lunes, 19 de octubre de 2026

La tía María venía desde el barrio de Flores

La tía María venía desde el barrio de Flores
de vez en cuando, o cuando se le atragantaba una nostalgia
y no la podía
hacer bajar con un trago de agua.
O más bien, cuando había
terminado de tejer un pulóver,
viajaba en tren con su regalo
Y con una palangana repleta de ravioles caseros,
tapados con un repasador
y un fardo de ropa vieja que ya no le interesaba
tener en el ropero.
En ocasiones llegaba los domingos
o mas bien un día feriado.

Había mates, facturas y pastelitos
y miradas hacia el pasado.
Y les sobraba tiempo
para volver, hacer el tuco para los ravioles.
Picaban la cebolla,
ajo, perejil, tomates de quinta
qué traía de pasada.
Todo se ponía a cocinar junto
junto con la carne al fuego.
Cuando el tuco, luego de varias
degustaciones, se daba el visto bueno,
se ponía el agua en una olla
para hervir los ravioles
que toda la noche
la tía María había estado amasando.

Stydio en eso
tuvo una conversación consigo mismo.
Se apartó del resto, o lo dejaron solo,
y en eso escuchó una voz
de una presencia fantasmal,
igualita a su padre pero un poco más viejo,
que le dijo, mientras agarraba la pava
del mate medio frío y se cebó un amargo:
—Yo sé que sos vegano y no comés carne —le dijo Stydio del futuro a Stydio—,
y te conmueve la mirada de un ciervo
y serías incapaz de apartar una oveja
de su cordero. Pero viendo los acontecimientos,
lo que este mediodía o tarde se está cocinando,
no sé con qué cara le vas a decir
a la tía María que no vas a comer los ravioles del domingo.
Porque si no comés estos ravioles,
te juro, como que conozco un poco todo esto,
te vas a arrepentir toda tu vida
de no devolverle a la tía María, con un poco,
lo mucho que te ha dado.
Tomó un pastelito hojaldre, que estaba solo, medio huérfano,
y lo levantó del plato para que lo acompañara,
y sin mediar palabras ni un hasta luego,
rumbeó para otra parte.

Stydio entendió el mensaje, se sentó a la mesa,
dejo que pasara aire por su garganta,
lo bajó con un poco de agua,
se comió todo su plato de ravioles.
Como si esto no fuera suficiente,
limpió el tuco del plato con una rodaja de pan
y puso cara de estar escuchando.
y pidió un escarbadientes, de buen modo,
para tener una sonrisa decente.
Y se puso el pulóver tejido nuevo,
ese que le había regalado,
que para la época le quedaba grande,
que ahora no se lo saca ni cuando llega el verano.




viernes, 16 de octubre de 2026

Hemos creado un edificio

Hemos creado un edificio,
una corporación.
En cada piso hay un universo,
en cada departamento hay un mundo,
cada puerta una realidad paralela, única, inexplorable
para nuestra investigación y entretenimiento.

Está el mundo donde impera la ley del más fuerte;
el de la ley del más justo;
donde no hay guerras ni leyes;
donde no han descubierto cómo someter al fuego,
no hay tribus, no hay ganados.
Un mundo donde la gente camina, camina
sin conocer el descanso,
no han aprendido a detenerse
donde se muere de agotamiento
y cansancio.

Y está este otro, donde no se camina ni un metro:
los hombres han desarrollado en su cuerpo
el poder de la fotosíntesis.
Tienen hojas y un tronco leñoso, se parecen a los árboles;
solo que estos no necesitan del viento
para mover sus ramas.

Y este otro que hemos creado recientemente,
que ha tenido altos niveles de audiencia.
Este mundo tiene la particularidad
de que no hay mujeres:
solo hombres, ancianos, jóvenes.
Pero nos hemos ocupado
de informarles, con historias, leyendas,
daguerrotipos, de lo que es una mujer,
qué se siente, con lujosos detalles,
de la cercanía, de la presencia
de su sexo;
acostarce con una mujer
con una, con dos o con tres
o varias a la vez.
No hay mujeres,
pero es en lo único que piensan,sueñan, desean.
Se enferman, se curan
pensando en ellas.
Hemos creado un paraíso
ficticio, imposible de realizar.
Hemos creado miles de adanes
hambrientos de una manzana.




miércoles, 14 de octubre de 2026

A veces tengo unas ganas

A veces tengo unas ganas
irrefrenables de ir tras de una manada,
a un Movistar Arena,
perderme en la multitud de un estreno de Marvel,
o peor aún, de comprarme un iPod nuevo.
De correr tras la protección
que da una manada hasta el poniente.

Sé que todo esto es pasajero.
Que al iPod 11 le seguirá el iPod 12.
Que la camiseta de un equipo
cuesta mucho más, a la víspera de un campeonato
que en las postrimerías de su derrota.

Que estas ataduras son momentáneas.
Que estas cadenas de licántropo
son hasta que la luna se acalle.
Que estas rejas, más que apartarme del mundo,
me protegen del afuera.
Que a veces soy el lobo y otras más
me toca ser de cordero.




lunes, 12 de octubre de 2026

Los habitantes del hoyo

Los habitantes del hoyo
vivimos en la oscuridad,
que sería perpetua
si no fuera por este hoyo
que está sobre nuestras cabezas,
sobre nuestro cielo.
Centro, concavidad
donde la luz del sol
nos penetra.

Adoramos su luz,
la luz del hoyo.
Le hemos puesto un nombre,
señal de que nos pertenece,
es nuestra.
Vivimos en un agujero,
sucumbimos, perecemos.
Se nos va la vida
tratando de entrar en otro.




viernes, 9 de octubre de 2026

Qué hacés, Pelusa

— Qué hacés, Pelusa
No te había conocido.
Sabés, ando un poco rengo,
el veterinario me dijo
que es la cadera.
Me cuesta un montón saltar la tapia;
si no me ayudan, no salgo.
¿Y vos adónde vas?

—Voy al cole a buscar a la piba,
a hacerle un poco de fiesta,
moverle la cola.
Siempre se le cae un dulce, un chatrán,
o me tira con una pelota.
Volvemos a los gritos, corriendo, saltando por la vereda.

—¿Viste lo que le pasó a Colita?
—No, ¿qué le pasó... al turro este?
—Lo adoptó una señora de Barrio Norte.
—No, no me digas...
—Sí.
El primer día lo bañaron y le cortaron el pelo.
Le dieron no sé cuántas vacunas
que nunca se le habían dado.
Y para terminar la fiesta, lo castraron.

Él está bien, me dijo los otros días
moviendo la cola.
Lo vi por Plaza San Martín,
no pudimos hablar mucho
porque la tipa le tiraba del collar,
no le dejaba que hablara conmigo.
En pocas palabras:
me dijo que está bien,
que duerme en un sillón
sobre una manta. El tipo extraña la calle,
se le nota en la cara.
Extraña revolcarse en la tierra, oler a perro muerto
y por las mañanas chumbear al diariero.
Qué se le va a hacer...
Qué poca dignidad
Lo que hacen
las personas por un plato de comida.




miércoles, 7 de octubre de 2026

Todos sabemos

Todos sabemos:
el campo es una unidad económica.
No existe como tal en el paisaje
como es la selva,los desiertos y las montañas.
Si alguna vez fue rentable el campo, por su extensión,
ahora ya no lo es, en las pequeñas parcelas.
en la economia de escala
Para ese caso se creó el turismo rural.
Como escribir poemas:
nunca fue rentable para el poeta,
y mucho menos para sus familias
y editores.
Como escribir los sueños, en los números de la quiniela.

Ahora los poetas y sus apócrifos
prueban su nueva oportunidad
en las mieles del turismo cultural,
haciendo provecho del alfabetismo
y la cultura de masas.
Ya basta de visitar bibliotecas foranea
de alimentar el algoritmo
como bicho malo
te muerde y no te deja tranquilo
una vez que se le da confianza
Turismo cultural se le dice ahora,
donde no hay que leer de dorapa
para no comprar el libro.
Donde los turistas visitan la instalaciones de vida de un poeta
en su tapera, o rancho en el fondo de la legua.
Como el cuarto de Van Gogh,
pero dentro de cuatro paredes mal revocadas
y un acolchado descolorido por el uso y el paso de los años.
Como dar con su abadía, con un acantilado de tiza
con su mar bravio y junto a su rompiente,
donde se juna una ventana poblada de miradas
de flores de múltiples macetas;
la cómoda cocina, mal iluminada, donde se cuecen
guisos y pequeños mal entendidos.

Ahí está el poeta, escribiendo sus memorias,
haciendo su ejercicio de introspección.
No es un doble, todavía no dan
los números para contratar una troupe
de actores, magos y malabaristas
que hagan las veces de amigos, conocidos, acreedores.
Ya no te colma el glamour,
de una alfombra roja, ni la biografia de los best-sellers.
Qué se le va a hacer. Pasa y ponete cómodo,
tomá asiento en algun sillon
donde no este un gato durmiendo ,
acomodá los huesos, desenchinza tranquilo
larga tus penas
Haceme saber de dónde sos, qué bondi te trajo.
Si te dan las ganas, te cebás unos mates.

En invierno cerramos a las 18 horas,
previa merienda con bizcochitos de grasa.
Y en el verano a las 20 horas, en short y en pata.
Abro cuando me golpeás la ventana.
La pieza da a la calle,
soy de levantarme temprano.
La habitación no cuenta con aire acondicionado
ni baño; hay un cuarto con letrina al fondo del patio,
siempre y cuando no esté ocupado.
Acepto viandas, mandarina criolla,
palta y tomates de quinta,
chismes del barrio.




lunes, 5 de octubre de 2026

Vivo con mi mujer

Vivo con mi mujer,
vivimos juntos.
Tuvimos esa etapa
en que nada nos importaba
salvo estar juntos.
Ahora esa etapa ha concluido:
tenemos hambre
y no hay trabajo.
Ella tiene hambre,
me duelen sus tripas
cuando crujen.
Tengo dos brazos,
y uno que no me sirve
para nada.
Me he cortado el brazo;
por milagro ha dejado
de sangrarme.
Ahora tenemos comida
hasta mañana.

Me queda el otro brazo.
Sin el otro
es como si tuviese un defecto,
tengo un TOC:
no soporto la imperfección,
esta asimetría.
La imperfección me duele más
que mi hambre.
Es el brazo derecho el que ahora
es el único brazo que tengo,
y ella tiene hambre.
Le he dicho que me lo corte,
no quiere, se niega a hacerlo.

Me he despertado sin el brazo derecho.
Ella está cocinando,
su humor ha cambiado.
Me paso todo el día acostado,
mirando el techo.
Tengo dos piernas que no me
sirven para nada.
Vivo con mi esposa, vivimos juntos,
ya sin mi brazos y sin una de mis piernas.
La veo salir al pueblo
a vender unos pastelillos de carne,
para comprar unos vestidos
y ponerse linda.

Creo que no viviré demasiado.
Al menos me queda ese consuelo:
que ella encuentre a alguien
con quien rehacer su vida,
alguien con dos brazos
y dos piernas.




viernes, 2 de octubre de 2026

Primero,estuvimos chupando tetas

Primero
estuvimos chupando tetas.
Mientras él me chupaba una teta,
yo me chupaba la otra.
Así estuvimos un largo rato.
Entonces me empezó
a chupar la concha, un besito aquí,
otro besito más allá.
Mientras yo le hacía una paja
con la boca, así estuvimos
otra media hora. Sumá
la hora que estuvimos tomando mate,
comiendo tortas fritas
y mientras buscábamos algo
en Netflix que no había.

En eso empezó a llover
y tuve que vestirme
y entrar la ropa.
Estuvo refeo el sábado.




miércoles, 30 de septiembre de 2026

Me recomendó alguien que sabe de esto

Me recomendó
alguien que sabe de esto,
de la buena lectura y mejor escritura:
que me aleje del texto
para tener una mejor lectocomprensión,
para aclarar mis ideas,
oxigenar la mente, estirar el cuerpo.
Es que soy muy ansioso, le explico,
muy sobreprotector de mis letras;
mi ansiedad no me permite
alejarme demasiado.

¿Cuánto es suficiente que me aleje?
¿Sesenta o cincuenta centímetros?
Es que soy corto de vista.
¿Quinientos metros, cuarenta,
cincuenta kilómetros?
¡¿Que me mude de ciudad?!
Que me vaya a otra provincia,
irme del continente,
conocer otros idiomas,
una mujer,
el mar, volar en globo,
hasta no encontrar
esa necesidad
de jamás volver
A esos textos que seguro
no necesito,
ni me esterán esperando.




lunes, 28 de septiembre de 2026

Se que en algún lugar

Se que en algún lugar
guardado deben estar
a la espera de que los tiempos cambien
o que alguien arrepentido,
suba al altillo
o descienda al sótano a buscarlos.
Pues todavía quedan registros fotográficos
de antiguas reuniones, cumpleaños, celebraciones.

Afortunadamente los tiempos cambian.
Allí tienen a mi abuelo,
que por costumbre, buena o mala
—depende del cristal con que se la mire—,
tenía la costumbre
de incursionar en períodos largos de caza .
Según decía , como parte de su memoria ancestral.
En cada incursión, escapada al Amazonas, África
o al Impenetrable, volvía con convoy,
vagones de trenes repletos
con sus trofeos que colgaba en nuestra casa,
ubicada en las afueras,
donde la familia huía del centro a pasar el verano.
En esa casa amplia, amoblada,
estaban exhibidas las antiguas incursiones
que desde su juventud temprana realizaba.
Ojos de vidrio incrustados en cuerpos disecados
de jabalíes, rinocerontes, elefantes, búfalos, nos miraban desde edad temprana.
Esta costumbre, aunque criticada,
fue aceptada como algo excéntrico,
que a la vez daba una pátina distintiva
y de prestigio a la familia.

Lo malo vino a suceder, cuando murió la abuela.
Dicen las malas lenguas, de un disparo en la cabeza,
Otros, dijeron de muerte natural
y están los que negaron su muerte.
que no murió, " Que paso para el otro lado".
El abuelo, con críticas severas de sus hijos,
yernos y hasta de un obispo
que comúnmente nos visitaba
como si fuera parte de la familia,
embalsamó el dorso de la abuela.
Con una mirada salvaje, casi sanguinaria,
que para el común de los mortales era desconocida.
Inflamó sus pechos de manera exagerada,
como una amazona extraída
de una isla lejana a nuestro conocimiento.
Entre otros trofeos, según mi abuelo, este del centro
destacaba por su altura y ubicación:
fue de lejos, su presa más preciada.

Luego los tiempos cambiaron,
y estos trofeos se fueron bajando
de uno en uno,
inclusive el del pez espada.
Aunque mi abuelo no era un asiduo pescador,
estaba en la casa.




viernes, 25 de septiembre de 2026

Los familiares cercanos

Los familiares cercanos
del señor Raymundo Torres, de 92 jóvenes años,
fueron reunidos en la escribanía
sita en Monteagudo, 4.º piso C.
Dicen los que hablaron con el que suscribe
que, apenas entraron a la oficina, encontraron
a su tíotataraabuelo sentado en una silla de ruedas
que utiliza comúnmente para sus largos traslados.
A su lado encontraba una jovencita de unos veinte añitos
bien cuidados, al cuidado de tu tíotatarabuelo.
Estaban citados allí para leer su último testamento;
no el último de hace dos o tres meses,
que de ahora en más queda anulado.

En este nuevo testamento dice el tío
—que de ahora en más vamos a llamarlo así—
que, viendo que la vida tiene un único desenlace
y que la muerte lo acechaba últimamente,
decidió juntar valor y proponerle
a la señorita Jacinta Del Solar Pérez casamiento
y buenas nupcias. Ella, tan requerida en el poblado,
de ahora en más echará un polvo diario en casa,
disponiendo más horas para ejercicios de meditación,
pilates, TikTok y zumba brasileña.
«Sepan entender mi última voluntad,
ya que tuve una vida larga y sacrificada;
por lo menos desearía morir feliz en los brazos
de quien me ha amado, por lo menos
en mis últimas veinticuatro horas,
y no solo, tirado en el suelo como un estropajo».

Por su parte, la señorita Del Solar Pérez
—«Jachi» para los amigos—
dice que jura amar a su tíotataraabuelo hasta
que la muerte los separe; que por su aspecto y años
no será por mucho. Y si no es así,
tiene suficiente valor y buena salud
para sobreponerse a la adversidad,
y promete ante los presentes cuidar de él y su memoria
hasta sus últimos pensamientos.

Al terminar de leer la secretaria, junto con el escribano
se juntaron con los presentes, testigos, familiares, en un interminable abrazo;
lloraron con signos evidentes de emoción
y descorcharon un espumante
que tenía el tíotataraabuelo guardado bajo la manga.
Y se fueron todos a una fonda de tenedor libre,
comieron y bebieron como si no hubiese un mañana.




miércoles, 23 de septiembre de 2026

LOS SUEÑOS DE DE NEPTUNO. Hoy Pornografia.

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lunes, 21 de septiembre de 2026

Da tanto fastidio que te quieran

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viernes, 18 de septiembre de 2026

El dildo. Qué le sucede con su dildo

El dildo... ¿Qué le sucede con su dildo?
No soy de usarlos, tener juguetes sexuales, digo;
me parecía muy sofisticado,
me resulta para nada familiar.
Pero para uno de mis cumpleaños,
mis amigas me lo regalaron. No digo
que nunca lo usé,
no soy tan prejuiciosa:
tres o dos veces por semana,
cuando estaba aburrida.
Pero nunca fue lo planeado.
El dildo estaba ahí, en un cajón
o un estante arriba de una repisa;
pero nunca pensé en él en las horas del trabajo,
o cuando salía a tomar algo y volvía tarde.
Pero eso con el tiempo, fue cambiando.

Empecé a recibir mensajitos de texto
de números extraños:
«¿Y cuándo vas a venir?»,
«Te extraño en la cama».
Cosas así, tan locas como impensadas.
No me dejaba salir tranquila.
Había un silencio extraño,
incómodo, cuando volvía al otro día,
por la mañana.
Lo empecé a hallar donde no lo había dejado.
Escuchaba golpes en la puerta
cuando estaba dentro del baño,
o se encendía la TV en horas más extrañas.
O cuando me acostaba a medianoche,
media borracha, despertaba
con él dentro de la enagua.

lo más extraño empezó a suceder
cuando recibía visitas,
o venía mi madre, o caían mis amigas,
de impreviso por casa:
el dildo aparecía de pronto en el piso,
en el suelo de la cocina,
arriba de la mesa como si estuviese leyendo la Biblia,
o sentado en una silla.




miércoles, 16 de septiembre de 2026

Para finalizar, una última pregunta

Para finalizar, una última pregunta,
así no le interrumpimos más Dr., su siesta veraniega:
¿los crotos se enamoran?
Los crotos no tenemos tiempo para enamorarnos.
Entre atardeceres y mates,
la vida se nos pasa mirándonos
para adentro.
Pero usted se enamoró alguna vez,
quizás en su juventud,
ya no la recuerde.

La vida es incomprensible, sabe.
Fíjese que uno nace
para morirse.
Y uno nace de una madre
y no de un cactus
o de un rincón de la tierra.
Sería distinto si así fuese,
pero uno nace de una madre.
De dos que una vez estuvieron juntos,
enamorados.
Y uno es uno, siempre va a ser uno,
hasta que la vida se acabe,
hasta que el paisaje se nos termine.
En ese andar en nosotros,
es una espina con la que uno debe lidiar.
De tanto andar, uno se va acostumbrando
a renguear, a ese andar rengo,
y ese dolor de tanto estar con nosotros
se nos vuelve una compañía.
En esa incomodidad se nos forma un callo,
casi un rasgo en nosotros,
como lo es un acento,
la forma de mirar el mundo.
¿Y a usted, señor periodista, le pagan por esto?




lunes, 14 de septiembre de 2026

Este parque de diversiones

Este parque de diversiones
no lo mueve el lucro.
Si cada sonrisa de niño nos llena
nuestras arcas vacías.
Niños que vienen con sus padres,
y cada sonrisa nos cuesta
una vuelta al mundo,
un peluche gastado,
una docena de globos
o un mono a cuerda con pandereta.

Pero esa no es solo la gran
dificultad que tiene este parque.
Lo malo de estar aquí
es que no se tiene horario
ni descanso.
Y no se le puede decir que no
a un niño que se queda llorando
porque le duele la panza,
porque no tiene remedios,
porque su madre no trabaja,
su padre nunca está en casa,
porque no tiene abuelos ni nana.

No importa la hora que es,
siempre de algún lugar están llegando
personitas rotas, niños desilusionados.
Hay que poner otra vez
el agua para calentar los fideos.




viernes, 11 de septiembre de 2026

Crototurismo

Crototurismo: los únicos
que no dejamos huellas,
ni de ómnibus ni de aviones,
y mucho menos de carbono.
No aumentamos los precios
de los hoteles ni de las fondas;
incursionamos por el paisaje
sin dejar huellas.
Salvo la de la mortadela
y la del vino en caja.

Sabedores de atardeceres,
degustadores de silencios,
andamos siempre por la orilla,
nunca incursionamos por el centro.
Nos espantan los perros ajenos.
Ir a la costa un fin de semana
es para nosotros
como comer mal, poco y apurado.

Un viaje así nos toma,
como mínimo, un mes o seis semanas,
solo para ir a conocer el romance
de las olas con la playa,
escribir unas palabras en la arena
y recoger unos cantos rodados
para traer de recuerdo a la familia.

Ya lo saben: crototurismo.
No es que estemos en contra del ocio
ni de las empresas de turismo,
sino de que lo mercantilicen,
le pongan un precio a todo.
Eso de que nada es gratis
no va con nosotros.




miércoles, 9 de septiembre de 2026

La gente que vive sola

La gente que vive sola
muere y deja su casa,
un cascarón vacío
como una concha de mar
en la playa.




lunes, 7 de septiembre de 2026

Hace mucho

Hace mucho tiempo atrás,
si es que hay un adelante y un atrás
en el transcurrir del tiempo;
si es que no damos vueltas
cómo saber, en qué parte del círculo
estamos girando.
Que duele a la memoria recordarlo.

Había una valla hace mucho
que separaba un huerto de la calle,
y detrás del huerto, una casa.
En esa valla de alambre tejido
había un cartel que, después
de aprender a leer,
supe entender lo que decía.
En letras pintadas,descoloridas,
por el sol,
decía en rústicos versos:
«Cuidado, ninfómana.
Mantenga a sus niños alejados
o presos».
Todo esto adornado con abejas y flores
blancas de cinco pétalos.
En esa casa vivía una bruja;
seguro que se comía a los niños,
previamente rellenarlos
con confites y chocolates.

Fue que en una de esas tardes,
por su huerto, se paseaba una mujer
junto a las flores de tomates y amapolas.
Y dijo en voz en cuello, como
quien les grita a las nubes
o se pelea con el viento:
— ¿Sabés que hay una
miel más dulce que la del éxito?.
Así, como si nada,
como quien le habla a la lejanía
o interpela a su sombra.
La miré sorprendido, y ella guareció su mirada.

Sus piernas eran tan blancas
que dolían los ojos
cuando estaban al sol.
De tan solo mirarlas
sus muslos se volvieron
hacia el alambrado.
Tanto, que pude persivir su perfume
tan intenso como la marca
de un pie
cuando deja su huella en la arena
Si no di crédito en el pasado, a sus palabras
si no me pareció suficiente,el rasguido de su voz,
una breve, como inoportuna vestisca,
entreabrió el deshabillé
que pude colar una de mis mirada por el hueco
que daban forma los dos pechos sueltos
cuando se unen.
y se vuelven a separar el uno del otro
al unisono, rítmicamente
como las manecillas de un reloj
cuando uno se le queda observando

Ella notó la cercania
de mi mirada
que aquella que provenía del sol,
y no le importunó cubrirse;
más bien estuvo un rato largo,
como frente a un espejo, inclinada,
recogiendo flores de conejitos y no me olvides.
Que todavía duele recordarlo.
Esas ganas irrefrenables de saltar el alambrado,
de cruzar la Plaza de Mayo para abrazarla.
Que quise más de ese gusto extraño
que una vez prometió sus versos ,
y al día siguiente volví por más.
Con un pote, como quien vuelve
donde se sabe que el día anterior
hicieron dulce de tomate,
mermelada de ciruela.




viernes, 4 de septiembre de 2026

Cuando Stydio volvía a su casa

Cuando Stydio volvía a su casa
por un callejón poco frecuentado,
vio que una comitiva importante
lo aguardaba cerrándole el paso:
un tipo de traje
un poco ajustado con los botones
del saco desprendidos, y desalineado
con unos documentos
que creía importante que lo firmara.
Con él estaban unos diez muchachos
impacientes porque, según ellos,
lo estaban esperando para romperle la cara:
primos, hermanos, tíos, conocidos,
amigos y vecinos
de una señorita que no dejaba de lamentarse
de un romance equivocado.

El que estaba al frente de todos
ocupaba la mitad de la calle, dirigía la batuta.
Con una llave inglesa
que usaría, según él, para hacer justicia;
con llave propia o prestada de una obra.
No tardaría más de unas horas en regresarla,
sin un rasguño, pues a su parecer
y buen entender,
Stydio no es tan cabezadura.
Pesaba noventa y tantos kilos en ayunas,
y otros dos más después de comer.
La señorita llevaba un vestido
de novia desflecado, hecho ya girones,
no tanto por su uso,
sino por el paso del tiempo,
de los años de estar esperando;
que decía entre llantos y desmayos
que la había defraudado.
Junto a ella había una señora, más bien mayor,
que no sé qué trabajo no le había entregado
en tiempo y forma.
Y otra que no lo conocía,
pero por simpatizar con la turba
también había hecho la fila para fajarlo.

Cuando Stydio, viendo lo incómodo
de esta situación, volvió tras sus pasos,
vio que en la pared que estaba a su lado
llevaba esta leyenda escrita
en letras azules, fondo blanco:
«Jesús te ama».
Cuando el matón le dio alcance
también leyó la frase en cuestión en voz alta:
—«Jesús te ama»... Sí —aseveró el conspicuo,
aclarando a continuación,
como una burla al condendo—:
...Pero no te va a salvar de esta.
Esta era un puño que se asemejaba
al de un gigante, que hace las veces
de martillo, maza y garrote.
Y le asestó un tremendo golpe
que le llenó toda su cara de dedos.

Que al fin y al cabo
le sirvió de anestesia general.
Porque no sintió ni supo más nada;
ninguno de los demás golpes
que vinieron detrás del primero.
Tampoco supo cuántos fueron,
ni las horas que estuvo en el piso
ya casi del otro lado, más que en este,
el de los vivos.
Ni los días que estuvo convaleciente.

Cuando despertó,
fue cuando tuvo una sensación extraña
de plenitud por estar otra vez con vida,
pero a la vez desconcierto
por el tiempo perdido.
Y una extraña sensación,
como si tuviese cuatro patas,
una cola que no dejaba de moverse todo el tiempo,
y una gran madre
que lo limpiaba con su lengua por todo el cuerpo.
Cuando pudo comer por sus propios medios
—que fueron dos o tres meses—
le crecieron los dientes
y lo llamaron con otro nombre nuevo.

Volvió a pasar por esas casualidades
una tarde, por aquel paredón,
y volvió ver la misma frase escrita en la pared:
«Jesús te ama».
Ya poco y nada esa frase le significaba.
Porque ese día
sabía que Leticia lo amaba,
y para él, el amor de Leticia
era importante.
Ya que era la misma Leticia
la que lo llevaba,
envuelto en una toalla
y dentro de una caja.