lunes, 29 de junio de 2026

Infinito

Si no aprieto pausa
o si no me levanto
de mi silla
a cambiar la cinta,
la historia vuelve a repetirse
infinitas veces
desde sus comienzos
hasta llegar a su final
infinitas veces.

O hasta el final de los tiempos,
que es cuando se rompe la cinta
y una luz blanca nos ciega los ojos.




viernes, 26 de junio de 2026

Hay una mosca en el colectivo.

Hay una mosca en el colectivo.
No sé en qué momento subió.
Ella vuela en sentido contrario
al que avanza el colectivo,
como si buscara un asiento,
una ventana abierta.
Debería haber carteles para moscas,
así ellas sabrían por dónde bajar.

La mosca se impacienta
porque ve campo y campo.
¿Será una mosca de ciudad?
Es aquí donde tiene que bajar.
Aunque la mayoría de los asientos
están vacíos,
la mosca no se sienta.
No quiere acostumbrarse a esta comodidad
de viajar sentada.
«Tiene alas», pareciera decirme,
que no soporta esta demora.
Ahora mira la ventana que da al sol,
ahora se posa en el vidrio de la otra.
Pareciera ser la única
que no soporta el encierro.

Yo miro dónde tengo que bajar.
Me levanto, me aproximo a la puerta, toco timbre.
Espero que el colectivo se detenga.
La puerta se abre.
Espero que la mosca baje.
Ella me ha observado todo este tiempo;
agradece que le permita bajar primero.

El colectivo se va.
Yo miro a mi costado,
espero al cruzar.
Ya no la encuentro.
Una mosca pasa desapercibida en la ruta.
¿Cómo sabré que es la misma mosca
si la encuentro en otro viaje?
Esta mosca era distinta a las otras.
Algo me dice que sabía adónde iba.




miércoles, 24 de junio de 2026

vox populi

Nunca fue muy fiel que digamos,
pero tampoco era vox populi
que le metía los cuernos con medio pueblo:
en el trabajo, con los del club,
cuando estaba en el bar.
Con los amigos del club y de la sede social;
y cuando estaba en el club social
se cruzaba al bar para organizar alguna escapada
al primer cuartito desocupado de la zona.
En la casa, como en los lugares más variados.

Dicen que el matrimonio es la tumba del amor,
pero para ella fue su renacer sexual.
Nunca fue tan así,
pero saberse casada le dio como un empujoncito.
Todo era normal, hasta rutinario,
salvo cuando al fulano este, para una fecha,
se le dio por morirse.

Dicen que la muerte mejora a los difuntos;
pero con el de ella, fue tan así
que comenzó con abrirle los ojos.
Desde que murió, siente como que la miran
todo el tiempo desde el cielo
Eso la llenó de culpa, de saberse observada
hasta cuando está en el excusado.
Su presencia fantasmal no la dejaba en paz.
Hasta que una de esas noche no aguantó más
y se fue de madrugada al cementerio.

Saltó la tapia de una,
con uno, dos o tres más,
y ahí, sobre su tumba,
al lado del florero de vidrio
con el ramo de flores frescas del mediodía,
le volvió a meter los cuernos,
en presencia de todas
y todos las tumbas y lápidas del cementerio.
sin importar su género o condición.

Solo faltó esa noche, que la filmaran.




lunes, 22 de junio de 2026

Bicéfala

Bicéfala
Es extraña la Bicéfala.
Para el Registro Civil son dos personas.
Para un médico son dos corazones.
Pero paga un solo pasaje de colectivo.
Comparten la misma cama,
el mismo novio y el mismo marido.

Pero son dos personas distintas
con la misma vagina
y las mismas piernas y el mismo culo.
Cagan juntas aunque comen distinto:
una come mientras la otra ya está llena.
Una quiere dormir, mientras la otra
quiere leer un libro.

Siempre somos tres en la cama...
O cuatro, si la otra no me aceptá.




viernes, 19 de junio de 2026

Stydio frente a una clase

Stydio está de pie,
delante de un pizarron verde.
con tiza está escrita esta frase:
«Si los pastos conversaran,
esta pampa le diría
de qué modo la quería,
con qué fiebre la adoré».

A su lado tiene un atril
con una ilustración de una heladera,
la foto de un auto, la baldosa de una vereda rota
y otras láminas para respaldar sus conceptos,
que las irá desplegando
con el correr de su tesis.

.

—Díganme ustedes, que ando un poco confundido
y no recuerdo cómo funciona el mundo —dice Stydio—.
Hoy me desperté después de dormir
un rato la siesta, comí algo que me cayó mal.
Cuando desperté,
encontré al mundo un poco cambiado.
El oxígeno que necesitamos para respirar,
correr en el parque, jugar en las hamacas...
¿De dónde viene? ¿De las heladeras?

—¡NO! —dice al unísono la clase de unos niños de seis años.

—¿De los autos?

—¡NO!

—¿De las baldosas?

—¡NO!

—¿Del cemento?

—¡NO!

—¿De las bocas de tormenta?

—¡NO!

—¿De los aires acondicionados?

—¡NO!

—¿De los ventiladores?

—¡NO!

—¿Del alumbrado público?

—¡NO!

—¿Entonces de dónde viene?

—¡De las plantas!

—¿Y las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Pero todas las malezas son plantas?

—¡SÍ!

—¿Entonces por qué la gente no lo sabe?

—¡Porque son burros!

...Haber crecido tanto, para olvidarlo.




miércoles, 17 de junio de 2026

Vértigo en el piso 226

Ella amaneció temprano;
solo una tela vaporosa la cubre en el balcón.
Curiosa, observa cómo los buques salen
de la bahía y pasan bajo
el puente que cruza el río de arena y barro.
Se hacen diminutos, casi insospechados
al posarse sobre el horizonte.

—Nadie ha llegado tan alto —le digo—.
Solo las golondrinas, sobrevuelan  este balcón.
Caer desde estas alturas
te mataría —le comento,
para que se aleje de la orilla.

—Vivir en el suelo me mataría.
No lastima tanto el golpe
como el lugar, el destino donde caes.
Caer me mataría
una vez que he llegado tan alto.

Dicho esto, se elevó
sobre sus pies...
para sellar este silencio
con un beso.




lunes, 15 de junio de 2026

Espacio tiempo

Espacio tiempo bis

Supongamos que la vida
fuese una copa en movimiento
a punto de romperse en mil pedazos.
Ese tiempo que transcurre en que la copa es copa
y la copa son sus mil pedazos
de la copa que una vez fue...
Todos esos instantes es una vida. Para nuestra percepción son cien años;
lo que para una copa es un instante.

espacio uno
Aunque nuestros sentidos nos demuestren
que estamos en el mismo espacio, la Tierra
viaja por el cosmos alrededor del Sol, y el Sol
alrededor de su galaxia, y la galaxia
se aleja en el universo, y el universo
se expande a través de la nada.
Nuestros sentidos nos dicen
que estamos en el mismo lugar,
una primavera más o menos;
que compartimos las mismas ciudades,
lugares, en las que vivieron nuestros ancestros,
padres y o abuelos.
Sin embargo, la Tierra viajó todo ese tiempo,
el universo se expandió
a velocidades siderales por el cosmos.
Si por una magia pudiéramos ver los espacios del cosmos,
veríamos que los espacios de nuestros abuelos,
(la copa rota), no ocuparían en el mismo sitio,
mis coordenadas en el espacio.
El cementerio ya no está en el mismo lugar
de hace cincuenta años atrás. Aunque creamos
que estamos sentados en el mismo asiento,
el tren ya se movió cinco estaciones más adelante.

espacio tiempo
Supongamos que mis padres hoy vivieran
y estuviéramos viajando en el mismo tren,
compartiendo asiento,
y hace cinco estaciones se hubieran bajado
y el tren continuo asi su curso.
El tiempo y el espacio no serían lo mismo:
sería inútil hablar con ellos,
aunque mis intenciones fueran válidas.
Sin embargo, las personas siguen hablando
con otros sin compartir el mismo espacio-tiempo.

tiempo
Supongamos que alguien con quien hace
veinte años que no compartimos
los mismos espacios, lugares comunes,
y por una de esas casualidades nos encontramos
en el mismo asiento, del mismo tren...
¿Eso no sería como viajar en el tiempo?
Aunque la fantasía prevalezca
de que el tiempo para ambos no haya pasado.

tiempo dos
Mis padres hace diez años que murieron.
Existe la fantasía de que mis padres
hoy tendrían noventa y ochenta y cinco años,
pero eso es como viajar en el espacio-tiempo:
mis padres no pueden estar hoy acá,
como yo no puedo estar quince años atrás.

espacio tiempo dos
Stydio, con todo esto
y otras anécdotas más, anima
fiestas infantiles, casamientos, cumpleaños.
No es mago ni mucho menos músico,
pero cree que es mucho más académico
que enseñar en una universidad privada.




viernes, 12 de junio de 2026

Los presentes

Los presentes en esta reunión familiar
acordamos
de no hablar ni de política,ni de religión.
Nos sentamos
a la mesa con esa única condición.
que esta comida familiar
no se vea alterada, por un mitin político
o una manifestación religiosa.

Ricardo dice que iba a decir algo,
pero mejor no lo dice, porque no lo cree muy oportuno
En la otro extremo de la mesa, el señor Javier:
—Si abro la boca se enfrían los ravioles,
me altero y se me van las ganas de comer.
Mejor me reservo mi opinión
para otra oportunidad.

Otro dijo en la mesa:
—Ayer vi por la tele algo, pero creo que no puedo decir lo que vi.
Otro dijo casi lo mismo, pero que lo escuchó.
A otro le comentó un cliente, pero ahora no puede decir nada
lo que el cliente le dijo.

—Nunca dije nada, porque lo que podría llegar a decir
podría pecar de poco interesante.
Esto podría ser
mi oportunidad para decirlo,
pero si lo pienso, mejor no lo digo.
—¡Decilo! —alienta la mayoría de la mesa,
aturdidos de tanto silencio—.
Ya que no podemos hablar ni política ni religión,
te escuchamos.
—Bueno, lo digo.

El más niño de la mesa
sin levantar su mirada del plato
y sin dejar de hacer
circulos concentricos ,
con el revés del tenedor dentro del tuco,
dijo:
—Siempre me gustaste, Mecha,
aunque seas mi prima mayor.
Aunque ahora me veas muy niño, te prometo crecer algún día,
si me querés demasiado.
Y aunque nunca podamos hablar de política ni religión,
podemos estar un tiempo largo
tomados de la mano.




miércoles, 10 de junio de 2026

Gorra color marfil

Cuando la vi en el local,
en la tienda,
la vi como esas cosas
a las que uno no les presta atención
porque las supone eternas,
como el cielo o un atardecer.
Por eso ,estaba más preocupado
por el precio de los porotos de alubia
que por el color de sus cabellos,
su sobretodo color marfil,
con su gorro del mismo tono de béisbol,
sus lentes ahumados
y su bolso marrón símil cuero
que lo utilizaba a la vez de escudo.

Cuando la volví a ver,
estaba en la línea de cajas:
elegante, torpe y nerviosa.
Ahí me di cuenta
que no la volvería a ver más;
que eso que por momentos
me hizo feliz,
nunca estuvo en venta.
Que no era parte de ninguno
de sus estantes, pasillos o mobiliarios.

Cuando salí del negocio apresurado,
buscando encontrarla
La ciudad se la había tragado:
era una gota más en el océano.




lunes, 8 de junio de 2026

Cosecha temprana

Desde las polvorientas tierras
mendocinas, con cálidos ácidos,
suave perfume a pimienta y una
culminación dulce a nuez en la boca,
llega esta niña de diecisiete años
recién cumplidos y una documentación
falsa que dice tener ya veintidós.

Sabe insultar en seis idiomas:
polaco, inglés, francés, mandarín, quechua
y antiguo español; mantiene una interesante
conversación solamente en su lengua. Tiene interés
en las plantas, botánica, el cosmos, los animales
y los pájaros. No mide más de un metro cincuenta,
pero es ágil y ligera. No hace nada mal a la cintura,
dicen los que la probaron.

Pero ella puede quedarse quieta largas horas,
especial para posar para un cuadro,
hacer de extra en un escenario.
Tiene buenos modales, sabe guardar un silencio,
no habla cuando come.
No es un robot, no es una IA: es profundamente humana.
Tiene sus tiempos y tristeza, pero es muy trabajadora;
cuando se propone algo siempre lo logra, y más en una cama.
Da un excelente servicio de cama: tiende la cama
como una experta, es muy ordenada.
Sus ojos son dulces, cenicientos, cuando uno
la contempla por un buen tiempo.
La entrega se hará el día y hora donde
el cliente lo requiera, por avión y con absoluta reserva.

Empiezo la subasta.
—Mil quinientos millones de petrodólares, para el hombre del turbante.
—Dice el doble —el hombre vestido de cowboy, más quince misiles antitanques.
—Quinientas veces más —dice la señora con el tapado de armiño, más unas tapas en una revista.
—Doscientas veces más —dice el hombre que lleva puesta una mitra papal, más un arzobispado.
—Un millón de denarios —dice el humanoide con cara de serpiente.
—Quintuplico la suma, más una isla griega —dijo el hombre de capa negra que sostiene un bastón con cabezal de calavera, junto al enano con sonrisa diabólica, mientras se frota las dos manos.




viernes, 5 de junio de 2026

El lingüista

El lingüista era desde antes,
desde antes de saber
que lo era.

Si había algo
que lo indignaba de sobremanera
era la economía del lenguaje:
habiendo tantas palabras
con distintos significados,
tantas letras que tiene el abecedario.

Que las ovejas, seres tan disímiles,
lejanos a las abejas,
llevasen casi el mismo nombre
salvo por una letra,
con significados tan diferentes.
Quien nombró a las abejas, abejas,
y ovejas a las ovejas, nunca vio
una oveja al lado de una abeja.
Quien nombró a la una
o no sabía la existencia de la otra.

Porque un hipopótamo es un hipopótamo:
la palabra sola nos dice "ojo, que este
es un bicho extraño",
que en nada se parece a una oveja, como vaca a un caballo.
Es tan difícil llamar mesa a la mesa y silla a la silla.
Quién pudiera llamar abejas
a un animal tan diferente a una oveja.

Siendo que las abejas son unos insectos
que vuelan y no son pájaros,
y las ovejas balan y no son una escopeta.
Mientras a una le sacan la miel de sus colmenas,
a la otra la esquilan de su lana.
Mientras las unas pastorean,
las otras vuelan de flor en flor, se alimentan de néctar.
No era tan difícil diferenciarlas.
Pero a alguien se le ocurrió nombrarlas
casi de la misma manera
con nombres semejantes,
salvo por una letra.

Mas luego entendió, ya cuando pasaron los años,
diez o quince años de escuela,
le fueron machacando la cabeza
que abejas se escribe con b larga
y ovejas con v corta.




miércoles, 3 de junio de 2026

Pozo rustico, bajo la luz cálida

Por fin había llegado.
Tantos preliminares, nada casuales,
para terminar en esta noche,
en este mismo cuarto.
De pie, delante del nicho de roble,
ella ya desnuda lo esperaba,
tendida de caderas
sobre la aterciopelada noche
y sus pies elevados, colocados estratégicamente
sobre los hombros de su esperado mancebo.

Le quitó las bragas, el último bastión
de su dignidad profanada.
Deslizo su nariz, sobre la tela de fino encaje
como quien descubre los atributos
de un vino
desde los fulgores de una copa.

Puso sus manos oscuras, profanas,
sobre la piel blanca, como recién
llegada de la distante Europa.
Abrió sus labios de la vagina recién descubierta
y allí vio para sus adentros, como quien
se asoma al pozo de agua de un aljibe
para pronunciar su eco:
y ahí mismo él estaba,
su imagen retratada desde arriba
abriendo esa misma vagina
infinitas veces.
Tantas, que le resultó imposible
descubrir sus comienzos.




lunes, 1 de junio de 2026

Viven en el campo

Viven en el campo, se alejaron de todo:
del smog, de la 9 de Julio, del ruido.
Recorrieron cientos y cientos de kilómetros
por una ruta que hiere el paisaje de muerte,
con un sol dorado por único testigo,
nubes de cielo, de pájaros y de polvo.
Pasto y más pasto agreste con las cuatro estaciones;
con un atardecer hacia el oeste y un amanecer muy temprano por el este.
Por las noches, un viento norte cálido; y por la madrugada, un viento sur helado.

Vivir aquí no les acarrea ninguna dificultad
si no fuera porque ambos son exhibicionistas.
Si no tuvieran ese amor propio
fijado en la mirada ajena,
esa postrimería de lo cercano y prohibido.
De un tiempo a esta parte les ha bajado la libido a límites insospechados.
—No es la edad —se dijeron el uno al otro—.
—No somos nosotros —aseguraron convencidos—: es esto.
Y ahí estaba la pampa gringa:
dos o tres fierros viejos
del año del ñaupa, oxidados,
el ombú
y el rancho con la última tecnología,
mudos testigos de su drama.

Insistieron, no lo voy a negar yo,
que de la libido ajena sé poco y nada.
Mas nunca se dieron por vencidos,
jamás flaquearon;
ante la primera frustración,
como frente a los vientos huracanados,
apenas cedieron un palmo.
Probaron frente a una tropilla domada,
aferrados a un alambrado
junto a un nido de hornero vacío.
Lo intentaron hacer tras un bosque de eucaliptos ,
ni correr detrás de una segadora
les arrimó las ganas;
o dentro del tanque australiano lleno de agua verde, en pleno verano:
nada de esto funcionó ni les trajo un poco de alivio,
como le atrae un aguacero
al campo en pleno verano.

Dos por tres se dan una escapada
a alguna de esas fiestas provinciales:
como la de la papa
o la del morrón colorado.
Con solo ver a esa gente rumbeando toda
para el mismo lado,
hipnotizadas por las luces
de un parque de diversiones,
ahí siempre se encuentran un lugar
detrás de un puesto de panchos de campo
o arrimados a una antigua pared de barro
que da a lo oscuro, o al descampado.

Es como si regresaran a sus mejores bríos,
recuperaran su mejor versión,
y sus peores temores estuviesen intactos.
Ahí nomás, al fondo del baúl de madera
que una vez abrió la fulana Pandora:
esa que nos maldijo, con doce años vacas flacas
y uno año bisiesto de yapa.
Pero ahí, en el fondo del tarro,
estaba la esperanza.
Cosa linda, que no conocíamos antes;
es que antes ni esperanza teníamos.
Por pararse en la primera
uno se pierde la moraleja del cuento.
Por apresurado uno se pierde.
Como dicen ahora los post-créditos:
"Pará, pará, que ahora vienen los fulanitos estos",
y yo ya no estoy para estar tres horas
sentado,para no ir al baño.
Pero al final la Pandora esta
resultó ser buena, como era la gripe antes
que nos tiraba unos dias en cama
pero nos libraba de de nuestras obligaciones.
Para cada julio hay un agosto.
Estos dos fulanos no podían estar
muy lejos de un pueblo,
y venían para quererse un poco más,
porque eran unos exhibicionistas.
Exhibían su amor como quien tiene una pilcha nueva.
Porque, ¿quién se va a poner una pilcha nueva
para estar dentro de un rancho,
por sentirse a gusto nomás?
Ya no hay intimidad.
Como dicen ahora: todo está en las redes.
Hasta le hemos perdido el gusto al locro
si no está en Instagram, ese boliche
de moda al que todos van
y yo no he ido ni una vez.