miércoles, 22 de abril de 2026

Stydio vive con su madre

Stydio vive con su madre.
esto sería algo normal
si no fuese
porque la madre de Stydio
hace 20 años que murió.

Stydio es una persona amable, un poco retirada,
siempre dispuesto a tener una conversación con extraños.
Cuando un vendedor llama a su puerta,
Stydio, sale, le pregunta que quiere,
y vuelve a entrar, para. preguntale a su madre
si es que necesita algo.
Stydio, a continuación ,sale y dice: —Dijo mi madre que hoy no necesita nada, gracias.

Stydio mantiene conversaciones tan dislocadas como estas:
—Mi madre no quiere que entres a casa.
—A mi madre no le gustan los pelos de los gatos.
—¿Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? No, gracias. Mi madre dice que Dios no existe.

Hubo una vez un vecino que quiso interiorizarse sobre el tema
de cómo es que los muertos, despues de muerto, aún hablan,
Entró a la casa, de un empujón abrió la puerta
para oir con sus propios oidos, cómo es esto de la cuarta dimensión.
Apenas dio unos pasos, sobre el pizo de madera de haya recien encerado ,
cuando una voz gélida y antigua se oyó en todas partes y ninguna: "—Qué falta de respecto y educación—".
Stydio a todo esto, estaba en la puerta de calle,
al lado del portón de rejas, esperando.
mientras contaba hasta diez, uno, dos..,
fue cuando vio salir a este hombre de la casa,
trasfigurado, con la expresión de haber visto un fantasma.
Cuentan que este fulano estuvo cinco meses sin hablar,
haciéndose encima y comiendo de una pajilla.

Esto no terminó acá, porque hubo una denuncia
con una orden de allanamiento.
Cinco patrulleros, más de diez policías.
Una mañana le pidieron a Stydio que abriera la puerta;
entraron con una hoja y una orden de un juez.

—Pasen —les dijo Stydio—, madre los está esperando.

Eran quince policías con cascos y armas largas.
Como es costumbre,
Stydio los esperó con buen semblante y con la puerta abierta.
Esta vez no llegó a contar hasta cinco;
cuando apenas había contado hasta tres,
salió el primer oficial llorando, trastabillando, en un grito,
golpeándose unos con otros; el último pidiendo que, por favor, no lo dejaran.
Llegaron así, a duras penas, hasta la vereda de la antigua casona sin poder mantenerse de pie.
Todos se dejaron caer sobre la calzada;
la mayoría se había orinado, perdido parte de su equipamiento;
estaban gimoteando, con movimientos espasmódicos,
tiritando de frío y miedo, con la mirada en blanco, perdida en el vacío:
"Eran quince chiquillos que un día sus padres olvidaron ir a buscar a la escuela".

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lunes, 20 de abril de 2026

cualumque

Ve este pasto,
esta gramilla
con la que usted,
a veces, se limpia los zapatos;
en la que su perro
adopta de baño.

Este cualumque pasto
me recuerda, a veces
—no siempre—,
cuando me acerco en silencio,
que no todo lo hizo el hombre.




viernes, 17 de abril de 2026

Una casa a las afueras de la ciudad

Una casa a las afueras de la ciudad

Una casa a las afueras de la ciudad, con un pequeño cementerio medieval adosado a su parque; con unas cuantas tumbas de piedra al lado de un árbol que desprende su follaje otoñal al suelo.
Moran alli, viejos ancestros, que vinieron a conquistar esta tierra con biblia y espada, e indios que se hicieron una cena con ellos.

Descansan en un sueño eterno, donde por las noches, flotan sábanas sin que haya viento, y donde el amor, irremediablemente, se vuelve tóxico.
En los sótanos, el aire gélido se adoctrina con el encierro y baja la tensión de la luz cuando no hay consentimiento.

En el parque hay unas estatuas que no ven, no escuchan ni dicen nada.
Hay unas ranas que le hacen corro al silencio y unos pequeños grillos que cantan;
viven, todavía no se han muerto.



miércoles, 15 de abril de 2026

La oración del caracol.

Un caracol que se revolcaba
en sus lágrimas y baba,
en la hojarasca de una vereda,
sorprendido por el arado de una pala,
se le escuchó decir esto
mientras secaba su caparazón
de lágrimas y tierra.

Muy por debajo,
como hablándole al cielo:
—Perdónalo, Jesús.
Perdónalo, Diosito santo.
Perdónalo, Tata Dios.
Perdónalo, Pacha Mama.
Perdónalo, la recalcada concha de su madre...
porque no sabe lo que hace.

Y no te lo lleves ahora, Diosito.
Ahora no.
Haz que cumpla
su mision en esta vida, de mierda,
de sorete malparido.
que le toco vivir