lunes, 6 de julio de 2026

¿Qué es peor?

¿Qué es peor?:
salir con una mujer
con la edad de mi madre,
unos veinte años mayor;
una mujer que podría ser mi hija,
unos veinte años menor;
o una mujer que tenga más o menos
mi misma edad,
que hayamos nacido juntos
por la misma fecha,
como si fuéramos dos siameses
separados al nacer,
pero de distintas madres;
o no salir con nadie,
quedarme aquí sentado, solo,
tomando unos mates, mientras
les narro una historia que viene a cuento.

Por eso días
de una temprana primavera, o más bien
los últimos de un añorado como, lejano invierno.
Para esa fecha
había una excursión, y ya para
la semana anterior todos los gurises
del séptimo C tenían una novia
del mismo grado,
como una pelota nueva a estrenar
para la próxima excursión
del Día de la Primavera.
Solamente quedaban algunos que otros despistados
como el que le narra esta historia
y una que otra chica más,
que éramos los únicos
sin sus respectivos cónyuges;
por eso de la presión social,
me vengo a imaginar ahora.
Teníamos los mismos álbumes,
juntábamos las mismas figuritas.

Y le pregunté, sin ánimo de comprometerla,
a una de estas gurisas del mismo grado
que por esos días se la veía sola y permanecía soltera,
si quería ser mi novia.
Creo, por la cara que puso,
de sorpresa más que de espanto,
que a ella no se le había pasado
por la cabeza tener un novio
justamente para esa época,
antes de haber terminado la escuela primaria,
sin saber qué iba a seguir estudiando,
bachiller o comercial,
ni mucho menos que yo fuese
el más indicado.

Pero como todos ya tenían
un noviecito o una compañera
con la cual continuar sus días tomados de la mano,
a la pobre no le quedó otra
que verse sola hasta el final de sus días
o aceptar mi desinteresada compañía.
Dijo que sí,
como si le pidiese compartir el mismo banco
o un bocado del mismo sándwich de la merienda.

En esa época no se estilaba
estar mucho solo. Por suerte llegó el veintiuno;
a nadie le pintó mucho
eso de ser novio. Subimos a los árboles,
corrimos tras una pelota, jugamos
a la mancha venenosa o a la escondida:
a hacer un poco más de chicos
que de grandes.




viernes, 3 de julio de 2026

Con las expectativas bien altas

Andar por la vida
con las expectativas bien altas
es un error.
No confundir con la frente bien alta.
A la realidad le encanta
bajarte las expectativas de un hondazo
y cagarlas a trompadas.

Las suele esperar subida a la
a la horqueta de un árbol,
haciendo equilibrio
sobre un semáforo, cerca de una nube.
No hay una expectativa
que no haya tenido
su encontronazo con la realidad.
La realidad es como una fiera embrutecida,
como si fuera una jauría de perros enfurecidos,
y las expectativas son seres tan indefensos
como si estuvieran hechos de jabón y un suspiro de nuestro aliento.

¿Nunca vieron una pompa de jabón perseguida por un perro?
No sé qué les divierte; nunca se pusieron
del lado de la pompa y su efímera existencia.
Es como la luz
del día para nuestros sueños,
o las doce campanadas de medianoche
para Cenicienta.
La sola mención de la realidad las disuelve.

A la realidad no le gustan las expectativas,
por eso no hay que andar diciendo
que uno tiene una en casa, o en el club.
¡Shhhhhh!
Ojito con la realidad
cuando se disfraza de expectativa
y nos cita en un bar,
a los ojos de todos.




miércoles, 1 de julio de 2026

Recreo

Es hora de un simpático recreo
y los púberes atienden este período
de distracción, caminando por el patio
en una zona arbolada llamada parque,
y otra por una galería de cielorazo de madera
y techo de teja.
Me acerco para oír lo que discute
esta simpática pareja en la puerta del bufet.

La niña tiene en su mano un arrollado de jamón
y queso, y en la otra una pequeña botellita
de una popular gaseosa. El otro personaje en cuestión
es un niño un poquito más menudo; luce pecas
en el rostro y un corte de cabello tipo taza,
dejando sus dos orejas a la intemperie,
al desamparo de lo que un dia fue, un cabello largo,
y una separación en sus dientes
que le da un aire caricaturescoa su sonrisa.
Tiene pantalones cortos que no cubren sus tobillos
y lo que parece ser un libro de física cuántica
en una de sus manos, que recientemente
ha retirado de la biblioteca. Ahí están los dos
conversando. Hagamos silencio
para escuchar de qué hablan.

—Una personita gorda,
obesa, come hidratos de carbono
en cantidades industriales
de comida procesada, para llenar
ese vacío de afecto que tuvo
en su temprana infancia.
Ese dolor no se colma
comiendo papas fritas
a la salida del cine.

—Una persona estúpida,
que carece de una inteligencia
inferior a lo normal,
a la de un chimpancé,
e indefinidamente inferior
a la de sus congéneres.
No porque se cayó tempranamente de su cuna
o le faltó oxígeno en su placenta
cuando ni siquiera era una persona,
sino porque careció
de un desarrollo cognitivo,
aprendizajes y juegos, y porque jamás
fue escuchado; y oculta
ese déficit de atención filio-parental diciendo estupideces,
sandeces, al primero que se le cruce
en su conflictiva realidad.

Así que hacete a un lado
si no querés que te haga tragar
de una trompada ese libro
que seguro no leíste,
porque estoy segura
que no lo entenderías.
Chau, ya no quedan más arrollados,
me llevo el último, hasta mañana.

Creo que aquí nació el amor.




lunes, 29 de junio de 2026

Infinito

Si no aprieto pausa
o si no me levanto
de mi silla
a cambiar la cinta,
la historia vuelve a repetirse
infinitas veces
desde sus comienzos
hasta llegar a su final
infinitas veces.

O hasta el final de los tiempos,
que es cuando se rompe la cinta
y una luz blanca nos ciega los ojos.