Y Dios vio a Adán sin su prepucio.
—¿No te gustó el prepucio que te tejí?,
le preguntó Dios a Adán, sorprendido.
—A mí, sí —dijo Adán—, al que no le gustó
fue al rabino.
—¿Quién es el rabino?, le preguntó Dios
a Adán.
—Ese ser oscuro que está en ese rinconcito del paraíso,
que él mismo llama "la tierra prometida".
Y Dios echó al rabino del paraíso.
Y puso en su lugar el prepucio de Adán.
Y de ese día todos los niños nacen con su prepucio
tejido por Dios,
menos los niños del rabino,
que, quién sabe por qué Dios,
nacen todos circuncidados.



