viernes, 24 de julio de 2026

La mujer vampira

La mujer vampira
llega de noche,
nunca de día.
—No tenés que hacerte mala sangre —
me aconseja, con sabiduría,
que nunca leyó en una revista de psicología.
Son siglos que juntan el polvo
en sus alas.

—Entregaste tu alma
a una mujer vampira —
me dice aterrorizada una amiga,
con un iPhone sobre la mesa.

La mujer vampira
va por el aire,
cruza los mares.
Percibo la sal en su boca,
el frío del témpano en su piel.
—Solo me pide un poco de mi sangre.
Eso del alma es pura mentira —
me cuenta la mujer vampira—.
Un día morirás como cualquier hijo de vecina,
encontrarán tu cuerpo disecado
como una flor que se quedó sin su vida.
Me aguardarás por la noche;
siempre vendré,
como una gata hambrienta,
por una copa de tu sangre caliente.
Por un lecho frío de muerte
para dos.




miércoles, 22 de julio de 2026

Dibújame

—Dibújame
como realmente
me ven tus ojos.
A continuación ella
tomó su libreta de apuntes,
un lápiz HB2 y comenzó
a hacer unos trazos sobre el papel blanco.
—No vale mirar —me sugirió.
Y puse mi vista sobre el horizonte.

Noté que al final de la plaza,
cómo las voces de la ciudad
se comenzaban a acallar.
Los pasos de los caminantes
se hacían más lentos y aletargados.
Y las primeras farolas...
Algunos coches venían con sus luces encendidas
y las sombras comenzaban
a confundirse con una leve penumbra.

—Ya puedes mirar —me dijo.
Ahí estaba, en el papel mate,
los trazos de un insecto con seis patas,
con un simpático suéter azul,
con bigotes de gato y mirada soñadora.
Astutamente erguido
sobre dos de sus seis patas.
A punto de ser aplastado
por un gran pie
con la suela agujereada.




viernes, 17 de julio de 2026

Stydio no se siente solo

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lunes, 13 de julio de 2026

El lingüista y el fóbal

El lingüista y el fóbal

Si la gente, las personas
de por acá, que usualmente
hablamos un español americanizado,
traído de los pelos,
metido en el barro,
rescatado de la calle
durmiendo al sereno,
en vez de decir «¡Gooool!»
cada vez que celebramos
un tanto,
vencemos el arco contrario,
dijeramos «¡Metaaaaa!»,
habría menos fanatismo en el fútbol.
Eso cree el lingüista
Y muchas personas. No perderían
La cabeza, parte de su corazón,
por ver un partido de fútbol.
Le dolería la cabeza y los oídos
de tanto escuchar «meta»
cada vez que un equipo
vence al arquero contrario.
Todos sabemos que las metas
en la vida son ficticias,
puramente imaginarias
e impuestas.
Muy difíciles de alcanzar.
Solamente creadas
para mantenernos ocupados.
Como pelearse por una estrella
o un sol inabarcable
para nuestra conciencia,
que de solo mirarlo
te hace arder los ojos.




viernes, 10 de julio de 2026

Lamento decepcionarlos.

¿Cuál sería
su reacción
si escuchara
a una persona adulta
recitar el Padre Nuestro
en voz alta?
En vez de decirnos «buen día»,
nos recitara el Padre Nuestro
en nuestra solapa.

No ya en una iglesia,
que vendría a ser como en una cancha de fútbol.
Un templo donde sus simpatizantes veneran,
alientan a un Dios con sus cánticos,
algarabía, gozando de su localía;
donde solo juegan los locales
y sin visitante.
Donde sus feligreses mayormente ganan
por goleada o por penales.

Pero donde en la realidad,
fuera de la cancha,
pasa totalmente lo contrario.
Donde hay guerras, crisis financieras.
Donde Dios ni corta ni pincha.
Hay que esperar la luz roja para cruzar un semáforo,
sin importar si Dios está con nosotros
o estamos totalmente desamparados.

¿Dónde escuchó recitar el Padre Nuestro?
Al costado de una cama,
si quien estuviera hablando
tuviera nueve años,
o detrás de una puerta cerrada
de una habitación donde descansa
un anciano.

Pero no... Lamento decepcionarlos.
Este es un hombre adulto;
ha adoptado la religión,
católico, apostólica romana,
como su salvación.
Como quien toma vitamina C
para sentir los alivios de un resfriado.
Como un amuleto
que erige sobre lo desconocido.
Y no encuentra mejor tarea
que demostrárselo al mundo
y a sus allegados
recitándole el Padre Nuestro.
Así, de corrido, sin quitar
ni agregarle una coma,
como canta una calandria
arriba de su nido.
Como si estas estrofas,
ya tan gastadas de decirlo,
hubiesen perdido su significante.
Un mantra, un salvoconducto
a un posible paraíso.




miércoles, 8 de julio de 2026

Música nocturna

Cada vez que pasa un coche
con la música a todo volumen,
eso me recuerda
las orquestas ambulantes
que paseaban su música
sobre la caja de un camión.

Lo triste que se ve una noche
cuando uno se aleja de una fiesta.




lunes, 6 de julio de 2026

¿Qué es peor?

¿Qué es peor?:
salir con una mujer
con la edad de mi madre,
unos veinte años mayor;
una mujer que podría ser mi hija,
unos veinte años menor;
o una mujer que tenga más o menos
mi misma edad,
que hayamos nacido juntos
por la misma fecha,
como si fuéramos dos siameses
separados al nacer,
pero de distintas madres;
o no salir con nadie,
quedarme aquí sentado, solo,
tomando unos mates, mientras
les narro una historia que viene a cuento.

Por eso días
de una temprana primavera, o más bien
los últimos de un añorado como, lejano invierno.
Para esa fecha
había una excursión, y ya para
la semana anterior todos los gurises
del séptimo C tenían una novia
del mismo grado,
como una pelota nueva a estrenar
para la próxima excursión
del Día de la Primavera.
Solamente quedaban algunos que otros despistados
como el que le narra esta historia
y una que otra chica más,
que éramos los únicos
sin sus respectivos cónyuges;
por eso de la presión social,
me vengo a imaginar ahora.
Teníamos los mismos álbumes,
juntábamos las mismas figuritas.

Y le pregunté, sin ánimo de comprometerla,
a una de estas gurisas del mismo grado
que por esos días se la veía sola y permanecía soltera,
si quería ser mi novia.
Creo, por la cara que puso,
de sorpresa más que de espanto,
que a ella no se le había pasado
por la cabeza tener un novio
justamente para esa época,
antes de haber terminado la escuela primaria,
sin saber qué iba a seguir estudiando,
bachiller o comercial,
ni mucho menos que yo fuese
el más indicado.

Pero como todos ya tenían
un noviecito o una compañera
con la cual continuar sus días tomados de la mano,
a la pobre no le quedó otra
que verse sola hasta el final de sus días
o aceptar mi desinteresada compañía.
Dijo que sí,
como si le pidiese compartir el mismo banco
o un bocado del mismo sándwich de la merienda.

En esa época no se estilaba
estar mucho solo. Por suerte llegó el veintiuno;
a nadie le pintó mucho
eso de ser novio. Subimos a los árboles,
corrimos tras una pelota, jugamos
a la mancha venenosa o a la escondida:
a hacer un poco más de chicos
que de grandes.




viernes, 3 de julio de 2026

Con las expectativas bien altas

Andar por la vida
con las expectativas bien altas
es un error.
No confundir con la frente bien alta.
A la realidad le encanta
bajarte las expectativas de un hondazo
y cagarlas a trompadas.

Las suele esperar subida a la
a la horqueta de un árbol,
haciendo equilibrio
sobre un semáforo, cerca de una nube.
No hay una expectativa
que no haya tenido
su encontronazo con la realidad.
La realidad es como una fiera embrutecida,
como si fuera una jauría de perros enfurecidos,
y las expectativas son seres tan indefensos
como si estuvieran hechos de jabón y un suspiro de nuestro aliento.

¿Nunca vieron una pompa de jabón perseguida por un perro?
No sé qué les divierte; nunca se pusieron
del lado de la pompa y su efímera existencia.
Es como la luz
del día para nuestros sueños,
o las doce campanadas de medianoche
para Cenicienta.
La sola mención de la realidad las disuelve.

A la realidad no le gustan las expectativas,
por eso no hay que andar diciendo
que uno tiene una en casa, o en el club.
¡Shhhhhh!
Ojito con la realidad
cuando se disfraza de expectativa
y nos cita en un bar,
a los ojos de todos.




miércoles, 1 de julio de 2026

Recreo

Es hora de un simpático recreo
y los púberes atienden este período
de distracción, caminando por el patio
en una zona arbolada llamada parque,
y otra por una galería de cielorazo de madera
y techo de teja.
Me acerco para oír lo que discute
esta simpática pareja en la puerta del bufet.

La niña tiene en su mano un arrollado de jamón
y queso, y en la otra una pequeña botellita
de una popular gaseosa. El otro personaje en cuestión
es un niño un poquito más menudo; luce pecas
en el rostro y un corte de cabello tipo taza,
dejando sus dos orejas a la intemperie,
al desamparo de lo que un dia fue, un cabello largo,
y una separación en sus dientes
que le da un aire caricaturescoa su sonrisa.
Tiene pantalones cortos que no cubren sus tobillos
y lo que parece ser un libro de física cuántica
en una de sus manos, que recientemente
ha retirado de la biblioteca. Ahí están los dos
conversando. Hagamos silencio
para escuchar de qué hablan.

—Una personita gorda,
obesa, come hidratos de carbono
en cantidades industriales
de comida procesada, para llenar
ese vacío de afecto que tuvo
en su temprana infancia.
Ese dolor no se colma
comiendo papas fritas
a la salida del cine.

—Una persona estúpida,
que carece de una inteligencia
inferior a lo normal,
a la de un chimpancé,
e indefinidamente inferior
a la de sus congéneres.
No porque se cayó tempranamente de su cuna
o le faltó oxígeno en su placenta
cuando ni siquiera era una persona,
sino porque careció
de un desarrollo cognitivo,
aprendizajes y juegos, y porque jamás
fue escuchado; y oculta
ese déficit de atención filio-parental diciendo estupideces,
sandeces, al primero que se le cruce
en su conflictiva realidad.

Así que hacete a un lado
si no querés que te haga tragar
de una trompada ese libro
que seguro no leíste,
porque estoy segura
que no lo entenderías.
Chau, ya no quedan más arrollados,
me llevo el último, hasta mañana.

Creo que aquí nació el amor.




lunes, 29 de junio de 2026

Infinito

Si no aprieto pausa
o si no me levanto
de mi silla
a cambiar la cinta,
la historia vuelve a repetirse
infinitas veces
desde sus comienzos
hasta llegar a su final
infinitas veces.

O hasta el final de los tiempos,
que es cuando se rompe la cinta
y una luz blanca nos ciega los ojos.




viernes, 26 de junio de 2026

Hay una mosca en el colectivo.

Hay una mosca en el colectivo.
No sé en qué momento subió.
Ella vuela en sentido contrario
al que avanza el colectivo,
como si buscara un asiento,
una ventana abierta.
Debería haber carteles para moscas,
así ellas sabrían por dónde bajar.

La mosca se impacienta
porque ve campo y campo.
¿Será una mosca de ciudad?
Es aquí donde tiene que bajar.
Aunque la mayoría de los asientos
están vacíos,
la mosca no se sienta.
No quiere acostumbrarse a esta comodidad
de viajar sentada.
«Tiene alas», pareciera decirme,
que no soporta esta demora.
Ahora mira la ventana que da al sol,
ahora se posa en el vidrio de la otra.
Pareciera ser la única
que no soporta el encierro.

Yo miro dónde tengo que bajar.
Me levanto, me aproximo a la puerta, toco timbre.
Espero que el colectivo se detenga.
La puerta se abre.
Espero que la mosca baje.
Ella me ha observado todo este tiempo;
agradece que le permita bajar primero.

El colectivo se va.
Yo miro a mi costado,
espero al cruzar.
Ya no la encuentro.
Una mosca pasa desapercibida en la ruta.
¿Cómo sabré que es la misma mosca
si la encuentro en otro viaje?
Esta mosca era distinta a las otras.
Algo me dice que sabía adónde iba.




miércoles, 24 de junio de 2026

vox populi

Nunca fue muy fiel que digamos,
pero tampoco era vox populi
que le metía los cuernos con medio pueblo:
en el trabajo, con los del club,
cuando estaba en el bar.
Con los amigos del club y de la sede social;
y cuando estaba en el club social
se cruzaba al bar para organizar alguna escapada
al primer cuartito desocupado de la zona.
En la casa, como en los lugares más variados.

Dicen que el matrimonio es la tumba del amor,
pero para ella fue su renacer sexual.
Nunca fue tan así,
pero saberse casada le dio como un empujoncito.
Todo era normal, hasta rutinario,
salvo cuando al fulano este, para una fecha,
se le dio por morirse.

Dicen que la muerte mejora a los difuntos;
pero con el de ella, fue tan así
que comenzó con abrirle los ojos.
Desde que murió, siente como que la miran
todo el tiempo desde el cielo
Eso la llenó de culpa, de saberse observada
hasta cuando está en el excusado.
Su presencia fantasmal no la dejaba en paz.
Hasta que una de esas noche no aguantó más
y se fue de madrugada al cementerio.

Saltó la tapia de una,
con uno, dos o tres más,
y ahí, sobre su tumba,
al lado del florero de vidrio
con el ramo de flores frescas del mediodía,
le volvió a meter los cuernos,
en presencia de todas
y todos las tumbas y lápidas del cementerio.
sin importar su género o condición.

Solo faltó esa noche, que la filmaran.




lunes, 22 de junio de 2026

Bicéfala

Bicéfala
Es extraña la Bicéfala.
Para el Registro Civil son dos personas.
Para un médico son dos corazones.
Pero paga un solo pasaje de colectivo.
Comparten la misma cama,
el mismo novio y el mismo marido.

Pero son dos personas distintas
con la misma vagina
y las mismas piernas y el mismo culo.
Cagan juntas aunque comen distinto:
una come mientras la otra ya está llena.
Una quiere dormir, mientras la otra
quiere leer un libro.

Siempre somos tres en la cama...
O cuatro, si la otra no me aceptá.




viernes, 19 de junio de 2026

Stydio frente a una clase

Stydio está de pie,
delante de un pizarron verde.
con tiza está escrita esta frase:
«Si los pastos conversaran,
esta pampa le diría
de qué modo la quería,
con qué fiebre la adoré».

A su lado tiene un atril
con una ilustración de una heladera,
la foto de un auto, la baldosa de una vereda rota
y otras láminas para respaldar sus conceptos,
que las irá desplegando
con el correr de su tesis.

.

—Díganme ustedes, que ando un poco confundido
y no recuerdo cómo funciona el mundo —dice Stydio—.
Hoy me desperté después de dormir
un rato la siesta, comí algo que me cayó mal.
Cuando desperté,
encontré al mundo un poco cambiado.
El oxígeno que necesitamos para respirar,
correr en el parque, jugar en las hamacas...
¿De dónde viene? ¿De las heladeras?

—¡NO! —dice al unísono la clase de unos niños de seis años.

—¿De los autos?

—¡NO!

—¿De las baldosas?

—¡NO!

—¿Del cemento?

—¡NO!

—¿De las bocas de tormenta?

—¡NO!

—¿De los aires acondicionados?

—¡NO!

—¿De los ventiladores?

—¡NO!

—¿Del alumbrado público?

—¡NO!

—¿Entonces de dónde viene?

—¡De las plantas!

—¿Y las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Pero todas las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Entonces por qué la gente no lo sabe?

—¡Porque son burros!

...Haber crecido tanto, para olvidarlo.




miércoles, 17 de junio de 2026

Vértigo en el piso 226

Ella amaneció temprano;
solo una tela vaporosa la cubre en el balcón.
Curiosa, observa cómo los buques salen
de la bahía y pasan bajo
el puente que cruza el río de arena y barro.
Se hacen diminutos, casi insospechados
al posarse sobre el horizonte.

—Nadie ha llegado tan alto —le digo—.
Solo las golondrinas, sobrevuelan  este balcón.
Caer desde estas alturas
te mataría —le comento,
para que se aleje de la orilla.

—Vivir en el suelo me mataría.
No lastima tanto el golpe
como el lugar, el destino donde caes.
Caer me mataría
una vez que he llegado tan alto.

Dicho esto, se elevó
sobre sus pies...
para sellar este silencio
con un beso.




lunes, 15 de junio de 2026

Espacio tiempo

Espacio tiempo bis

Supongamos que la vida
fuese una copa en movimiento
a punto de romperse en mil pedazos.
Ese tiempo que transcurre en que la copa es copa
y la copa son sus mil pedazos
de la copa que una vez fue...
Todos esos instantes es una vida. Para nuestra percepción son cien años;
lo que para una copa es un instante.

espacio uno
Aunque nuestros sentidos nos demuestren
que estamos en el mismo espacio, la Tierra
viaja por el cosmos alrededor del Sol, y el Sol
alrededor de su galaxia, y la galaxia
se aleja en el universo, y el universo
se expande a través de la nada.
Nuestros sentidos nos dicen
que estamos en el mismo lugar,
una primavera más o menos;
que compartimos las mismas ciudades,
lugares, en las que vivieron nuestros ancestros,
padres y o abuelos.
Sin embargo, la Tierra viajó todo ese tiempo,
el universo se expandió
a velocidades siderales por el cosmos.
Si por una magia pudiéramos ver los espacios del cosmos,
veríamos que los espacios de nuestros abuelos,
(la copa rota), no ocuparían en el mismo sitio,
mis coordenadas en el espacio.
El cementerio ya no está en el mismo lugar
de hace cincuenta años atrás. Aunque creamos
que estamos sentados en el mismo asiento,
el tren ya se movió cinco estaciones más adelante.

espacio tiempo
Supongamos que mis padres hoy vivieran
y estuviéramos viajando en el mismo tren,
compartiendo asiento,
y hace cinco estaciones se hubieran bajado
y el tren continuo asi su curso.
El tiempo y el espacio no serían lo mismo:
sería inútil hablar con ellos,
aunque mis intenciones fueran válidas.
Sin embargo, las personas siguen hablando
con otros sin compartir el mismo espacio-tiempo.

tiempo
Supongamos que alguien con quien hace
veinte años que no compartimos
los mismos espacios, lugares comunes,
y por una de esas casualidades nos encontramos
en el mismo asiento, del mismo tren...
¿Eso no sería como viajar en el tiempo?
Aunque la fantasía prevalezca
de que el tiempo para ambos no haya pasado.

tiempo dos
Mis padres hace diez años que murieron.
Existe la fantasía de que mis padres
hoy tendrían noventa y ochenta y cinco años,
pero eso es como viajar en el espacio-tiempo:
mis padres no pueden estar hoy acá,
como yo no puedo estar quince años atrás.

espacio tiempo dos
Stydio, con todo esto
y otras anécdotas más, anima
fiestas infantiles, casamientos, cumpleaños.
No es mago ni mucho menos músico,
pero cree que es mucho más académico
que enseñar en una universidad privada.




viernes, 12 de junio de 2026

Los presentes

Los presentes en esta reunión familiar
acordamos
de no hablar ni de política,ni de religión.
Nos sentamos
a la mesa con esa única condición.
que esta comida familiar
no se vea alterada, por un mitin político
o una manifestación religiosa.

Ricardo dice que iba a decir algo,
pero mejor no lo dice, porque no lo cree muy oportuno
En la otro extremo de la mesa, el señor Javier:
—Si abro la boca se enfrían los ravioles,
me altero y se me van las ganas de comer.
Mejor me reservo mi opinión
para otra oportunidad.

Otro dijo en la mesa:
—Ayer vi por la tele algo, pero creo que no puedo decir lo que vi.
Otro dijo casi lo mismo, pero que lo escuchó.
A otro le comentó un cliente, pero ahora no puede decir nada
lo que el cliente le dijo.

—Nunca dije nada, porque lo que podría llegar a decir
podría pecar de poco interesante.
Esto podría ser
mi oportunidad para decirlo,
pero si lo pienso, mejor no lo digo.
—¡Decilo! —alienta la mayoría de la mesa,
aturdidos de tanto silencio—.
Ya que no podemos hablar ni política ni religión,
te escuchamos.
—Bueno, lo digo.

El más niño de la mesa
sin levantar su mirada del plato
y sin dejar de hacer
circulos concentricos ,
con el revés del tenedor dentro del tuco,
dijo:
—Siempre me gustaste, Mecha,
aunque seas mi prima mayor.
Aunque ahora me veas muy niño, te prometo crecer algún día,
si me querés demasiado.
Y aunque nunca podamos hablar de política ni religión,
podemos estar un tiempo largo
tomados de la mano.




miércoles, 10 de junio de 2026

Gorra color marfil

Cuando la vi en el local,
en la tienda,
la vi como esas cosas
a las que uno no les presta atención
porque las supone eternas,
como el cielo o un atardecer.
Por eso ,estaba más preocupado
por el precio de los porotos de alubia
que por el color de sus cabellos,
su sobretodo color marfil,
con su gorro del mismo tono de béisbol,
sus lentes ahumados
y su bolso marrón símil cuero
que lo utilizaba a la vez de escudo.

Cuando la volví a ver,
estaba en la línea de cajas:
elegante, torpe y nerviosa.
Ahí me di cuenta
que no la volvería a ver más;
que eso que por momentos
me hizo feliz,
nunca estuvo en venta.
Que no era parte de ninguno
de sus estantes, pasillos o mobiliarios.

Cuando salí del negocio apresurado,
buscando encontrarla
La ciudad se la había tragado:
era una gota más en el océano.




lunes, 8 de junio de 2026

Cosecha temprana

Desde las polvorientas tierras
mendocinas, con cálidos ácidos,
suave perfume a pimienta y una
culminación dulce a nuez en la boca,
llega esta niña de diecisiete años
recién cumplidos y una documentación
falsa que dice tener ya veintidós.

Sabe insultar en seis idiomas:
polaco, inglés, francés, mandarín, quechua
y antiguo español; mantiene una interesante
conversación solamente en su lengua. Tiene interés
en las plantas, botánica, el cosmos, los animales
y los pájaros. No mide más de un metro cincuenta,
pero es ágil y ligera. No hace nada mal a la cintura,
dicen los que la probaron.

Pero ella puede quedarse quieta largas horas,
especial para posar para un cuadro,
hacer de extra en un escenario.
Tiene buenos modales, sabe guardar un silencio,
no habla cuando come.
No es un robot, no es una IA: es profundamente humana.
Tiene sus tiempos y tristeza, pero es muy trabajadora;
cuando se propone algo siempre lo logra, y más en una cama.
Da un excelente servicio de cama: tiende la cama
como una experta, es muy ordenada.
Sus ojos son dulces, cenicientos, cuando uno
la contempla por un buen tiempo.
La entrega se hará el día y hora donde
el cliente lo requiera, por avión y con absoluta reserva.

Empiezo la subasta.
—Mil quinientos millones de petrodólares, para el hombre del turbante.
—Dice el doble —el hombre vestido de cowboy, más quince misiles antitanques.
—Quinientas veces más —dice la señora con el tapado de armiño, más unas tapas en una revista.
—Doscientas veces más —dice el hombre que lleva puesta una mitra papal, más un arzobispado.
—Un millón de denarios —dice el humanoide con cara de serpiente.
—Quintuplico la suma, más una isla griega —dijo el hombre de capa negra que sostiene un bastón con cabezal de calavera, junto al enano con sonrisa diabólica, mientras se frota las dos manos.




viernes, 5 de junio de 2026

El lingüista

El lingüista era desde antes,
desde antes de saber
que lo era.

Si había algo
que lo indignaba de sobremanera
era la economía del lenguaje:
habiendo tantas palabras
con distintos significados,
tantas letras que tiene el abecedario.

Que las ovejas, seres tan disímiles,
lejanos a las abejas,
llevasen casi el mismo nombre
salvo por una letra,
con significados tan diferentes.
Quien nombró a las abejas, abejas,
y ovejas a las ovejas, nunca vio
una oveja al lado de una abeja.
Quien nombró a la una
o no sabía la existencia de la otra.

Porque un hipopótamo es un hipopótamo:
la palabra sola nos dice "ojo, que este
es un bicho extraño",
que en nada se parece a una oveja, como vaca a un caballo.
Es tan difícil llamar mesa a la mesa y silla a la silla.
Quién pudiera llamar abejas
a un animal tan diferente a una oveja.

Siendo que las abejas son unos insectos
que vuelan y no son pájaros,
y las ovejas balan y no son una escopeta.
Mientras a una le sacan la miel de sus colmenas,
a la otra la esquilan de su lana.
Mientras las unas pastorean,
las otras vuelan de flor en flor, se alimentan de néctar.
No era tan difícil diferenciarlas.
Pero a alguien se le ocurrió nombrarlas
casi de la misma manera
con nombres semejantes,
salvo por una letra.

Mas luego entendió, ya cuando pasaron los años,
diez o quince años de escuela,
le fueron machacando la cabeza
que abejas se escribe con b larga
y ovejas con v corta.