Todos sabemos:
el campo es una unidad económica.
No existe como tal en el paisaje
como es la selva,los desiertos y las montañas.
Si alguna vez fue rentable el campo, por su extensión,
ahora ya no lo es, en las pequeñas parcelas.
en la economia de escala
Para ese caso se creó el turismo rural.
Como escribir poemas:
nunca fue rentable para el poeta,
y mucho menos para sus familias
y editores.
Como escribir los sueños,
en los números de la quiniela.
Ahora los poetas y sus apócrifos
prueban su nueva oportunidad
en las mieles del turismo cultural,
haciendo provecho del alfabetismo
y la cultura de masas.
Ya basta de visitar bibliotecas foranea
de alimentar el algoritmo
como bicho malo
te muerde y no te deja tranquilo
una vez que se le da confianza
Turismo cultural se le dice ahora,
donde no hay que leer de dorapa
para no comprar el libro.
Donde los turistas visitan la instalaciones
de vida de un poeta
en su tapera, o rancho en el fondo de la legua.
Como el cuarto de Van Gogh,
pero dentro de cuatro paredes mal revocadas
y un acolchado descolorido por el uso y el paso de los años.
Como dar con su abadía, con un acantilado de tiza
con su mar bravio y junto a su rompiente,
donde se juna una ventana poblada de miradas
de flores de múltiples macetas;
la cómoda cocina, mal iluminada, donde se cuecen
guisos y pequeños mal entendidos.
Ahí está el poeta, escribiendo sus memorias,
haciendo su ejercicio de introspección.
No es un doble, todavía no dan
los números para contratar una troupe
de actores, magos y malabaristas
que hagan las veces de amigos, conocidos, acreedores.
Ya no te colma el glamour,
de una alfombra roja, ni la biografia de los best-sellers.
Qué se le va a hacer. Pasa y ponete cómodo,
tomá asiento en algun sillon
donde no este un gato durmiendo ,
acomodá los huesos, desenchinza tranquilo
larga tus penas
Haceme saber de dónde sos, qué bondi te trajo.
Si te dan las ganas, te cebás unos mates.
En invierno cerramos a las 18 horas,
previa merienda con bizcochitos de grasa.
Y en el verano a las 20 horas, en short y en pata.
Abro cuando me golpeás la ventana.
La pieza da a la calle,
soy de levantarme temprano.
La habitación no cuenta con aire acondicionado
ni baño; hay un cuarto con letrina al fondo del patio,
siempre y cuando no esté ocupado.
Acepto viandas, mandarina criolla,
palta y tomates de quinta,
chismes del barrio.