lunes, 18 de mayo de 2026

La amo tanto, tanto, pero tanto

La amo tanto, tanto, pero tanto,
que le comencé a meter
una de mis manos por dentro de su vagina.
Su vagina elástica... Como comprobé
que todavía se estiraba un poco más,
pero mucho más,
y nunca podía tocar su fondo,
introduje allí parte de mi brazo.

Luego hice una prueba empírica: introduje
mi codo doblado, más luego hasta parte de mi hombro.
Y como comprobé que yo todo entraba,
me lancé hacia adentro... o afuera,
según corresponda, a lo desconocido.

Mi voz de ahora en más sonará un poco distinta,
distante, con un eco agradable.
Es como si aquí estuviese solo,
adentro de un tubo, o un gran cilindro.
Hay un mundo aquí adentro: hay ciudades, un cielo.

De vez en cuando entra un dildo o un miembro,
sexo viril masculino, a destronar esta tranquilidad,
a dar por tierra con el paraíso.




viernes, 15 de mayo de 2026

Todavía es una niña...

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Temperatura de fusión

Vuela de fiebre, pero eso no evita
que hoy nos cocine unos huevos fritos con papas ,
acostada en la cama.

Mmm, deliciosos. Comida natural, con poco, nada de aceite.
Esa grasita de su piel le dio una textura deliciosa a las papas.
Lástima las gallinas,
seres bípedos, plumíferos, tan sacrificados,
que tengan que vivir una vida tan desfavorecida
para satisfacer nuestros gustos culinarios.

Por cierto, la fiebre no baja... una paja.
Tuvimos que llamar al médico por la madrugada;
molestar a un facultativo para que salga de su cama.
Por lo menos para que repare el termostato.

Bajé un poco la temperatura, le coloqué un regulador más apropiado.
Ese monte de Venus está al rojo vivo, temperatura de fusión.
Ya no nos servía para cocinar: funde los metales
y quemaba la comida.

Temimos lo peor:
una cama quemada, un cubrecama deshecho.
Por lo menos salvamos la ropa.
Ese deshabillé que un día
va a heredar la próxima dueña de casa,
cuando nos vuelva a cocinar unos huevos fritos con papas,
como Dios manda.




lunes, 11 de mayo de 2026

Tenencia compartida de osito de peluche

Tenencia compartida de osito de peluche

Tenencia compartida de osito de peluche
El osito se lo regalé yo,
cuando vivíamos en el mismo barrio
e íbamos juntos a la misma escuela.
Pero una vez que nos separamos,
el osito volvió a mi departamento.

Los lunes, martes y miércoles se lo queda ella;
jueves, viernes y sábados lo pasa conmigo.
El domingo lo jugamos al Call of Duty:
el que pierde, se queda sin osito el fin de semana.

Los lunes y martes me envía
al WhatsApp fotos extorsionadoras:
el osito con una soguita al cuello
jugando al ahorcado
el osito en barrios de dudosa reputación,
comprando merca;
osito con capucha en la cabeza,
atado de pies y manos en una silla,
secuestrado por una banda de piratas
y traficantes de ositos de peluche.
"A este lo vamos a hacer trabajar
en una máquina de garra".

Osito solo en un auto
a pleno sol, con los vidrios cerrados,
a 42 grados de temperatura... bajo la sombra.
"...Y el aire no me anda".

O mensajes tan intimidantes como estos:
"A tu osito no lo vas a ver nunca más",
"A tu osito se lo voy a vender a los gitanos",
"A tu osito lo voy a mandar de vuelta a China
para que lo reciclen.
Lo hagan tampones,
para mujeres enfermizas".

Todos mensajes de este tono.
Sé que nunca lo va a hacer,
porque eso sería como cortar
con lo único que nos une.