¿Qué es peor?:
salir con una mujer
con la edad de mi madre,
unos veinte años mayor;
una mujer que podría ser mi hija,
unos veinte años menor;
o una mujer que tenga más o menos
mi misma edad,
que hayamos nacido juntos
por la misma fecha,
como si fuéramos dos siameses
separados al nacer,
pero de distintas madres;
o no salir con nadie,
quedarme aquí sentado, solo,
tomando unos mates, mientras
les narro una historia que viene a cuento.
Por eso días
de una temprana
primavera, o más bien
los últimos de un añorado como, lejano invierno.
Para esa fecha
había una excursión, y ya para
la semana anterior todos los gurises
del séptimo C tenían una novia
del mismo grado,
como una pelota nueva a estrenar
para la próxima excursión
del Día de la Primavera.
Solamente quedaban algunos que otros despistados
como el que le narra esta historia
y una que otra chica más,
que éramos los únicos
sin sus respectivos cónyuges;
por eso de la presión social,
me vengo a imaginar ahora.
Teníamos los mismos álbumes,
juntábamos las mismas figuritas.
Y le pregunté, sin ánimo de comprometerla,
a una de estas gurisas del mismo grado
que por esos días se la veía sola y permanecía soltera,
si quería ser mi novia.
Creo, por la cara que puso,
de sorpresa más que de espanto,
que a ella no se le había pasado
por la cabeza tener un novio
justamente para esa época,
antes de haber terminado la escuela primaria,
sin saber qué iba a seguir estudiando,
bachiller o comercial,
ni mucho menos que yo fuese
el más indicado.
Pero como todos ya tenían
un noviecito o una compañera
con la cual continuar sus días tomados de la mano,
a la pobre no le quedó otra
que verse sola hasta el final de sus días
o aceptar mi desinteresada compañía.
Dijo que sí,
como si le pidiese compartir el mismo banco
o un bocado del mismo sándwich de la merienda.
En esa época no se estilaba
estar mucho solo. Por suerte llegó el veintiuno;
a nadie le pintó mucho
eso de ser novio. Subimos a los árboles,
corrimos tras una pelota, jugamos
a la mancha venenosa o a la escondida:
a hacer un poco más de chicos
que de grandes.



