miércoles, 10 de junio de 2026

Gorra color marfil

Cuando la vi en el local,
en la tienda,
la vi como esas cosas
a las que uno no les presta atención
porque las supone eternas,
como el cielo o un atardecer.
Por eso ,estaba más preocupado
por el precio de los porotos de alubia
que por el color de sus cabellos,
su sobretodo color marfil,
con su gorro del mismo tono de béisbol,
sus lentes ahumados
y su bolso marrón símil cuero
que lo utilizaba a la vez de escudo.

Cuando la volví a ver,
estaba en la línea de cajas:
elegante, torpe y nerviosa.
Ahí me di cuenta
que no la volvería a ver más;
que eso que por momentos
me hizo feliz,
nunca estuvo en venta.
Que no era parte de ninguno
de sus estantes, pasillos o mobiliarios.

Cuando salí del negocio apresurado,
buscando encontrarla
La ciudad se la había tragado:
era una gota más en el océano.




lunes, 8 de junio de 2026

Cosecha temprana

Desde las polvorientas tierras
mendocinas, con cálidos ácidos,
suave perfume a pimienta y una
culminación dulce a nuez en la boca,
llega esta niña de diecisiete años
recién cumplidos y una documentación
falsa que dice tener ya veintidós.

Sabe insultar en seis idiomas:
polaco, inglés, francés, mandarín, quechua
y antiguo español; mantiene una interesante
conversación solamente en su lengua. Tiene interés
en las plantas, botánica, el cosmos, los animales
y los pájaros. No mide más de un metro cincuenta,
pero es ágil y ligera. No hace nada mal a la cintura,
dicen los que la probaron.

Pero ella puede quedarse quieta largas horas,
especial para posar para un cuadro,
hacer de extra en un escenario.
Tiene buenos modales, sabe guardar un silencio,
no habla cuando come.
No es un robot, no es una IA: es profundamente humana.
Tiene sus tiempos y tristeza, pero es muy trabajadora;
cuando se propone algo siempre lo logra, y más en una cama.
Da un excelente servicio de cama: tiende la cama
como una experta, es muy ordenada.
Sus ojos son dulces, cenicientos, cuando uno
la contempla por un buen tiempo.
La entrega se hará el día y hora donde
el cliente lo requiera, por avión y con absoluta reserva.

Empiezo la subasta.
—Mil quinientos millones de petrodólares, para el hombre del turbante.
—Dice el doble —el hombre vestido de cowboy, más quince misiles antitanques.
—Quinientas veces más —dice la señora con el tapado de armiño, más unas tapas en una revista.
—Doscientas veces más —dice el hombre que lleva puesta una mitra papal, más un arzobispado.
—Un millón de denarios —dice el humanoide con cara de serpiente.
—Quintuplico la suma, más una isla griega —dijo el hombre de capa negra que sostiene un bastón con cabezal de calavera, junto al enano con sonrisa diabólica, mientras se frota las dos manos.




viernes, 5 de junio de 2026

El lingüista

El lingüista era desde antes,
desde antes de saber
que lo era.

Si había algo
que lo indignaba de sobremanera
era la economía del lenguaje:
habiendo tantas palabras
con distintos significados,
tantas letras que tiene el abecedario.

Que las ovejas, seres tan disímiles,
lejanos a las abejas,
llevasen casi el mismo nombre
salvo por una letra,
con significados tan diferentes.
Quien nombró a las abejas, abejas,
y ovejas a las ovejas, nunca vio
una oveja al lado de una abeja.
Quien nombró a la una
o no sabía la existencia de la otra.

Porque un hipopótamo es un hipopótamo:
la palabra sola nos dice "ojo, que este
es un bicho extraño",
que en nada se parece a una oveja, como vaca a un caballo.
Es tan difícil llamar mesa a la mesa y silla a la silla.
Quién pudiera llamar abejas
a un animal tan diferente a una oveja.

Siendo que las abejas son unos insectos
que vuelan y no son pájaros,
y las ovejas balan y no son una escopeta.
Mientras a una le sacan la miel de sus colmenas,
a la otra la esquilan de su lana.
Mientras las unas pastorean,
las otras vuelan de flor en flor, se alimentan de néctar.
No era tan difícil diferenciarlas.
Pero a alguien se le ocurrió nombrarlas
casi de la misma manera
con nombres semejantes,
salvo por una letra.

Mas luego entendió, ya cuando pasaron los años,
diez o quince años de escuela,
le fueron machacando la cabeza
que abejas se escribe con b larga
y ovejas con v corta.




miércoles, 3 de junio de 2026

Pozo rustico, bajo la luz cálida

Por fin había llegado.
Tantos preliminares, nada casuales,
para terminar en esta noche,
en este mismo cuarto.
De pie, delante del nicho de roble,
ella ya desnuda lo esperaba,
tendida de caderas
sobre la aterciopelada noche
y sus pies elevados, colocados estratégicamente
sobre los hombros de su esperado mancebo.

Le quitó las bragas, el último bastión
de su dignidad profanada.
Deslizo su nariz, sobre la tela de fino encaje
como quien descubre los atributos
de un vino
desde los fulgores de una copa.

Puso sus manos oscuras, profanas,
sobre la piel blanca, como recién
llegada de la distante Europa.
Abrió sus labios de la vagina recién descubierta
y allí vio para sus adentros, como quien
se asoma al pozo de agua de un aljibe
para pronunciar su eco:
y ahí mismo él estaba,
su imagen retratada desde arriba
abriendo esa misma vagina
infinitas veces.
Tantas, que le resultó imposible
descubrir sus comienzos.