miércoles, 20 de mayo de 2026

En un bosquecillo

En un bosquecillo,
rumbo a la oficina,
a la vera del camino,
donde los zumbidos
de los colectivos casi se hacen imperceptibles
y los prados despliegan sus mejores horas,
alguien colgó un cartel.

Junto a una mesa
con un mantel
y varias jarras con té,
puso esta esquela:
"Vendo té de mentira,
amor de verdad",
con letras cursivas blancas,
por cierto, nada feas.
Al parecer, quien lo escribió
fue un buen tiempo a la escuela.
No tendría más de 20 años de alteridad
y el corazón plenilunio,
desbordante de entusiasmo y alegría.

¿A qué sabrá el amor de veras?,
se preguntaba el hombrecillo
de traje color caqui
y portafolio celeste,
delante de tamaña manifestación.
Él, que todavía no sabía
diferenciar la empanada
tucumana de la salteña,
le entró ganas de probar un poco
de este nuevo sabor.
Pues tenía unos pesitos
que le sobraban en los bolsillos
y el amigo lleno de curiosidad.




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