Hemos creado un edificio,
una corporación.
En cada piso hay un universo,
en cada departamento hay un mundo,
cada puerta una realidad paralela, única, inexplorable
para nuestra investigación y entretenimiento.
Está el mundo donde impera la ley del más fuerte;
el de la ley del más justo;
donde no hay guerras ni leyes;
donde no han descubierto cómo someter al fuego,
no hay tribus, no hay ganados.
Un mundo donde la gente camina, camina
sin conocer el descanso,
no han aprendido a detenerse
donde se muere de agotamiento
y cansancio.
Y está este otro, donde no se camina ni un metro:
los hombres han desarrollado en su cuerpo
el poder de la fotosíntesis.
Tienen hojas y un tronco leñoso, se parecen a los árboles;
solo que estos no necesitan del viento
para mover sus ramas.
Y este otro que hemos creado recientemente,
que ha tenido altos niveles de audiencia.
Este mundo tiene la particularidad
de que no hay mujeres:
solo hombres, ancianos, jóvenes.
Pero nos hemos ocupado
de informarles, con historias, leyendas,
daguerrotipos, de lo que es una mujer,
qué se siente, con lujosos detalles,
de la cercanía, de la presencia
de su sexo;
acostarce con una mujer
con una, con dos o con tres
o varias a la vez.
No hay mujeres,
pero es en lo único que piensan,sueñan, desean.
Se enferman, se curan
pensando en ellas.
Hemos creado un paraíso
ficticio, imposible de realizar.
Hemos creado miles de adanes
hambrientos de una manzana.



