viernes, 31 de julio de 2026

Al final pasó el invierno

Al final pasó el invierno
sin Pena ni Gloria.
Pena era un amigo de mi infancia
que, por su nombre,
desde su crianza tuvo la extraña sospecha
de no tener un mejor porvenir;
más bien alejaba a las almas tímidas
y bienintencionadas,
y no tanto a aquellas
que se aprovechaban de su nobleza.

Y Gloria, que era una hermosa mujer
que de joven tuvo la fortuna
de envejecer muy rápido,
que por única alegría
sostiene la extraña costumbre,
por las noches sin luna,
de ahuyentar a los asaltantes de caminos.
No hay más que escuchar su risa
para entender lo irracional
que nos resulta a veces
a los mortales, la emoción del miedo.

Éramos tres extraños
con sus insignificancias
y una multitud de soledades.




miércoles, 29 de julio de 2026

Sería muy egoísta de mi parte

Sería muy egoísta de mi parte
decir que vivo en una pecera,
en una esfera de cristal
con agua y un galeón hundido en su fondo,
sin describir el mundo
en el que vive mi amada.

Como no distingo los centímetros
de los metros, salvaré esta distancia
diciendo que su cuarto, su hábitat
de emperatriz de las hadas,
es mucho más chico que un océano
pero no mucho más grande que una pecera.
Se puede decir que disfruta de los techos
de una ciudad antigua y a la vez moderna,
querida y deseada por las multitudes,
que en parte por yuxtaposición
ese deseo, se lo brindan a ella.
Que sus luces también la deslumbran,
de una buena vista de su ventana;
pero por las noches duerme en penumbra:
en su velo no se cuela
ni una lumbre de una estrella.
Disfruta de las luminarias de una torre
que, a mi padecer,
se me antoja distante y lejana,
y estrambóticamente iluminada.
Como si tuvieran miedo,de una de estas noche
se les fuera a perder,
caerse del mapa.

Pero no soporta sus días estivales.
No por eso ha perdido sus encantos:
el eco de sus pasos sobre el empedrado.
Como no tengo ovarios,
desconozco qué significan sus dolores,
que ella comúnmente padece
convaleciente en una cama,
sin aliento, con la sola compañía
de un pequeño molino de viento
que despotrica su brisa sobre su cara
y una bolsa de goma recientemente
sacada del refrigerador,
fría como vientre de sapo.

Me duele este amor de cristal,
esta pecera mal decorada,
este laberinto de días y noches,
cuando ni siquiera sus ojos soñadores
me miran,
cuando me alimenta con un solo desdén,
como quien deja caer
una lluvia de hojas secas
sobre un espejo de agua.




lunes, 27 de julio de 2026

La mujer barbuda

La mujer barbuda
se afeita frente a un espejo
mientras la escucho que me habla
desde la otra habitación.
mientras se mira al espejo;
mientras más se mira,
más detalles, imperfecciones,
encuentra en su cara.
Me dice que sus cejas...
una es diferente a la otra:
mientras una es larga,y distinguida
la otra es vulgar
y más corta

Le sugiero que no se afeite,
que sus pelos son casi imperceptibles, en su rostro
que sus cejas, aunque diferentes,
ambas son perfectas,
únicas para su mirada.

Ella está convencida
de que hay otra vida mejor que la suya,
y yo estoy convencido
de que no se va a detener
hasta encontrarla.




viernes, 24 de julio de 2026

La mujer vampira

La mujer vampira
llega de noche,
nunca de día.
—No tenés que hacerte mala sangre —
me aconseja, con sabiduría,
que nunca leyó en una revista de psicología.
Son siglos que juntan el polvo
en sus alas.

—Entregaste tu alma
a una mujer vampira —
me dice aterrorizada una amiga,
con un iPhone sobre la mesa.

La mujer vampira
va por el aire,
cruza los mares.
Percibo la sal en su boca,
el frío del témpano en su piel.
—Solo me pide un poco de mi sangre.
Eso del alma es pura mentira —
me cuenta la mujer vampira—.
Un día morirás como cualquier hijo de vecina,
encontrarán tu cuerpo disecado
como una flor que se quedó sin su vida.
Me aguardarás por la noche;
siempre vendré,
como una gata hambrienta,
por una copa de tu sangre caliente.
Por un lecho frío de muerte
para dos.




miércoles, 22 de julio de 2026

Dibújame

—Dibújame
como realmente
me ven tus ojos.
A continuación ella
tomó su libreta de apuntes,
un lápiz HB2 y comenzó
a hacer unos trazos sobre el papel blanco.
—No vale mirar —me sugirió.
Y puse mi vista sobre el horizonte.

Noté que al final de la plaza,
cómo las voces de la ciudad
se comenzaban a acallar.
Los pasos de los caminantes
se hacían más lentos y aletargados.
Y las primeras farolas...
Algunos coches venían con sus luces encendidas
y las sombras comenzaban
a confundirse con una leve penumbra.

—Ya puedes mirar —me dijo.
Ahí estaba, en el papel mate,
los trazos de un insecto con seis patas,
con un simpático suéter azul,
con bigotes de gato y mirada soñadora.
Astutamente erguido
sobre dos de sus seis patas.
A punto de ser aplastado
por un gran pie
con la suela agujereada.




viernes, 17 de julio de 2026

Stydio no se siente solo

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lunes, 13 de julio de 2026

El lingüista y el fóbal

El lingüista y el fóbal

Si la gente, las personas
de por acá, que usualmente
hablamos un español americanizado,
traído de los pelos,
metido en el barro,
rescatado de la calle
durmiendo al sereno,
en vez de decir «¡Gooool!»
cada vez que celebramos
un tanto,
vencemos el arco contrario,
dijeramos «¡Metaaaaa!»,
habría menos fanatismo en el fútbol.
Eso cree el lingüista
Y muchas personas. No perderían
La cabeza, parte de su corazón,
por ver un partido de fútbol.
Le dolería la cabeza y los oídos
de tanto escuchar «meta»
cada vez que un equipo
vence al arquero contrario.
Todos sabemos que las metas
en la vida son ficticias,
puramente imaginarias
e impuestas.
Muy difíciles de alcanzar.
Solamente creadas
para mantenernos ocupados.
Como pelearse por una estrella
o un sol inabarcable
para nuestra conciencia,
que de solo mirarlo
te hace arder los ojos.




viernes, 10 de julio de 2026

Lamento decepcionarlos.

¿Cuál sería
su reacción
si escuchara
a una persona adulta
recitar el Padre Nuestro
en voz alta?
En vez de decirnos «buen día»,
nos recitara el Padre Nuestro
en nuestra solapa.

No ya en una iglesia,
que vendría a ser como en una cancha de fútbol.
Un templo donde sus simpatizantes veneran,
alientan a un Dios con sus cánticos,
algarabía, gozando de su localía;
donde solo juegan los locales
y sin visitante.
Donde sus feligreses mayormente ganan
por goleada o por penales.

Pero donde en la realidad,
fuera de la cancha,
pasa totalmente lo contrario.
Donde hay guerras, crisis financieras.
Donde Dios ni corta ni pincha.
Hay que esperar la luz roja para cruzar un semáforo,
sin importar si Dios está con nosotros
o estamos totalmente desamparados.

¿Dónde escuchó recitar el Padre Nuestro?
Al costado de una cama,
si quien estuviera hablando
tuviera nueve años,
o detrás de una puerta cerrada
de una habitación donde descansa
un anciano.

Pero no... Lamento decepcionarlos.
Este es un hombre adulto;
ha adoptado la religión,
católico, apostólica romana,
como su salvación.
Como quien toma vitamina C
para sentir los alivios de un resfriado.
Como un amuleto
que erige sobre lo desconocido.
Y no encuentra mejor tarea
que demostrárselo al mundo
y a sus allegados
recitándole el Padre Nuestro.
Así, de corrido, sin quitar
ni agregarle una coma,
como canta una calandria
arriba de su nido.
Como si estas estrofas,
ya tan gastadas de decirlo,
hubiesen perdido su significante.
Un mantra, un salvoconducto
a un posible paraíso.




miércoles, 8 de julio de 2026

Música nocturna

Cada vez que pasa un coche
con la música a todo volumen,
eso me recuerda
las orquestas ambulantes
que paseaban su música
sobre la caja de un camión.

Lo triste que se ve una noche
cuando uno se aleja de una fiesta.




lunes, 6 de julio de 2026

¿Qué es peor?

¿Qué es peor?:
salir con una mujer
con la edad de mi madre,
unos veinte años mayor;
una mujer que podría ser mi hija,
unos veinte años menor;
o una mujer que tenga más o menos
mi misma edad,
que hayamos nacido juntos
por la misma fecha,
como si fuéramos dos siameses
separados al nacer,
pero de distintas madres;
o no salir con nadie,
quedarme aquí sentado, solo,
tomando unos mates, mientras
les narro una historia que viene a cuento.

Por eso días
de una temprana primavera, o más bien
los últimos de un añorado como, lejano invierno.
Para esa fecha
había una excursión, y ya para
la semana anterior todos los gurises
del séptimo C tenían una novia
del mismo grado,
como una pelota nueva a estrenar
para la próxima excursión
del Día de la Primavera.
Solamente quedaban algunos que otros despistados
como el que le narra esta historia
y una que otra chica más,
que éramos los únicos
sin sus respectivos cónyuges;
por eso de la presión social,
me vengo a imaginar ahora.
Teníamos los mismos álbumes,
juntábamos las mismas figuritas.

Y le pregunté, sin ánimo de comprometerla,
a una de estas gurisas del mismo grado
que por esos días se la veía sola y permanecía soltera,
si quería ser mi novia.
Creo, por la cara que puso,
de sorpresa más que de espanto,
que a ella no se le había pasado
por la cabeza tener un novio
justamente para esa época,
antes de haber terminado la escuela primaria,
sin saber qué iba a seguir estudiando,
bachiller o comercial,
ni mucho menos que yo fuese
el más indicado.

Pero como todos ya tenían
un noviecito o una compañera
con la cual continuar sus días tomados de la mano,
a la pobre no le quedó otra
que verse sola hasta el final de sus días
o aceptar mi desinteresada compañía.
Dijo que sí,
como si le pidiese compartir el mismo banco
o un bocado del mismo sándwich de la merienda.

En esa época no se estilaba
estar mucho solo. Por suerte llegó el veintiuno;
a nadie le pintó mucho
eso de ser novio. Subimos a los árboles,
corrimos tras una pelota, jugamos
a la mancha venenosa o a la escondida:
a hacer un poco más de chicos
que de grandes.




viernes, 3 de julio de 2026

Con las expectativas bien altas

Andar por la vida
con las expectativas bien altas
es un error.
No confundir con la frente bien alta.
A la realidad le encanta
bajarte las expectativas de un hondazo
y cagarlas a trompadas.

Las suele esperar subida a la
a la horqueta de un árbol,
haciendo equilibrio
sobre un semáforo, cerca de una nube.
No hay una expectativa
que no haya tenido
su encontronazo con la realidad.
La realidad es como una fiera embrutecida,
como si fuera una jauría de perros enfurecidos,
y las expectativas son seres tan indefensos
como si estuvieran hechos de jabón y un suspiro de nuestro aliento.

¿Nunca vieron una pompa de jabón perseguida por un perro?
No sé qué les divierte; nunca se pusieron
del lado de la pompa y su efímera existencia.
Es como la luz
del día para nuestros sueños,
o las doce campanadas de medianoche
para Cenicienta.
La sola mención de la realidad las disuelve.

A la realidad no le gustan las expectativas,
por eso no hay que andar diciendo
que uno tiene una en casa, o en el club.
¡Shhhhhh!
Ojito con la realidad
cuando se disfraza de expectativa
y nos cita en un bar,
a los ojos de todos.




miércoles, 1 de julio de 2026

Recreo

Es hora de un simpático recreo
y los púberes atienden este período
de distracción, caminando por el patio
en una zona arbolada llamada parque,
y otra por una galería de cielorazo de madera
y techo de teja.
Me acerco para oír lo que discute
esta simpática pareja en la puerta del bufet.

La niña tiene en su mano un arrollado de jamón
y queso, y en la otra una pequeña botellita
de una popular gaseosa. El otro personaje en cuestión
es un niño un poquito más menudo; luce pecas
en el rostro y un corte de cabello tipo taza,
dejando sus dos orejas a la intemperie,
al desamparo de lo que un dia fue, un cabello largo,
y una separación en sus dientes
que le da un aire caricaturescoa su sonrisa.
Tiene pantalones cortos que no cubren sus tobillos
y lo que parece ser un libro de física cuántica
en una de sus manos, que recientemente
ha retirado de la biblioteca. Ahí están los dos
conversando. Hagamos silencio
para escuchar de qué hablan.

—Una personita gorda,
obesa, come hidratos de carbono
en cantidades industriales
de comida procesada, para llenar
ese vacío de afecto que tuvo
en su temprana infancia.
Ese dolor no se colma
comiendo papas fritas
a la salida del cine.

—Una persona estúpida,
que carece de una inteligencia
inferior a lo normal,
a la de un chimpancé,
e indefinidamente inferior
a la de sus congéneres.
No porque se cayó tempranamente de su cuna
o le faltó oxígeno en su placenta
cuando ni siquiera era una persona,
sino porque careció
de un desarrollo cognitivo,
aprendizajes y juegos, y porque jamás
fue escuchado; y oculta
ese déficit de atención filio-parental diciendo estupideces,
sandeces, al primero que se le cruce
en su conflictiva realidad.

Así que hacete a un lado
si no querés que te haga tragar
de una trompada ese libro
que seguro no leíste,
porque estoy segura
que no lo entenderías.
Chau, ya no quedan más arrollados,
me llevo el último, hasta mañana.

Creo que aquí nació el amor.