viernes, 24 de julio de 2026

La mujer vampira

La mujer vampira
llega de noche,
nunca de día.
—No tenés que hacerte mala sangre —
me aconseja, con sabiduría,
que nunca leyó en una revista de psicología.
Son siglos que juntan el polvo
en sus alas.

—Entregaste tu alma
a una mujer vampira —
me dice aterrorizada una amiga,
con un iPhone sobre la mesa.

La mujer vampira
va por el aire,
cruza los mares.
Percibo la sal en su boca,
el frío del témpano en su piel.
—Solo me pide un poco de mi sangre.
Eso del alma es pura mentira —
me cuenta la mujer vampira—.
Un día morirás como cualquier hijo de vecina,
encontrarán tu cuerpo disecado
como una flor que se quedó sin su vida.
Me aguardarás por la noche;
siempre vendré,
como una gata hambrienta,
por una copa de tu sangre caliente.
Por un lecho frío de muerte
para dos.




miércoles, 22 de julio de 2026

Dibújame

—Dibújame
como realmente
me ven tus ojos.
A continuación ella
tomó su libreta de apuntes,
un lápiz HB2 y comenzó
a hacer unos trazos sobre el papel blanco.
—No vale mirar —me sugirió.
Y puse mi vista sobre el horizonte.

Noté que al final de la plaza,
cómo las voces de la ciudad
se comenzaban a acallar.
Los pasos de los caminantes
se hacían más lentos y aletargados.
Y las primeras farolas...
Algunos coches venían con sus luces encendidas
y las sombras comenzaban
a confundirse con una leve penumbra.

—Ya puedes mirar —me dijo.
Ahí estaba, en el papel mate,
los trazos de un insecto con seis patas,
con un simpático suéter azul,
con bigotes de gato y mirada soñadora.
Astutamente erguido
sobre dos de sus seis patas.
A punto de ser aplastado
por un gran pie
con la suela agujereada.




viernes, 17 de julio de 2026

Stydio no se siente solo

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lunes, 13 de julio de 2026

El lingüista y el fóbal

El lingüista y el fóbal

Si la gente, las personas
de por acá, que usualmente
hablamos un español americanizado,
traído de los pelos,
metido en el barro,
rescatado de la calle
durmiendo al sereno,
en vez de decir «¡Gooool!»
cada vez que celebramos
un tanto,
vencemos el arco contrario,
dijeramos «¡Metaaaaa!»,
habría menos fanatismo en el fútbol.
Eso cree el lingüista
Y muchas personas. No perderían
La cabeza, parte de su corazón,
por ver un partido de fútbol.
Le dolería la cabeza y los oídos
de tanto escuchar «meta»
cada vez que un equipo
vence al arquero contrario.
Todos sabemos que las metas
en la vida son ficticias,
puramente imaginarias
e impuestas.
Muy difíciles de alcanzar.
Solamente creadas
para mantenernos ocupados.
Como pelearse por una estrella
o un sol inabarcable
para nuestra conciencia,
que de solo mirarlo
te hace arder los ojos.