Que lleva a cabo los primitivos
donde adoran al fuego.
Sentados en un semicírculo.
Bajo los árboles con un techo azul de cuerpos celestes
Dijo esa vez El Gran Chimpancé naranja.
A su cofradía junto al fogón.
Que no cree en las leyes.
En los libros de letras doradas.
Que los antiguos acuñaron.
A punzón y martillo sobre la piedra.
Que su temperamento, su imperio.
Se rige ya no por las leyes.
Sino por su conciencia.
-Es el principio del buen salvaje.
Se dijo para sí Stydio
Y apago la compu.
Decepción y fuga
Studio, creía que su pueblo
Era un pueblo indómito y salvaje.
Como dice el vulgo, ingobernable.
Más propio de la extensión de la pampa.
Esa tierra que lo vio crecer, que de la gran ciudad.
Donde vive El Gran Chimpancé naranja.
Su pueblo pampa resultó ser, a la postre, a los hechos.
Un pueblo domesticado por El Gran Chimpancé naranja.
Por migajas, que más tarde que temprano.
Caen de su mesa. A cambio, una salud primaria
una educación con taparrabos y la entrega de la ciencia.
que siempre les fue esquiva, salvo
La de la rueda y el fuego.
Que El Gran Chimpancé naranja.
Blande por las noches sin luna.
Para aterrorizar a sus congéneres y pueblos lejanos.
Decepcionado por esta realidad.
La que acabo de describir y no otra.
Stydio reflexiona sobre los chimpancés.
Un chimpancé tiene la fuerza de cinco hombres.
Que no van a la cancha y se la pasan todo el día.
Jugando al Family y piden pizza por delivery.
Tiene la mordida, que arrancaría de un bocado.
Un hueso más duro.
Sus garras, por su estilo de vida arbóreo.
Se sostienen con una fuerza de atracción.
Mayor que cualquier autoridad aduanera.
Que le permite realizar proezas de salto y escalada.
Que ningunean las proezas de nuestros mejores atletas.
Son animales salvajes que la gente
Aprendido a domesticar, por la gracia de vestirlos.
Por mimetizarse con ellos, frente a un espejo.
Con su fisonomía, más propia del amor.
Que la un animal terrible.
Pero hay un tema con los chimpancés.
Domesticado o no.
Que hay un momento que un chimpancé
Por una mirada, un cambio en la jerarquía o el estrés acumulado.
(cuando tienen las bolas llenas)
Llevan entre sus congéneres a pelear.
En luchas fratricidas, encarnizadas.
de ataque de grupos coordinados de chimpancés.
Que suelen ser mortales y feroces.
Más propio de masacres, guerras humanas
.Que de la conciencia de un buen salvaje.
Cuando se encuentra en cautiverio.
Y no ya encerrado en una jaula, con cuatro candados y un cerrojo.
Domesticado, suelto, en una habitación,
de un momento a otro.
Le suele dar estas rabietas, con ataques de ira.
Arrancan grifería de un golpe.
Romper cortinados subiéndose sobre las ventanas,
los muebles.
Arrojan las baratijas, adornos, recuerdos, que su dueño
Trajo del mar del tullo, al suelo.
Y lo que está en el suelo.
Lo tira para arriba, haciendo malabares, con cuchillas
y licuadoras,
todo esto emitiendo ruidos.
Y chillidos acusatorios.
Cuando se encuentra solo con su destrucción.
Solo ahí se detiene.
Y no por el cansancio o una culpa que lo atormenta.
No, solo aguarda, que venga ese otro, con el que convive.
Y lo aguardará solicitando su perdón.
Con modos tan sumisos, que no nos dejara.
Ninguna duda de su arrepentimiento.
No confíe, solo detiene su tiempo.
Para que usted se acerque.
Su mansa y desprotegida garganta.
Que destrozará en el primer descuido, de un zarpazo.
De un momento a otro su cuerpo se desangrará.
En el suelo y sus últimas imágenes.
Que se llevará en esta vida.
Será a un chimpancé enloquecido.
Haciendo art déco, con su sangre.
Epilogo, final y mejor comienzo.
Si usted tiene un chimpancé domesticado o salvaje.
En su casa, vivienda única, departamento.
¡No vuelva ahí!
Tire la llave en el primer desagüe que encuentre.
Y huya, corra,corra por su vida.
Que por momento y solo por momentos.
Se encuentra a salvo.

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