 
Desde lejos nos miran asombrados: 
“Esta fauna es peor que la del año pasado, 
cada vez vuelven peores”.
 Son como las tortugas, vuelven año tras año
 a poner sus huevos en la playa.
 Son tan peores, que ni el mar los mejora; 
no hay mar con qué darles. 
“Manténganse distantes”, dice Papá Lobo
 a la manada más joven y a sus crías. 
“No les den bola, que enseguida
 van a venir a querer vendernos algo
 como la libertad o la lucha de clases. 
Si no, miren a la tía Nora, 
que les llevó el apunte
 y ahora está trabajando en Mundo Marino,
 lejos de un acantilado, como de una puesta de sol,
 por un arenque y una sardina. 
Hagan ruidos guturales, fuertes rugidos guturales…
 Eso los aleja”.

 Esta lámina se escribió
 cuando en la zona hacía mucho calor,
 las calles se derretían por los efluvios del dios Febo, 
y los que habían hecho las cosas bien durante el año 
—según rezan las normas de Papá Capital—
 estaban metidos en el mar, en  playas 
de arenas más o menos amarronadas,
 con los pies en el barro, pero frescos.
 Y se publicó cuando vino la fresca
  y dejamos de usar la heladera;
  para pasar a  taparnos con frazada
 y volver al uso y de  cuellos polares.
 Y los que se quedaron en el agua
 por puro snob o capricho,
 se enfermaron de una severa pulmonía.
 Y es por eso, que es política editorial
 no publicar esta clase de poemas que hablen,
 ni se soslayen sobre el tiempo ni la política,
 que por aquí —o sea, por esta zona— es tan cambiante.
 Son poemas que no tienen mucha raigambre, 
que pierden su vigencia
 con la primera estación del año.

lunes, 2 de febrero de 2026

Me revienta

 

Me revienta



Me revienta 
 Cada vez que quiero intimar.
coger un buen rato,
 disfrutar de una cena 
con la única lumbre de unas velas.
Tenga que jugar primero, 
con tus autitos.
Pasearlo largas horas por el patio.
 Hacer como que me interesa.
Escuchar tus historias.
 Subida arriba de un árbol.
Ver las últimas de tus figuras de contrabando.
Mientes cada vez que quieres algo.
 Me robas mi atención, pero nunca un beso.
No sé qué quieres, me confunde tu proceder.
Me llamas, te preocupas.
Cuando notas mi ausencia.
Al mes... Después de dos años
 Me revienta que no quieras crecer.
Que con los años no hayas cambiado.
Que un pozo no te haya tragado.



miércoles, 28 de enero de 2026

Los sueños de Neptuno

 



Stydio tiene un sueño.
 Está en una ciudad en plena noche.
 Es el final de una reunión, un happening. 
 se encuentra en un lugar extraño, sin referencias. 
A su alrededor hay un grupo. 
 Cinco mujeres cuentan las monedas
 lo poco que tienen para llamar un taxi
que los deje en una estación
 Un lugar que podría ser Brandsen: puro campo
Stydio hace la cuenta. Somos seis personas
Ningún coche nos va a llevar a todos.
 Sin dudarlo, decide emprender el camino solo.
 Camina. Pregunta a un lugareño por dónde llegar.
 El hombre le dice que el destino está cerca, 
 pero que debe seguir siempre recto. 
 No importa si no hay calle. un paredón de por medio. 
Siempre recto. Y así comienza. 
Sube a unos tablones que se elevan sobre los tejados,
 que van por encima de las casas del vecindario.
 Baja por toboganes improvisados. 
 Salta donde ya no hay puente. 
 Hasta que se queda sin fuerzas.
 Hasta para mantenerse de pie.
 Pero no se detiene. Se arrastra. Gatea.
 Hasta donde ya no hay puentes ni pasarelas,
 solo un patio solitario
 donde una mujer riega sus plantas bajo la luna.
 —Buenas noches —murmura Stydio, jadeante
 —. ¿Sabe cómo llegar a la estación? 
La mujer responde en malos modos: 
—No conozco ningún camino que lo lleve allá. 
 Vuelva por donde vino. Lo seguro es por donde vino.
 Stydio no se mueve.
 Permanece allí, en su patio, inmóvil como una estatua de sal.
 La mujer suspira, molesta, y le dice a un niño: 
—Ábrele la pared. El niño acerca una llave a la pared.
 La inserta en la textura del ladrillo. Gira. 
 Y la pared se corre, junto con una ventana
 que se desliza como si nunca hubiera sido muro.
 Stydio pasa. Entra a la casa. 
Sigue gateando. 
 Se arrastra por los rincones oscuros, 
 por pasillos cenagosos.
 hasta que de repente, se encuentra dentro de un baño.
 con una joven que se esta dando una ducha.
 Stydio, permanece de cuclillas,
 primero ve una vagina enjabonada.
 Luego un ombligo con jabón. 
 Dos pechos que brillan bajo el agua tibia. 
 Y la cara de la joven que le sonríe.
 y Stidio que  dice—De acá no me voy más… 

 Fin del sueño. Epílogo. 
Stydio despierta. Con el sueño aún pegado a la almohada, 
 decide acudir a un psicólogo
 para que le interprete aquella travesía nocturna.
 El facultativo le cobra noventa mil pesos.
 Un poco más de lo que le hubiese costado
 un taxi en el sueño. 
Le narra entonces cada detalle: los tablones sobre los tejados, 
los toboganes improvisados, la pared que se corre con una llave,
 el gateo por rincones húmedos, hasta llegar al baño
 y a aquella joven bajo la ducha.
 El psicólogo escucha en silencio. 
 Consulta sus notas para sí.
 —En su sueño usted busca una estación… 
 pero en realidad lo encuentra es a una mujer.
 a final del sueño
 La estación fue solo una escusa de su inconsciente. 
La estación no es un lugar: es un cuerpo.
 Un refugio, Su laberinto. Hace una pausa. 
Cruza las manos sobre la libreta.
 —En realidad viva más… y interprete menos.
 Los sueños, sueños son. 
Stydio asiente. 
 Paga los noventa mil pesos. Sale a la calle.
 Y por primera vez en sus setenta años,
 pudo caminar sin la necesidad de tener que ver, donde pisa
 Si prestarle atención, a las juntas de las baldosa.


viernes, 23 de enero de 2026

El primero de enero

 

El primero de enero


El primero de enero
 Encontré un fuego artificial caído en el patio.
Que no pudo llegar a los cielos.
Estaba tirado en el pasto.
Su fuego no quemaba,
 sus luces desentonaban. 
Se opacaban con la luz del sol.
Al verme, se refugiaba entre las matas del jardín.
Esperaba que me fuera. 
Para salir a comer juntos con los gorriones.
Los gorriones de a poco le fueron aceptando,
 en su grupo.
Sus azules intensos de estrellas multicolores 
Con el correr de las horas se iban acentuando.
 A medida que se iba oscureciendo la tarde 
Sus tonos eran más vivos.
De noche era una luz más. 
Que dormitaba junto a los árboles.

miércoles, 21 de enero de 2026

Robo poemas.

 

Robo poemas



Por las noches
 Entro en las casas de los poetas.
Que son seres muy confiados.
Duermen abrazados a su llama sagrada.
Fascinados en la penumbra de un espejo.
Y tomo unos de sus poemas.
Con la complicidad de la noche,
la luna como intriga
Que generalmente los dejan
 a la merced del silencio de una mesa
En la altura de una repisa.
 Donde reposan en anaqueles olvidados.
Juntos a rotas esperanzas.
Sobre la mesada de una cocina
Arriba de una olla tapada de humeante caldo.
 Con el ungüento, alguno de mediodía.
 A veces entreveo en la distancia la necesidad.
Dejarles algún escrito, que sepan mitigar el faltante.
Que sepa ocultar mi timo.
Que cercene la culpa.
De mi alma de renegrido.
 Que acuna, los de  los otros, como propios.
Y pone los propios, en libros ajenos.
Que nadie  dé cuenta de mi error.
Ni  mucho menos, que soy poeta.


lunes, 19 de enero de 2026

Silicon doll

Silicon doll



Stydio se compró una muñeca de silicona.
De esas que ahora tienen inteligencia artificial.
No es como las de antes, que solo sabían. 
 Gemir con voces pre dictadas
Al principio fue un secreto a voces.
Una voz que se corría por los pasillos.
Un rumor que trajo el viento.
Pero ahora que todos lo saben.
Los que sus familiares no  soportan.
Es que la lleve los días domingo a la comida familiar.
Por supuesto que la muñeca no come.
Pero no quieren herir los sentimientos de Stydio.
 Rechazarla abiertamente 
sería cómo discriminarla,
 porque, al fin y al cabo,
La muñeca es ya, como parte de la familia.
Pero lo que no soportan
 son esos gestos, robóticos
 condescendientes de enamorados.
Que tiene la muñeca con Stydio 
De darle de comer en la boca.
 De cortarle la comida, en trozos pequeños,
 con tenedor y cuchillo,
y limpiarle la boca con una servilleta.
Tiene altos conocimientos de filosofía, astronomía y política.
Mantiene una mirada firme y condescendiente.
Además, en la casa, esto lo cuenta Stydio.
Limpia, lava y hace la comida.



miércoles, 14 de enero de 2026

Me arden las orejas.

 

Me arden las orejas.


Me arden las orejas.
Ella tiene un muñeco mío.
Un símil de cuero
Que amasa y apelmaza por su piel.
Como si fuera un dios.
 Que necesita el calor de su cuerpo.
Para volver a creer
Un dios poco frecuente
Que se niega a ser un adorno más,
fuera de su cama.
Pero como todo lo falso no muere.
El calor pareciera beneficiarla.
No necesita mucho más.
 Para llegar a su clímax.
—Olvídate de mí —le dice a esa angustia.
Que tiene entre sus piernas
Ese vacío de tiempo que no prevalece.
 Que no se hace fiesta.
 No se conmemora a sí mismo.
 Hay tanto adorno inútil.
Ella quisiera tener un símil de su vagina.
Puesta  en la puerta de su casa.
Como se tiene una corona de muérdago.
De su pelo vaginal, les podría decir a los niños.
Como si fuera barba de choclo
 —¡Basta, basta,que voy a enloquecer!
 Le dice a ese espejo que la juzga sola. 
Esa voz que repite lo que ella misma se dice.
Esos dedos que no dejan de insistir.
 Hoy pareciera no rescatarla nadie.
De esa ventana cerrada
Cuando prevalece la resolana. 
Salvo la noche, cuando se escucha que la llama.
Tan angustiada con su voz. 
De este sopor de un enero poco frecuente.
Que la encuentra vencida, abatida.
 Como si fuera su segunda piel. 
Ni ese vendedor ambulante. 
Que pasa por su calle
Ofreciendo churros,
pan casero, huevos frescos.
Le devuelve a la realidad. 
De hablar con alguien. 
 Que por lo menos esté vivo.