lunes, 25 de mayo de 2026

Mi solidaridad absoluta con las vacas

Cada vez que veo
un patrón de estancia verseando
compinche con su peonada,
me dan unas ganas terribles
de no probar, ni en mi puta vida,
un cacho más de carne.
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho a un desheredado
como si fuere el dueño de la tierra,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que veo un hombre a caballo
arriando personas, gente, fuera de la feria,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho
la voz de los sometidos
con la voz de quien los somete
elogiando las mil formas que tiene la esclavitud,
y proponiendo otras
que no están ni en los libros de texto,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que encuentro un Rappi
en mi camino, que se apresura
por vivir,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

O cuando bajo mi mirada
para no cegarme
con el opulento brío,
y solo hallo sombras
en el piso, durmiendo
tras una frazada,
mi solidaridad absoluta con las vacas.

Cada vez que escucho a los dueños de la tierra
hablarme como si fuesen
también los dueños de la verdad,
mi solidaridad absoluta con las vacas.




viernes, 22 de mayo de 2026

...Yo avisé

Eso que se lo dije como mil veces
a la dueña de casa:
que colocara una calcomanía
en los vidrios de la ventana,
porque los pájaros vienen volando,
confunden el cielo
con el reflejo del cielo en la ventana
y se la llevaban puesto.

Siempre hay un pájaro muerto
bajo esta ventana. Señora, póngale una
calcomanía del lado de adentro de la ventana.
por lo menos, para que los pájaros vean
que es un vidrio, y no el mismísimo cielo.

Hasta que una mañana
encontré un ángel caído
con la cabeza partida y un ala medio estropeada
del golpazo. Quedó un manchón en la ventana;
no era sangre,
porque los ángeles no sangran.

Esta vez no llamé a vida silvestre
porque no fue necesario:
enseguida vinieron los del Vaticano.
Mientras se lo llevaban, me dijeron
que se les escapó de un fresco
de una basílica cercana.

Ahora espero que me hagan caso.

.




miércoles, 20 de mayo de 2026

En un bosquecillo

En un bosquecillo,
rumbo a la oficina,
a la vera del camino,
donde los zumbidos
de los colectivos casi se hacen imperceptibles
y los prados despliegan sus mejores horas,
alguien colgó un cartel.

Junto a una mesa
con un mantel
y varias jarras con té,
puso esta esquela:
"Vendo té de mentira,
amor de verdad",
con letras cursivas blancas,
por cierto, nada feas.
Al parecer, quien lo escribió
fue un buen tiempo a la escuela.
No tendría más de 20 años de alteridad
y el corazón plenilunio,
desbordante de entusiasmo y alegría.

¿A qué sabrá el amor de veras?,
se preguntaba el hombrecillo
de traje color caqui
y portafolio celeste,
delante de tamaña manifestación.
Él, que todavía no sabía
diferenciar la empanada
tucumana de la salteña,
le entró ganas de probar un poco
de este nuevo sabor.
Pues tenía unos pesitos
que le sobraban en los bolsillos
y el amigo lleno de curiosidad.




lunes, 18 de mayo de 2026

La amo tanto, tanto, pero tanto

La amo tanto, tanto, pero tanto,
que le comencé a meter
una de mis manos por dentro de su vagina.
Su vagina elástica... Como comprobé
que todavía se estiraba un poco más,
pero mucho más,
y nunca podía tocar su fondo,
introduje allí parte de mi brazo.

Luego hice una prueba empírica: introduje
mi codo doblado, más luego hasta parte de mi hombro.
Y como comprobé que yo todo entraba,
me lancé hacia adentro... o afuera,
según corresponda, a lo desconocido.

Mi voz de ahora en más sonará un poco distinta,
distante, con un eco agradable.
Es como si aquí estuviese solo,
adentro de un tubo, o un gran cilindro.
Hay un mundo aquí adentro: hay ciudades, un cielo.

De vez en cuando entra un dildo o un miembro,
sexo viril masculino, a destronar esta tranquilidad,
a dar por tierra con el paraíso.