lunes, 19 de octubre de 2026

La tía María venía desde el barrio de Flores

La tía María venía desde el barrio de Flores
de vez en cuando, o cuando se le atragantaba una nostalgia
y no la podía
hacer bajar con un trago de agua.
O más bien, cuando había
terminado de tejer un pulóver,
viajaba en tren con su regalo
Y con una palangana repleta de ravioles caseros,
tapados con un repasador
y un fardo de ropa vieja que ya no le interesaba
tener en el ropero.
En ocasiones llegaba los domingos
o mas bien un día feriado.

Había mates, facturas y pastelitos
y miradas hacia el pasado.
Y les sobraba tiempo
para volver, hacer el tuco para los ravioles.
Picaban la cebolla,
ajo, perejil, tomates de quinta
qué traía de pasada.
Todo se ponía a cocinar junto
junto con la carne al fuego.
Cuando el tuco, luego de varias
degustaciones, se daba el visto bueno,
se ponía el agua en una olla
para hervir los ravioles
que toda la noche
la tía María había estado amasando.

Stydio en eso
tuvo una conversación consigo mismo.
Se apartó del resto, o lo dejaron solo,
y en eso escuchó una voz
de una presencia fantasmal,
igualita a su padre pero un poco más viejo,
que le dijo, mientras agarraba la pava
del mate medio frío y se cebó un amargo:
—Yo sé que sos vegano y no comés carne —le dijo Stydio del futuro a Stydio—,
y te conmueve la mirada de un ciervo
y serías incapaz de apartar una oveja
de su cordero. Pero viendo los acontecimientos,
lo que este mediodía o tarde se está cocinando,
no sé con qué cara le vas a decir
a la tía María que no vas a comer los ravioles del domingo.
Porque si no comés estos ravioles,
te juro, como que conozco un poco todo esto,
te vas a arrepentir toda tu vida
de no devolverle a la tía María, con un poco,
lo mucho que te ha dado.
Tomó un pastelito hojaldre, que estaba solo, medio huérfano,
y lo levantó del plato para que lo acompañara,
y sin mediar palabras ni un hasta luego,
rumbeó para otra parte.

Stydio entendió el mensaje, se sentó a la mesa,
dejo que pasara aire por su garganta,
lo bajó con un poco de agua,
se comió todo su plato de ravioles.
Como si esto no fuera suficiente,
limpió el tuco del plato con una rodaja de pan
y puso cara de estar escuchando.
y pidió un escarbadientes, de buen modo,
para tener una sonrisa decente.
Y se puso el pulóver tejido nuevo,
ese que le había regalado,
que para la época le quedaba grande,
que ahora no se lo saca ni cuando llega el verano.




viernes, 16 de octubre de 2026

Hemos creado un edificio

Hemos creado un edificio,
una corporación.
En cada piso hay un universo,
en cada departamento hay un mundo,
cada puerta una realidad paralela, única, inexplorable
para nuestra investigación y entretenimiento.

Está el mundo donde impera la ley del más fuerte;
el de la ley del más justo;
donde no hay guerras ni leyes;
donde no han descubierto cómo someter al fuego,
no hay tribus, no hay ganados.
Un mundo donde la gente camina, camina
sin conocer el descanso,
no han aprendido a detenerse
donde se muere de agotamiento
y cansancio.

Y está este otro, donde no se camina ni un metro:
los hombres han desarrollado en su cuerpo
el poder de la fotosíntesis.
Tienen hojas y un tronco leñoso, se parecen a los árboles;
solo que estos no necesitan del viento
para mover sus ramas.

Y este otro que hemos creado recientemente,
que ha tenido altos niveles de audiencia.
Este mundo tiene la particularidad
de que no hay mujeres:
solo hombres, ancianos, jóvenes.
Pero nos hemos ocupado
de informarles, con historias, leyendas,
daguerrotipos, de lo que es una mujer,
qué se siente, con lujosos detalles,
de la cercanía, de la presencia
de su sexo;
acostarce con una mujer
con una, con dos o con tres
o varias a la vez.
No hay mujeres,
pero es en lo único que piensan,sueñan, desean.
Se enferman, se curan
pensando en ellas.
Hemos creado un paraíso
ficticio, imposible de realizar.
Hemos creado miles de adanes
hambrientos de una manzana.




miércoles, 14 de octubre de 2026

A veces tengo unas ganas

A veces tengo unas ganas
irrefrenables de ir tras de una manada,
a un Movistar Arena,
perderme en la multitud de un estreno de Marvel,
o peor aún, de comprarme un iPod nuevo.
De correr tras la protección
que da una manada hasta el poniente.

Sé que todo esto es pasajero.
Que al iPod 11 le seguirá el iPod 12.
Que la camiseta de un equipo
cuesta mucho más, a la víspera de un campeonato
que en las postrimerías de su derrota.

Que estas ataduras son momentáneas.
Que estas cadenas de licántropo
son hasta que la luna se acalle.
Que estas rejas, más que apartarme del mundo,
me protegen del afuera.
Que a veces soy el lobo y otras más
me toca ser de cordero.




lunes, 12 de octubre de 2026

Los habitantes del hoyo

Los habitantes del hoyo
vivimos en la oscuridad,
que sería perpetua
si no fuera por este hoyo
que está sobre nuestras cabezas,
sobre nuestro cielo.
Centro, concavidad
donde la luz del sol
nos penetra.

Adoramos su luz,
la luz del hoyo.
Le hemos puesto un nombre,
señal de que nos pertenece,
es nuestra.
Vivimos en un agujero,
sucumbimos, perecemos.
Se nos va la vida
tratando de entrar en otro.