viernes, 21 de agosto de 2026

Te ato porque te quiero

Te ato porque te quiero,
como te ato a una hoja seca
del otoño, para que no
te pierdas en invierno.
A un sillón viejo, destartalado,
que solo sirve para atarte,
nada más,
porque en él ya no se quiere
sentar nadie,
como en esta casa
nadie se quiere quedar.

Te ato porque el mundo te ata
a su manera, te retiene,
te lleva con sus vientos
como una corriente subterránea
te lleva al mar.
Te ato porque te marchas
en cada paso que das.
Y yo te ato para que no te muevas,
te ato para que no te caigas,
te ato porque no puedes cambiar,
te ato para que no te pierdas,
para no andar por la casa
como si te estuviera buscando,
como si no te hubiese atado jamás.

Te ato para que no te extravíes,
como ato un pensamiento a una hoja,
una figura a una piedra,
el mármol a una columna.
Te ato, te vivo atando.
Cada palabra mía es una cuerda más
que se ciñe a tu cuerpo,
como una frazada pesada
que no te deja levantar.




miércoles, 19 de agosto de 2026

La obra

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lunes, 17 de agosto de 2026

Mortal

Mortal, se cayó dentro de un pozo
Y ahora... no quiere salir.
Un juez ordenó su pronto desalojo;
Gendarmería se pertrecha en las cercanias
del socavón, pronta a entrar.
Gendarmes se amotinan
dentro del pozo, exigiendo mejoras salariales.
Judiciales y portuarios se pliegan a la medida
y están junto a los gendarmes, amotinados.
La municipalidad asevera que las condiciones idílicias
dentro del pozo no son las ideales;
aunque precarias, no son peores
que las de un jubilado
que cobra la mínima y paga alquiler.
Para prevenir males mayores,
la municipalidad mandó a apuntalarlo
para que no haya futuros derrumbes
y lamentar un luctuosos sucesos.

Más luego habilitaron la construcción de un shopping
salas de concierto y recreación
y patio de comidas.
Los habitantes del pozo
dicen, aunque carecen de luz natural
y creamos que todos los dias son de noche,
para nosotros nunca sale el sol. es como si viviéramos dentro de un casino
pero sin las máquinas ni su esparcimiento,
no nos sentimos más chinos
por vivir lejos del suelo.
También otro nos aseveró
que caer en un pozo
es como decir que caímos en la educación pública.
Hay una voluntad implícita
en estar aquí dentro;
una lucha diaria, cada mañana es otra noche.
Cada noche que hay que volver a ponerse de pie,
sacar fuerzas de donde ya no se tienen.
Es una lucha constante y no es gratis.
Hay una mitología en construcción dentro del pozo
que más bien se asemeja
a un sentimiento de cueva,
de mancomunidad
que no lo da la intemperie.




viernes, 14 de agosto de 2026

Stydio y las avispas

Stydio está podando un seto
por medio de la foresta, persiguiendo
una bandada de mariposas.
Ve que se aproxima, entre contenta y divertida,
una princesa. A veces las princesas
hacen una observación que bien le viene
a un relato; por ejemplo,
ella esta vez añadió,
viéndolo a Stydio ocupado,
contemplando su sombra,
observando cómo pasan las horas,
arriba, sobre los eucaliptos,
en un adiós para siempre
cómo en un río imaginario.
Sopesa la distancia, lo que tarda en caer
una hoja al suelo,
escuchando cómo ladran
los milanos en el cielo.
Le hizo esta pregunta.
qué les ocurría a las avispas en invierno,
ya que, a su parecer, había encontrado
varios nidos de avispas vacíos.
—¿Qué hacen las avispas cuando se viene la fresca?

Stydio, viéndola preocupada por tan simpático destino,
acotó que parte de las avispas se alejan
a un recodo del bosque, donde se agrupan
como en un puño, dejando a la avispa reina en su centro,
protegida del frío y demás depredadores.

Stydio se quedó observando
que la princesa vagaba por el jardín,
que había dejado de escucharlo;
su atención vagaba por el recodo,
buscando con cuidado en el suelo.
—Una avispa... —dijo en voz en alto.
Y acercando su pie, con todo su peso,
diciendo, alegre y divertida:
«Chau, avispa», aplastándola y haciendo un giro hacia su casa
como en un paso de comedia.

Stydio sintió como si se le estrujara el corazón.
Respiró hondo, intentó mantener su compostura,
buscó en el cielo despejado alguna respuesta
y recordó cuando esta misma princesa
una vez, entre preocupada y curiosa, le preguntó
si alguna vez le había picado una avispa
y si las picaduras de avispa duelen.
Y Stydio recordó que las picaduras de avispa duelen, sí.
Pero, como una licencia poética:
más duele el pisotón de Princesa.