viernes, 5 de junio de 2026

El lingüista

El lingüista era desde antes,
desde antes de saber
que lo era.

Si había algo
que lo indignaba de sobremanera
era la economía del lenguaje:
habiendo tantas palabras
con distintos significados,
tantas letras que tiene el abecedario.

Que las ovejas, seres tan disímiles,
lejanos a las abejas,
llevasen casi el mismo nombre
salvo por una letra,
con significados tan diferentes.
Quien nombró a las abejas, abejas,
y ovejas a las ovejas, nunca vio
una oveja al lado de una abeja.
Quien nombró a la una
o no sabía la existencia de la otra.

Porque un hipopótamo es un hipopótamo:
la palabra sola nos dice "ojo, que este
es un bicho extraño",
que en nada se parece a una oveja, como vaca a un caballo.
Es tan difícil llamar mesa a la mesa y silla a la silla.
Quién pudiera llamar abejas
a un animal tan diferente a una oveja.

Siendo que las abejas son unos insectos
que vuelan y no son pájaros,
y las ovejas balan y no son una escopeta.
Mientras a una le sacan la miel de sus colmenas,
a la otra la esquilan de su lana.
Mientras las unas pastorean,
las otras vuelan de flor en flor, se alimentan de néctar.
No era tan difícil diferenciarlas.
Pero a alguien se le ocurrió nombrarlas
casi de la misma manera
con nombres semejantes,
salvo por una letra.

Mas luego entendió, ya cuando pasaron los años,
diez o quince años de escuela,
le fueron machacando la cabeza
que abejas se escribe con b larga
y ovejas con v corta.




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