
Me gusta el canto del gallo
Porque es su propio canto
Como propia es la madrugada
Como mío es este silencio
Mías son estas palabras
Mío es este corazón
Que nada, nada, te ama
Fluye como fluyen las cosas
Como fluyen las palabras
Flota como floto en el agua
Y los banderines silenciosos
Como flores de guirnaldas
Me prometen una partida
Me prometen una llegada.
17 comentarios:
Eduprecidente, es un gran poeta, ya van siendo pocos lo que lo ignoran, como pocos son los chinos que viven en Greonlandia, eso no quiere decir que sean pocos los chinos que viven otras partes , mas los que de un saber ignoran. Pero no es el único gran poeta, hay otros mayores, que el, como grandes luminarias que son, en su luz se refleja, queriéndole parecerle de a ratos, y otras huyéndoles como se huye de los espejo. Acá están los dos uno, Interlocutor valido, genuino luminarias, farol de esquina, que la vanguardia a segado, en letreros como propaganda, afiche que nos prometen la ausencia del dolor, en cómodas cuotas, que el tedio de la vida, pagara con agrado, junto a la mesa de una vereda, sentados encismado en sus refecciones están los dos poetas, Acérquese, sin meter ruido, como si fuesen gorriones, a picotear las migas , que su saber han dejado.
¿Cómo le va, Eduprecidente?, acá me ve, escuchando la calle, que este cause silencioso, por donde el progreso no se nombra, de a rato pasa un auto como sintiéndose perdido, como sabiendo que no es de acá, y yo soy de acá ¿sabe? Así que no venga como turista de otros lugares, postales de afuera, foráneas vidrieras.
Las avenidas son como ríos , caudaloso, es un transito asía ninguna parte, la prisa del deshielo a las cinco de la tarde, las avenida no tienen nombres de ríos, de mares, ni de glaciares, sino de hombres, de hombres que llevan y traen para depositarlos a la vera de las ciudades, A mi también me gustan estas calles, que no son avenidas, ríos de piedras, de planicies, acequias poco profundas, lagrimas del valle, rios sin puentes, donde uno puede pasar mojándose la patas.
Como usted dice, puertas cercadas de alambre, cercos de cañas, perros en la vereda, niños como perros, bravos perros que muerden al primer desencuentro, se le ve de lejos que usted no viene del centro, mire sus ojos están poblados de estrellas, ¿Qué anda haciendo por acá, como sintiéndose perdido?.
Ando con ganas de poblar de estrella este cielo… el poeta que esta en su corazón, no se siente perdido, ni los más inhóspitos caminos, y siente como propios los perros ajenos, Ya que esta en su lugar, que es su palabra y todos somos de un corazón.
¿Ah… usted no sangrara por la herida?, y no me la nombre poeta, a esa ingrata, la poesía, cada vez que me la nombran, me acuerdo de ella, y es ella, todo el tiempo, la poesía la que la nombra, hasta con su silencio. Se puedo vivir sin ella,pues nos ha dejado una herida, que todo, el tiempo, nos la recuerda, pero no me pidan que viva sin la poesía.
disculpen ¿ Que van a tomar los señores?
¡Nada! No hemos pedido nada, y tomaremos nada, dénos solo esta glorieta, donde acaricia con su ausencia la tristeza.
Yo no quiero nada, gracias
Bueno, les dejo estos dos cafés, por si viene el dueño, no valla ser cosa que los vea que no están tomando nada, y se enoje conmigo, por no ofrecerle nada.
¿Qué hace?
Voy a tomar este café...
¿Pero usted no dijo que no iba a tomar nada?
Bueno, pero ya que esta el café servido, seria una picardía, dejar que se enfríe.
Un hombre de principio, no cambia de parecer a mitad del río, yo pensaba que usted lo era. ¿Un café lo hace cambiar de parecer? Deje que estos cafés se enfríen, como mudos testigos que son, de nuestros pareceres.
Que los cafés, sean mudos testigos, y el día se me esta haciendo tedioso, y el silencio se me esta escapando, en baldosas que meten ruidos, en tacones como puñaladas, que se van diciendo, nunca, nunca, te amere en silencio, así que mejor irse, a estrellar los ojos en otras veredas, en frías baldosas, a sentir mal trato de las vidrieras, sabrá de mi cuando la noche haya mellado como una puñalada, mi silencio.
Vaya con usted… yo me quedo, a retratar esta tarde, que por su luces parece única, como únicas son las sombras que agonizan, en luces azules rojas, en las flores de los manteles.
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