viernes, 19 de junio de 2026

Stydio frente a una clase

Stydio está de pie,
delante de un pizarron verde.
con tiza está escrita esta frase:
«Si los pastos conversaran,
esta pampa le diría
de qué modo la quería,
con qué fiebre la adoré».

A su lado tiene un atril
con una ilustración de una heladera,
la foto de un auto, la baldosa de una vereda rota
y otras láminas para respaldar sus conceptos,
que las irá desplegando
con el correr de su tesis.

.

—Díganme ustedes, que ando un poco confundido
y no recuerdo cómo funciona el mundo —dice Stydio—.
Hoy me desperté después de dormir
un rato la siesta, comí algo que me cayó mal.
Cuando desperté,
encontré al mundo un poco cambiado.
El oxígeno que necesitamos para respirar,
correr en el parque, jugar en las hamacas...
¿De dónde viene? ¿De las heladeras?

—¡NO! —dice al unísono la clase de unos niños de seis años.

—¿De los autos?

—¡NO!

—¿De las baldosas?

—¡NO!

—¿Del cemento?

—¡NO!

—¿De las bocas de tormenta?

—¡NO!

—¿De los aires acondicionados?

—¡NO!

—¿De los ventiladores?

—¡NO!

—¿Del alumbrado público?

—¡NO!

—¿Entonces de dónde viene?

—¡De las plantas!

—¿Y las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Pero todas las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Entonces por qué la gente no lo sabe?

—¡Porque son burros!

...Haber crecido tanto, para olvidarlo.




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