Hace mucho tiempo atrás,
si es que hay un adelante y un atrás
en el transcurrir del tiempo;
si es que no damos vueltas
cómo saber, en qué parte
del círculo
estamos girando.
Que duele a la memoria recordarlo.
Había una valla hace mucho
que separaba un huerto de la calle,
y detrás del huerto, una casa.
En esa valla de alambre tejido
había un cartel que, después
de aprender a leer,
supe entender lo que decía.
En letras pintadas,descoloridas,
por el sol,
decía en rústicos versos:
«Cuidado, ninfómana.
Mantenga a sus niños alejados
o presos».
Todo esto adornado con abejas y flores
blancas de cinco pétalos.
En esa casa vivía una bruja;
seguro que se comía a los niños,
previamente rellenarlos
con confites y chocolates.
Fue que en una de esas tardes,
por su huerto, se paseaba una mujer
junto a las flores de tomates y amapolas.
Y dijo en voz en cuello, como
quien les grita a las nubes
o se pelea con el viento:
— ¿Sabés que hay una
miel más dulce que la del éxito?.
Así, como si nada,
como quien le habla a la lejanía
o interpela a su sombra.
La miré sorprendido, y ella guareció su mirada.
Sus piernas eran tan blancas
que dolían los ojos
cuando estaban al sol.
De tan solo mirarlas
sus muslos se volvieron
hacia el alambrado.
Tanto, que pude persivir su perfume
tan intenso como la marca
de un pie
cuando deja su huella en la arena
Si no di crédito en el pasado, a sus palabras
si no me pareció suficiente,el rasguido de su voz,
una breve, como inoportuna vestisca,
entreabrió el deshabillé
que pude colar una de mis mirada por el hueco
que daban forma los dos pechos sueltos
cuando se unen.
y se vuelven a separar el uno del otro
al unisono, rítmicamente
como las manecillas de un reloj
cuando uno se le queda observando
Ella notó la cercania
de mi mirada
que aquella que provenía del sol,
y no le importunó cubrirse;
más bien estuvo un rato largo,
como frente a un espejo, inclinada,
recogiendo flores de conejitos y no me olvides.
Que todavía duele recordarlo.
Esas ganas irrefrenables de saltar el alambrado,
de cruzar la Plaza de Mayo para abrazarla.
Que quise más de ese gusto extraño
que una vez prometió sus versos ,
y al día siguiente volví por más.
Con un pote, como quien vuelve
donde se sabe que el día anterior
hicieron dulce de tomate,
mermelada de ciruela.

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