en sus lágrimas y baba,
en la hojarasca de una vereda,
sorprendido por el arado de una pala,
se le escuchó decir esto
mientras secaba su caparazón
de lágrimas y tierra.
Muy por debajo,
como hablándole al cielo:
—Perdónalo, Jesús.
Perdónalo, Diosito santo.
Perdónalo, Tata Dios.
Perdónalo, Pacha Mama.
Perdónalo, la recalcada concha de su madre...
porque no sabe lo que hace.
Y no te lo lleves ahora, Diosito.
Ahora no.
Haz que cumpla
su mision en esta vida, de mierda,
de sorete malparido.
que le toco vivir

No hay comentarios:
Publicar un comentario