Te compré una jaula grandota.
Como para vos solito.
Con un comedero para colocar sólido.
Y otro para poner líquidos.
Agua o whisky, lo que vos quieras tomar.
Y un juguete de hule.
Como esos de piel semi humana.
Con dos agujeritos, que se agrandan, agrandan.
Para que les puedas meter cosas.
Para cuando estás medio en celo
Vení, no seas malo, mira lo que te compró la mami.
Una vacuna para desparasitarte.
De esos pensamientos medio podridos.
Que tenés del lado de adentro de la cabeza
Y que no compartes con nadie y no te dejan.
Aunque cambiemos de año.
Vení, a ver lo que te compré.
De regalito de fin de año.
Mi kermés de los sábados, mi corazoncito de arpillera.
Mi geranio en maceta.
Mira, hoy me vestí de veterinaria sexy.
¡Uhhh, uyhhh!
Y así fui a la tienda, hoy por la mañana.
Todos me miraban...
Hasta el despachante de la veterinaria.
No podía sacarme los ojos de encima.
Se puso duro, duro.
No lo podía disimular, ni ocultándose.
Detrás del mostrador.
Dale... no quieras que me enoje.
Y no te dé el dulce, que tengo.
Para la noche guardado.
Bien al fondo, de la despensa.
Vení... subí a buscarlo.
Hoy te voy a dejar abrir la puertita.
Y que metas tus dedos, hasta tus manos.
Bien adentro, hasta que escuches.
¡Clic!, te voy a dejar tocar el pinito.
¡Dale!. Que empiezo a jugar sola.
Haciendo ruidos con los muebles.
Mordiendo la almohada,
Diciendo cosas chanchas.
Mojando el piso.

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