Ella tiene un muñeco mío.
Un símil de cuero
Que amasa y apelmaza por su piel.
Como si fuera un dios.
Que necesita el calor de su cuerpo.
Para volver a creer
Un dios poco frecuente
Que se niega a ser un adorno más,
fuera de su cama.
Pero como todo lo falso no muere.
El calor pareciera beneficiarla.
No necesita mucho más.
Para llegar a su clímax.
—Olvídate de mí —le dice a esa angustia.
Que tiene entre sus piernas
Ese vacío de tiempo que no prevalece.
Que no se hace fiesta.
No se conmemora a sí mismo.
Hay tanto adorno inútil.
Ella quisiera tener un símil de su vagina.
Puesta en la puerta de su casa.
Como se tiene una corona de muérdago.
De su pelo vaginal, les podría decir a los niños.
Como si fuera barba de choclo
—¡Basta, basta,que voy a enloquecer!
Le dice a ese espejo que la juzga sola.
Esa voz que repite lo que ella misma se dice.
Esos dedos que no dejan de insistir.
Hoy pareciera no rescatarla nadie.
De esa ventana cerrada
Cuando prevalece la resolana.
Salvo la noche, cuando se escucha que la llama.
Tan angustiada con su voz.
De este sopor de un enero poco frecuente.
Que la encuentra vencida, abatida.
Como si fuera su segunda piel.
Ni ese vendedor ambulante.
Que pasa por su calle
Ofreciendo churros,
pan casero, huevos frescos.
Le devuelve a la realidad.
De hablar con alguien.
Que por lo menos esté vivo.

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