lunes, 3 de agosto de 2026

Revista Feha

Revista Feha,
una revista con un alto concepto
de sí misma.
La única que no presume,
de su glamour,porque no lo tiene
un cachivache de cultura.
Revista de letras y malas costumbres,
una intención hecha poemas.
Títulos de portada:
«Reclama tu trébol de cuatro hojas para la mala suerte, gratis.
Coleccionable con pata de conejo,
escalera para pasar por debajo,
y un gato negro vivo».

Palabras sueltas...
Hoy liberamos
un montón de palabras
que encontramos
vilmente atrapadas
en un juego de letras.
Sopa de letras. Un importante
médico nos reveló:
«Las letras no tienen la culpa
de que los carbohidratos engorden».

Un poema diario hace mejor
que un vaso de vino; dos,
considérenlo su perdición,
nos reveló un poeta anónimo.
«Escribir en los baños ya
no me genera angustia ni culpa, ¿berdad?», nos revela un terrorista
de la Lengua Española.

Y esto y mucho más
en revista Feha,
la revista mutante
con unas cuantas tapas
y un par de hojas
por el medio.
Reclame el rompecabezas de medio millón de piezas
para no hablar con su familia
durante todo el fin de semana.
Revista Feha, la única vez
que no le van a preguntar
qué estás haciendo..




viernes, 31 de julio de 2026

Al final pasó el invierno

Al final pasó el invierno
sin Pena ni Gloria.
Pena era un amigo de mi infancia
que, por su nombre,
desde su crianza tuvo la extraña sospecha
de no tener un mejor porvenir;
más bien alejaba a las almas tímidas
y bienintencionadas,
y no tanto a aquellas
que se aprovechaban de su nobleza.

Y Gloria, que era una hermosa mujer
que de joven tuvo la fortuna
de envejecer muy rápido,
que por única alegría
sostiene la extraña costumbre,
por las noches sin luna,
de ahuyentar a los asaltantes de caminos.
No hay más que escuchar su risa
para entender lo irracional
que nos resulta a veces
a los mortales, la emoción del miedo.

Éramos tres extraños
con sus insignificancias
y una multitud de soledades.




miércoles, 29 de julio de 2026

Sería muy egoísta de mi parte

Sería muy egoísta de mi parte
decir que vivo en una pecera,
en una esfera de cristal
con agua y un galeón hundido en su fondo,
sin describir el mundo
en el que vive mi amada.

Como no distingo los centímetros
de los metros, salvaré esta distancia
diciendo que su cuarto, su hábitat
de emperatriz de las hadas,
es mucho más chico que un océano
pero no mucho más grande que una pecera.
Se puede decir que disfruta de los techos
de una ciudad antigua y a la vez moderna,
querida y deseada por las multitudes,
que en parte por yuxtaposición
ese deseo, se lo brindan a ella.
Que sus luces también la deslumbran,
de una buena vista de su ventana;
pero por las noches duerme en penumbra:
en su velo no se cuela
ni una lumbre de una estrella.
Disfruta de las luminarias de una torre
que, a mi padecer,
se me antoja distante y lejana,
y estrambóticamente iluminada.
Como si tuvieran miedo,de una de estas noche
se les fuera a perder,
caerse del mapa.

Pero no soporta sus días estivales.
No por eso ha perdido sus encantos:
el eco de sus pasos sobre el empedrado.
Como no tengo ovarios,
desconozco qué significan sus dolores,
que ella comúnmente padece
convaleciente en una cama,
sin aliento, con la sola compañía
de un pequeño molino de viento
que despotrica su brisa sobre su cara
y una bolsa de goma recientemente
sacada del refrigerador,
fría como vientre de sapo.

Me duele este amor de cristal,
esta pecera mal decorada,
este laberinto de días y noches,
cuando ni siquiera sus ojos soñadores
me miran,
cuando me alimenta con un solo desdén,
como quien deja caer
una lluvia de hojas secas
sobre un espejo de agua.




lunes, 27 de julio de 2026

La mujer barbuda

La mujer barbuda
se afeita frente a un espejo
mientras la escucho que me habla
desde la otra habitación.
mientras se mira al espejo;
mientras más se mira,
más detalles, imperfecciones,
encuentra en su cara.
Me dice que sus cejas...
una es diferente a la otra:
mientras una es larga,y distinguida
la otra es vulgar
y más corta

Le sugiero que no se afeite,
que sus pelos son casi imperceptibles, en su rostro
que sus cejas, aunque diferentes,
ambas son perfectas,
únicas para su mirada.

Ella está convencida
de que hay otra vida mejor que la suya,
y yo estoy convencido
de que no se va a detener
hasta encontrarla.