Te ato porque te quiero,
como te ato a una hoja seca
del otoño, para que no
te pierdas en invierno.
A un sillón viejo, destartalado,
que solo sirve para atarte,
nada más,
porque en él ya no se quiere
sentar nadie,
como en esta casa
nadie se quiere quedar.
Te ato porque el mundo te ata
a su manera, te retiene,
te lleva con sus vientos
como una corriente subterránea
te lleva al mar.
Te ato porque te marchas
en cada paso que das.
Y yo te ato para que no te muevas,
te ato para que no te caigas,
te ato porque no puedes cambiar,
te ato para que no te pierdas,
para no andar por la casa
como si te estuviera buscando,
como si no te hubiese atado jamás.
Te ato para que no te extravíes,
como ato un pensamiento a una hoja,
una figura a una piedra,
el mármol a una columna.
Te ato, te vivo atando.
Cada palabra mía es una cuerda más
que se ciñe a tu cuerpo,
como una frazada pesada
que no te deja levantar.

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