lunes, 15 de junio de 2026

Espacio tiempo

Espacio tiempo bis

Supongamos que la vida
fuese una copa en movimiento
a punto de romperse en mil pedazos.
Ese tiempo que transcurre en que la copa es copa
y la copa son sus mil pedazos
de la copa que una vez fue...
Todos esos instantes es una vida. Para nuestra percepción son cien años;
lo que para una copa es un instante.

espacio uno
Aunque nuestros sentidos nos demuestren
que estamos en el mismo espacio, la Tierra
viaja por el cosmos alrededor del Sol, y el Sol
alrededor de su galaxia, y la galaxia
se aleja en el universo, y el universo
se expande a través de la nada.
Nuestros sentidos nos dicen
que estamos en el mismo lugar,
una primavera más o menos;
que compartimos las mismas ciudades,
lugares, en las que vivieron nuestros ancestros,
padres y o abuelos.
Sin embargo, la Tierra viajó todo ese tiempo,
el universo se expandió
a velocidades siderales por el cosmos.
Si por una magia pudiéramos ver los espacios del cosmos,
veríamos que los espacios de nuestros abuelos,
(la copa rota), no ocuparían en el mismo sitio,
mis coordenadas en el espacio.
El cementerio ya no está en el mismo lugar
de hace cincuenta años atrás. Aunque creamos
que estamos sentados en el mismo asiento,
el tren ya se movió cinco estaciones más adelante.

espacio tiempo
Supongamos que mis padres hoy vivieran
y estuviéramos viajando en el mismo tren,
compartiendo asiento,
y hace cinco estaciones se hubieran bajado
y el tren continuo asi su curso.
El tiempo y el espacio no serían lo mismo:
sería inútil hablar con ellos,
aunque mis intenciones fueran válidas.
Sin embargo, las personas siguen hablando
con otros sin compartir el mismo espacio-tiempo.

tiempo
Supongamos que alguien con quien hace
veinte años que no compartimos
los mismos espacios, lugares comunes,
y por una de esas casualidades nos encontramos
en el mismo asiento, del mismo tren...
¿Eso no sería como viajar en el tiempo?
Aunque la fantasía prevalezca
de que el tiempo para ambos no haya pasado.

tiempo dos
Mis padres hace diez años que murieron.
Existe la fantasía de que mis padres
hoy tendrían noventa y ochenta y cinco años,
pero eso es como viajar en el espacio-tiempo:
mis padres no pueden estar hoy acá,
como yo no puedo estar quince años atrás.

espacio tiempo dos
Stydio, con todo esto
y otras anécdotas más, anima
fiestas infantiles, casamientos, cumpleaños.
No es mago ni mucho menos músico,
pero cree que es mucho más académico
que enseñar en una universidad privada.




viernes, 12 de junio de 2026

Los presentes

Los presentes en esta reunión familiar
acordamos
de no hablar ni de política,ni de religión.
Nos sentamos
a la mesa con esa única condición.
que esta comida familiar
no se vea alterada, por un mitin político
o una manifestación religiosa.

Ricardo dice que iba a decir algo,
pero mejor no lo dice, porque no lo cree muy oportuno
En la otro extremo de la mesa, el señor Javier:
—Si abro la boca se enfrían los ravioles,
me altero y se me van las ganas de comer.
Mejor me reservo mi opinión
para otra oportunidad.

Otro dijo en la mesa:
—Ayer vi por la tele algo, pero creo que no puedo decir lo que vi.
Otro dijo casi lo mismo, pero que lo escuchó.
A otro le comentó un cliente, pero ahora no puede decir nada
lo que el cliente le dijo.

—Nunca dije nada, porque lo que podría llegar a decir
podría pecar de poco interesante.
Esto podría ser
mi oportunidad para decirlo,
pero si lo pienso, mejor no lo digo.
—¡Decilo! —alienta la mayoría de la mesa,
aturdidos de tanto silencio—.
Ya que no podemos hablar ni política ni religión,
te escuchamos.
—Bueno, lo digo.

El más niño de la mesa
sin levantar su mirada del plato
y sin dejar de hacer
circulos concentricos ,
con el revés del tenedor dentro del tuco,
dijo:
—Siempre me gustaste, Mecha,
aunque seas mi prima mayor.
Aunque ahora me veas muy niño, te prometo crecer algún día,
si me querés demasiado.
Y aunque nunca podamos hablar de política ni religión,
podemos estar un tiempo largo
tomados de la mano.




miércoles, 10 de junio de 2026

Gorra color marfil

Cuando la vi en el local,
en la tienda,
la vi como esas cosas
a las que uno no les presta atención
porque las supone eternas,
como el cielo o un atardecer.
Por eso ,estaba más preocupado
por el precio de los porotos de alubia
que por el color de sus cabellos,
su sobretodo color marfil,
con su gorro del mismo tono de béisbol,
sus lentes ahumados
y su bolso marrón símil cuero
que lo utilizaba a la vez de escudo.

Cuando la volví a ver,
estaba en la línea de cajas:
elegante, torpe y nerviosa.
Ahí me di cuenta
que no la volvería a ver más;
que eso que por momentos
me hizo feliz,
nunca estuvo en venta.
Que no era parte de ninguno
de sus estantes, pasillos o mobiliarios.

Cuando salí del negocio apresurado,
buscando encontrarla
La ciudad se la había tragado:
era una gota más en el océano.




lunes, 8 de junio de 2026

Cosecha temprana

Desde las polvorientas tierras
mendocinas, con cálidos ácidos,
suave perfume a pimienta y una
culminación dulce a nuez en la boca,
llega esta niña de diecisiete años
recién cumplidos y una documentación
falsa que dice tener ya veintidós.

Sabe insultar en seis idiomas:
polaco, inglés, francés, mandarín, quechua
y antiguo español; mantiene una interesante
conversación solamente en su lengua. Tiene interés
en las plantas, botánica, el cosmos, los animales
y los pájaros. No mide más de un metro cincuenta,
pero es ágil y ligera. No hace nada mal a la cintura,
dicen los que la probaron.

Pero ella puede quedarse quieta largas horas,
especial para posar para un cuadro,
hacer de extra en un escenario.
Tiene buenos modales, sabe guardar un silencio,
no habla cuando come.
No es un robot, no es una IA: es profundamente humana.
Tiene sus tiempos y tristeza, pero es muy trabajadora;
cuando se propone algo siempre lo logra, y más en una cama.
Da un excelente servicio de cama: tiende la cama
como una experta, es muy ordenada.
Sus ojos son dulces, cenicientos, cuando uno
la contempla por un buen tiempo.
La entrega se hará el día y hora donde
el cliente lo requiera, por avión y con absoluta reserva.

Empiezo la subasta.
—Mil quinientos millones de petrodólares, para el hombre del turbante.
—Dice el doble —el hombre vestido de cowboy, más quince misiles antitanques.
—Quinientas veces más —dice la señora con el tapado de armiño, más unas tapas en una revista.
—Doscientas veces más —dice el hombre que lleva puesta una mitra papal, más un arzobispado.
—Un millón de denarios —dice el humanoide con cara de serpiente.
—Quintuplico la suma, más una isla griega —dijo el hombre de capa negra que sostiene un bastón con cabezal de calavera, junto al enano con sonrisa diabólica, mientras se frota las dos manos.