viernes, 18 de septiembre de 2026

El dildo. Qué le sucede con su dildo

El dildo... ¿Qué le sucede con su dildo?
No soy de usarlos, tener juguetes sexuales, digo;
me parecía muy sofisticado,
me resulta para nada familiar.
Pero para uno de mis cumpleaños,
mis amigas me lo regalaron. No digo
que nunca lo usé,
no soy tan prejuiciosa:
tres o dos veces por semana,
cuando estaba aburrida.
Pero nunca fue lo planeado.
El dildo estaba ahí, en un cajón
o un estante arriba de una repisa;
pero nunca pensé en él en las horas del trabajo,
o cuando salía a tomar algo y volvía tarde.
Pero eso con el tiempo, fue cambiando.

Empecé a recibir mensajitos de texto
de números extraños:
«¿Y cuándo vas a venir?»,
«Te extraño en la cama».
Cosas así, tan locas como impensadas.
No me dejaba salir tranquila.
Había un silencio extraño,
incómodo, cuando volvía al otro día,
por la mañana.
Lo empecé a hallar donde no lo había dejado.
Escuchaba golpes en la puerta
cuando estaba dentro del baño,
o se encendía la TV en horas más extrañas.
O cuando me acostaba a medianoche,
media borracha, despertaba
con él dentro de la enagua.

lo más extraño empezó a suceder
cuando recibía visitas,
o venía mi madre, o caían mis amigas,
de impreviso por casa:
el dildo aparecía de pronto en el piso,
en el suelo de la cocina,
arriba de la mesa como si estuviese leyendo la Biblia,
o sentado en una silla.




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